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Primavera, de Ali Smith

Un libro apasionante, con personajes y situaciones que sorprenden y fascinan.

08 de mayo de 2022. Estandarte.com

Qué: Primavera Autora: Ali Smith Editorial: Nórdica Libros Año: 2021 Páginas: 288 Traductora: Magdalena Palmer Precio: 19,50 €

Primavera, de Ali SmithEmpezar Primavera es lo mismo que entrar en un laberinto absorbente en el que ideas, denuncia, literatura, emigración, protagonistas de ficción y personajes históricos se entremezcla en ese especial mundo de sueño y realidad que caracterizan la escritura de Ali Smith.

Este libro, tercer volumen de Cuarteto estacional, es, como los anteriores (Otoño Invierno), una novela independiente, que camina al paso de las anteriores no por sus protagonistas, sino por su arte para viajar en el tiempo, centrar la atención sobre el instante con músicas, películas o documentales y hacer visible el horror que sufren los emigrantes, su encierro en centros de acogida –más bien de detención–, la falta absoluta de humanidad que destila una sociedad cada vez más acostumbrada a ver, mirar para otro lado y olvidar lo visto.

Smith sabe jugar con las palabras, combinar situaciones, relatar historias paralelas –la de Katherine Mansfield y Rainer Marie Rilke, por ejemplo– y acercarse al lector con tal riqueza de expresiones y virajes lingüísticos que hace casi imposible cerrar el libro.

Con Primavera da un paso más al describir esa renovadora estación desde un personal punto de vista, que el lector puede identificar con una niña, Florence, perspicaz, imaginativa, atenta, imprescindible para la narración y que quizás pueda ser esa voz que anuncia un nuevo tiempo:

«[...]Soy la niña sepultada en las hojas. Las hojas se descomponen: aquí estoy. O imaginad un azafrán en la nieve. ¿Veis el anillo del deshielo alrededor del azafrán? Es una puerta abierta a la tierra. Yo soy el verde del bulbo y el momento en que la semilla se parte, el desplegarse del pétalo, el verdor de la punta en la punta de las ramas de los árboles, como si el verde estuviera encendido. Las plantas se abren paso entre la basura y el plástico, antes, después, afloran, pese a todo [...]».

Al empezar cada capítulo, el lector se enfrenta a un monólogo-denuncia, expresivo, demoledor e innovador en las formas, huyendo de comas, usando recursos tipográficos que reflejan el mundo que nos ha tocado vivir, que hemos hecho entre todos: el dominio del poder, de los poderes, el exceso de información, la dejación de responsabilidades, el bombardeo de eslóganes, noticias, advertencias: ese temor al otro, el desprecio, el racismo, la indefensión del “diferente”.

Habla con la voz del emigrante: «[...] Pero estoy aquí. Existo porque este papel con mi cara demuestra que no puedo estudiar aquí ni trabajar aquí ni vivir aquí sin un permiso ni ganar dinero aquí [...]».

Y continúa en otro momento: «[...] Queremos saber dónde estás ahora mismo. Queremos que publiques imágenes de lo que ves para que siempre recuerdes ese momento especial. Queremos que ahora mismo eches un vistazo a lo que publicaste hace diez años. ¡Feliz aniversario! [...]». Todo demoledor.

Estos monólogos son el andamiaje sobre el que se alza la historia, las mil historias que pueblan un creciente relato que empieza con Richard, un hombre acabado, y Paddy, su guionista, amiga y musa que se mueven a lo largo de un largo y apasionante capítulo lleno de emociones y sorpresas.

Y, de pronto, desaparece Richard. Surgen Florence, la niña, y Brit, Brittany, trabajadora en un centro de detención. La novela da un vuelco, parece otra. Dominan los diálogos originales y vibrantes que revelan el tratamiento de los emigrantes, descubren un modo de mirar distinto, el de la niña, perspicaz, inteligente y cuentan lo que deja atrás Brit en esa huida hacia Escocia.

Es en ese viaje, donde confluyen al fin todos los personajes, y al que se añade una misteriosa Alda. Hemos llegado al tercer y último capítulo. Todo toma forma, se enreda, crece, une y, al tiempo, lleva a la separación.

Ali Smith ha vuelto a escribir un libro maravilloso, de los que llevan a subrayar, anotar, y a reflexionar con su lectura y Magdalena Palmer firma, de nuevo, una magnífica traducción.

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