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La biografía de Miguel de Cervantes

Apasionante, inquieto y renovador. Con él nació la novela moderna.

29 de septiembre de 2019. Estandarte.com

Qué: Biografía de Miguel de Cervantes y Saavedra

Miguel de Cervantes Saavedra“Éste que veis aquí, de rostro aguileño, de cabello castaño, frente lisa y desembarazada, de alegres ojos, y de nariz corva, aunque bien proporcionada; las barbas de plata, que no ha veinte años fueron de oro, los bigotes grandes, la boca pequeña (…); éste digo es el rostro del autor de La Galatea y de Don Quijote de la Mancha (…). Llámase comúnmente Miguel de Cervantes Saavedra. Fue soldado muchos años, y cinco y medio cautivo, donde aprendió a tener paciencia en las adversidades. Perdió en la batalla naval de Lepanto la mano izquierda de un arcabuzazo, herida que, aunque parece fea, él la tiene por hermosa por haberla cobrado en la más memorable y alta ocasión que vieron los pasados siglos, ni esperen ver los venideros…”.

Así, con ese lenguaje directo, de trazos rápidos –los mismos que usa al narrar la figura y vida del Quijote (“…vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor…”)– describe su imagen en el prólogo de las Novelas ejemplares, publicadas en 1613. Es fácil imaginar su aspecto y llegar a intuir lo que pudo ser el derrotero de una vida llena de vicisitudes.

Casi nada se sabe de los primeros veinte años de la vida de Cervantes, se lee en la introducción de la primera parte de Don Quijote de la Mancha (Cátedra, Letras Hispánicas 1988) en edición de John Jay Allen. Opinión compartida por Jean Canavaggio (biógrafo de Cervantes), quien comenta que, aunque las investigaciones constantes han permitido reunir documentación significativa, “…todavía quedan muchas oscuridades que afectan no solo a la infancia del escritor, sino a varios momentos decisivos de su existencia como los años que, entre 1597 y 1604, van desde el encarcelamiento en Sevilla hasta su instalación en Valladolid en vísperas de la publicación de la primera parte del Quijote (…)”.

Importante es el contexto histórico. Nace en los últimos años del reinado de Carlos V, en una España abierta y en expansión; crece, madura, lucha y escribe La Galatea con Felipe II y publica el Quijote y las Novelas ejemplares con Felipe III, en una España ahora encerrada en ella misma. Si del contexto literario se habla, Cervantes se desarrolló con el Renacimiento y vivió el principio del Barroco.  Dos corrientes que aúna en el Quijote, asimilando, como vemos en la introducción del Quijote antes comentada, las características esenciales de las dos sensibilidades.

Cervantes nació en Alcalá de Henares, en el año 1547, posiblemente el 29 de septiembre y fue bautizado el 9 de octubre. Era el cuarto de siete hermanos, hijo de Rodrigo de Cervantes, cirujano y de Leonor de Cortina. Valladolid, Córdoba, Sevilla fueron ciudades donde la familia trató de mejorar fortuna hasta que en 1566 se asienta en Madrid.

De esos años madrileños es su primer contacto con las letras (un soneto dedicado a la reina Isabel de Valois), contacto breve ya que a causa de un lance atribuido a un tal Miguel de Cervantes –y hay muchas dudas de que fuera él– salió hacia Italia al servicio del Cardenal Acquaviva. Es el comienzo de una etapa que bien pudo servirle de inspiración para muchos de sus escritos.

Recorre Palermo, Milán, Ferrara, un itinerario que narra en El Licenciado vidriera; más tarde, se alista en la compañía de Diego de Urbina, para luego embarcar en la galera Marqués y participar en la batalla de Lepanto. En el viaje de vuelta a España, cae en manos de los turcos y pasa cinco años cautivo en Argel, hasta que los trinitarios lo rescatan tras el pago de 500 ducados. En el cuento del cautivo, que inserta en los capítulos XXXIX, XL y XLI, de la primera parte de El Quijote, narra unas experiencias (batallas, cautiverio, intentos de fuga y rescate) acordes con las vividas por Cervantes.

En 1580 vuelve a España, viaja a Lisboa y Orán, trata de conseguir, sin lograrlo, un puesto en América; tiene una hija, Isabel de Saavedra, con una mujer casada y en 1584 contrae matrimonio con Catalina de Salazar y Palacios, de Esquivias.

