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La biblioteca del agua, de Clara Obligado

Clara Obligado vuelve a jugar con los géneros literarios, el cuento y la novela.

15 de marzo de 2020. Estandarte.com

Qué: La biblioteca del agua Autor: Clara Obligado Editorial: Páginas de espuma Año: 2019 Páginas: 277 Precio: 17 € 

La biblioteca del agua, de Clara ObligadoEl cuento que da nombre a este libro, La biblioteca del agua, está lleno de magia y de sueños. Es triste y araña la conciencia; teje con belleza un homenaje a la palabra como defensora de la libertad. No es el único que lo hace: el lenguaje y la literatura son dos de los temas que se entrecruzan por muchas de las historias que componen este libro que, en un ejercicio consciente de experimento narrativo, navega entre el cuento y la novela.

Su autora, Clara Obligado, explica al principio, a modo de presentación, que pretendía continuar con esa suerte de escritura híbrida o mestiza que “expresara el mundo roto que quería representar” y que ya indagó en El libro de los viajes equivocadosy La muerte juega a los dados (ambos editados, como este, por Páginas de espuma). El juego aquí va más allá porque además el volumen es un palíndromo que puede ser leído en las dos direcciones –el lector decide si el primer cuento se convierte en el último y el último en el primero–.

Cada relato tiene sentido por sí mismo, como una unidad independiente, pero cuando se va avanzando en la lectura se descubren entre unos y otros relaciones y dependencias que tejen un tapiz más rico, lleno de matices. Personajes principales en unos aparecen como secundarios en otros, objetos fetiche (esos zapatos rojos o el molinillo de café) se mueven de una a otra historia en una suerte de superposición de tiempos y espacios que tiene a Madrid, en concreto al Barrio de las Letras, como escenario principal –cuando no lo hace es para irse justo a sus antípodas–. En la presentación Obligado cuenta también por qué allí: es donde escuchó los relatos que le han inspirado estas historias, allí nacieron sus hijas y allí se convirtió en escritora.

En algunos de los relatos la presencia de ese Madrid del Barrio de las Letras se impone y pasa de ser el telón de fondo al eje que sostiene pinceladas (¿o quizás quejas?) sobre el exceso de turismo, de seguridad, de vigilancia… A través de una maravillosa enumeración caótica, que lo mismo habla del esqueleto del Hispanotherium matritense que de los caminos de agua construidos por los árabes o de anillos de desposada lanzados por el desagüe en El socavón (El canal), se le dedica una curiosa y juguetona descripción a la ciudad.

Hay mucho de juego en el libro, de guiños literarios con los que disfrutar atando cabos, saboreando esas imágenes cargadas de poesía, y esas gamberradas como el paseo de la Maja desnuda o el encuentro entre el diputado de la derecha y la diputada de la izquierda bajo los sillones del hemiciclo protegiéndose de Tejero en 23 F (La gota). También hay amor y celos, olvidos, exilios, se señalan hipocresías y desigualdades entre hombres y mujeres; duele el 11 de marzo y se disfruta hallando una y otra vez las huellas de Cervantes y Lope, con la sombra del convento de las Trinitarias, con Isabel y sor Marcela. El ritmo se acelera o retarda cuando así lo pide la historia; hay cambios en las voces de los narradores, saltos de tiempo y finales –no siempre cerrados– de esos que invitan a pararse un momento y pensar. A veces para terminar sonriendo –con sorna o con tristeza–, otras para recordar la importancia de la literatura. Y está el agua, que fluye por todas las páginas, toma diversas formas (los títulos de los capítulos son significativos de ello) y se funde con Madrid.      

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