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Ay, William, de Elizabeth Strout

Una novela envolvente, nostálgica y vital.

10 de agosto de 2022. Estandarte.com

Qué: Ay, William Autora: Elizabeth Strout Editorial: Alfaguara Año: 2022 Páginas: 216 Traducción: Catalina Martínez Muñoz Precio: 18,90 € (papel), 18,99 € (audiolibro), 8,99 € (eBook)

Ay, William es el título de esta novela y ese “ay, William” es algo así como un suspiro, una exclamación de aire compasivo que salpica una historia enormemente emotiva, repleta de ironía, de ternura, empatía y recuerdos.

Una historia que viene de atrás, de una novela anterior, Me llamo Lucy Barton, en la que su autora, Elizabeth Strout, desgrana la vida de Lucy, su entorno, muy pobre, su familia… y lo hace a lo largo de una conversación entre dos mujeres, madre e hija. Están en un hospital, llevan mucho tiempo sin verse, necesitan encontrarse y hablan sin parar durante cinco días y cinco noches. Fue un éxito rotundo.

Los personajes de entonces conforman la vida de hoy, aparecen, se mueven y sienten. En Ay William, Lucy toma la palabra, habla en primera persona, y se sumerge en el ayer, revive el pasado y camina por el presente.

El lector la reconoce y reconoce a todos los que la rodearon entonces, pero también puede encontrarse con ellos por primera vez sin que por ello se sienta perdido o crea que falta algo. El libro es una continuación, pero tiene vida propia, es independiente y como tal ha llegado a nuestras manos.

William, de apellido Gerhardt, fue el primer marido de Lucy, y de él es de quien nos quiere hablar a lo largo de unas páginas con la memoria siempre presente. Lo vemos en las primeras líneas, un comienzo que es toda una declaración de intenciones, al tiempo que desvela su momento y sus sentimientos:

Me gustaría decir unas cuantas cosas sobre mi primer marido, William.

William ha vivido últimamente experiencias muy tristes –como muchos de nosotros–, y me gustaría contarlas; es casi una obsesión. William tiene setenta y un años.

David, mi segundo marido, murió el año pasado, y al llorar por él he llorado también por William. La pena es… ¡ay!, es una cosa muy solitaria; creo que en eso reside el terror que inspira. Es como resbalar por la fachada de un edificio de cristal muy alto cuando nadie te ve.

Pero es de William de quien quiero hablar aquí

William y Lucy se conocieron en la universidad. Procedían de mundos opuestos, él, hijo de un prisionero nazi y de una elegante mujer, pertenecía a una familia acomodada; ella venía de la nada, así la presentaba su suegra, de la pobreza, de la carencia, del aislamiento social. Su matrimonio duró veinte años, tuvieron dos hijas, el divorcio fue tranquilo y la ¿amistad? pervive al compás de los años.

Ay William es un libro de lenguaje claro, descriptivo, vivaz, es un fiel retrato de personas – se ven–, de situaciones, paisaje, de los lugares, las casas, la ropa y, por supuesto, de los sentimientos que rodean a Lucy y que la ligan –quiera o no– a las necesidades de William. Con estas armas, Strout monta un interesante relato, de estructura original, diálogos rápidos, con líneas a modo de título que conducen a lo que va a contar de su madre, de Catherine –su suegra–, de las siguientes mujeres de William, de sus dos hijas o de ese viaje en busca de un origen hasta ese momento desconocido.

Lucy es escritora, se siente invisible, insegura, su infancia es un peso que necesita dejar a un lado, pero que vuelve una y otra vez. Escapó de su pueblo, de la casucha familiar, de la soledad, del desprecio de otros, de ese olor que parece acompañar la pobreza, de la falta de cariño; lo hizo sin un adiós, con pena y miedo, pero dispuesta a salir adelante, a luchar por su sitio, a encontrar seguridad. ¿Lo consigue? La respuesta está en el lector, en lo que va contando Lucy y en cómo lo está haciendo.

Acudir a la llamada de William, ese hombre firme, acomodado, mujeriego, alto y excelentemente bien conservado y en ese momento dominado por los terrores nocturnos, pone en marcha una catarata de emociones. Describe momentos felices; da cuenta de un yo muy presiente que nota, siente, percibe, que necesita ser ella, despojarse de influencias, pero incapaz de resistirse a una llamada de ayuda. Y acude porque, como leemos en la contracubierta del libro, “¿Cuántos sentimientos –celos, piedad, temor, ternura, decepción, extrañeza– caben en un matrimonio, incluso cuando este ha terminado, si tal cosa es posible?”

La novela que puede ser una respuesta a esta y otras preguntas, es también un “Ay, Lucy” o un “Ay, todo el mundo”.  “Porque –así termina Lucy– no conocemos a nadie, ni siquiera nos conocemos a nosotros mismos.

Si acaso un poquitín, poquísimo.

Pero todos somos misteriosas mitologías. Todos somos misteriosos: eso quiero decir.

Puede que esto sea lo único en el mundo que sé que es cierto”.

Elizabeth Strout (Portland, 1956), ganadora, entre otros, del Premio Pulitzer, es una escritora norteamericana autora de novelas protagonizadas por Olive Kitteridge: Olive Kitteridge (2008) y Luz de febrero (2019) o por Lucy Barton: Me llamo Lucy Barton (2016), Todo es posible (2017) y la que ahora reseñamos Ay, William (2021).

 

 

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