Es también el momento del reencuentro con las letras. La incursión en el teatro, con obras como La Numancia o El trato de Argel, es un fracaso que Cervantes no acaba de aceptar. No volvería a este género hasta 1615 con Ocho comedias y ocho entremeses nunca representados, en los que trata de ajustarse a las normas marcadas por Lope de Vega en busca de la aceptación del público. Los entremeses siguen representándose hoy día, algo que no sucede con las comedias.

Se adentra en la narrativa y es el estilo pastoril, de personajes y situaciones idealizadas, el elegido para La Galatea (1585), una novela que según Canavaggio “…es más que una obra de mero principiante: expresa en una mezcla de prosa y versos intercalados, a través de la búsqueda de una imposible armonía de almas y cuerpos, el sueño de la Edad de Oro”.

Veinte años pasan entre La Galatea y la aparición de la primera parte de El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha. De ellos, siete (1587-94) transcurrieron en Andalucía como recaudador y como comisario real de abastos para las galeras. No faltaron los problemas, fue excomulgado dos veces, por embargo a la iglesia, y también pisó dos veces la cárcel, la segunda en Sevilla. De su estancia en prisión –sin aclarar en cuál– habla en el prólogo a la edición del Quijote de 1605, al disculparse con el lector por no haber logrado un libro hermoso “…Y así, ¿qué podrá engendrar el estéril y mal cultivado ingenio mío sino la historia de un hijo seco, avellanado, antojadizo y lleno de pensamientos varios y nunca imaginados de otro alguno, bien como quien se engendró en una cárcel donde toda incomodidad tiene su asiento y donde todo triste ruido hace su habitación…?”

Con el Quijote entra en el otro gran género de la época, el de los libros de caballerías. Lo hace en forma de parodia, una suerte de contragénero que da paso al realismo, con una novela polifónica donde cabe la épica, la lírica, lo trágico y lo cómico. De nuevo el prólogo da una pista sobre su intención con los consejos que recibe de un imaginario amigo. “…Procurad también que, leyendo vuestra historia, el melancólico se mueva a risa, el risueño la acreciente, el simple no se enfade, el discreto se admire de la invención, el grave no la desprecie, ni el prudente deje de alabarla. En efecto llevad la mira puesta en derribar la máquina mal fundada destos caballerescos libros, aborrecidos de tantos y alabados de muchos más; que si esto alcanzásedes, no habríades alcanzado poco”.

El éxito fue inmediato y así ha continuado a lo largo de los siglos. Es, tras la Biblia el libro más editado y traducido de la historia. Y de él se han ocupado autores como Juan Luis Alborg, John Jay Allen, Dámaso Alonso, Francisco Ayala, Jean Canavaggio, Miguel de Unamuno o Harold Bloom, por citar algunos de los numerosísimos estudiosos del tema.

Establecido en Madrid con su familia desde 1608, escribe las Novelas ejemplares, doce narraciones breves publicadas en 1613, en las que explora la picaresca, la sátira, la novela bizantina o la policiaca. Hay en ellas cierta influencia italiana, pero destaca mucho más la originalidad en contenido y estilo de la que hace gala el autor. Ahí están para deleite de lectores relatos como Rinconete y Cortadillo, El casamiento engañoso, Coloquio de perros o El licenciado vidriera. Del mismo tiempo es Viaje del Parnaso, una odisea en verso que lo lleva de Madrid a Grecia. Dos años después publica la segunda parte del Quijote con el nombre de El ingenioso caballero don Quijote de la Mancha y aparecentambién las Ocho comedias y ocho entremeses nunca representados. Escribe Los trabajos de Persiles y Sigismunda. Historia septentrional, que sale a la luz después de su muerte y en el que parece volver a estilo idealizante de la novela bizantina. ¿Por qué? No se sabe.

Miguel de Cervantes murió el 22 de abril de 1616, aunque conste como fecha el 23 ya que era costumbre de la época consignar la del día del entierro. Fue inhumado en el convento de las Trinitarias, pero sus restos fueron dispersados a finales del XVII y encontrados en marzo de 2015 durante la reconstrucción del convento.

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Miguel de Cervantes, retratado por Juan de Jáuregui.

 

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