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La madre de Frankenstein, Almudena Grandes

Una historia, tres voces y un entramado de relatos cruzados.

14 de septiembre de 2020. Estandarte.com

Qué: La madre de Frankenstein Autor: Almudena Grandes Editorial: Tusquets Editores Año: 2020 Páginas: 558 Precio: 22,90 € (papel), 12,99 € (eBook)

La madre de Frankenstein, de Almudena GrandesAlmudena Grandes (Madrid, 1960) es una ferviente admiradora de Benito Pérez Galdós, del Madrid que dibuja en sus novelas y de ese magistral relato del siglo diecinueve que son los Episodios Nacionales. De ahí, de esa admiración por la obra y el personaje, nacen sus episodios, los Episodios de una guerra interminable. Son seis volúmenes, un recorrido de dolor, derrota, exilio, resistencia, emigración, desesperanza y dominio que empieza en 1940 y termina en 1964 con los 25 años de paz.

En La madre de Frankenstein, quinta novela de la serie, la autora viaja al manicomio de Ciempozuelos y a la España nacionalcatólica que impregnó la política y la sociedad en los cincuenta. Y los retrata apoyándose en un personaje real que se convierte en nexo de unión de un gran libro: Aurora Rodríguez Carballeira, condenada por el asesinato de su hija y que pasó de la cárcel al manicomio, donde permaneció hasta el día de su muerte.

En La madre de Frankenstein, el lector se enfrenta a una novela absorbente por lo que cuenta y por cómo lo cuenta. Es un relato a tres voces, la del psiquiatra Germán Velázquez, la de la auxiliar María Castejón y la de Aurora Rodríguez que van desgranando sus pensamientos, temores, alegrías, ligados por sentimientos que les unen, curiosidad, cariño, rechazo, amor, tristeza, dolor… Está trazada con una escritura viva, rica, reflejo del mundo interior, origen social y lenguaje de cada uno de los narradores. Así, traslada la paranoia y obsesiones de Aurora: “[…]  ¿Qué está pasando aquí? Piensa, Aurora, piensa, concéntrate, tienes que estar alerta, porque te están tendiendo una trampa. ¿Pues no viene ahora el extranjero ese con una bata blanca? ¿Y por qué?, a ver, ¿por qué?, si no la había traído nunca antes. Y que es psiquiatra, dice, psiquiatra, ya, y yo me chupo el dedo […]”, o las inquietudes, esperanza y temores de María Castejón: “[…]  Mi abuela nunca fue cariñosa. No es que fuera mala, qué va, era seca pero buena a su manera, y a mí siempre me ha querido mucho, desde luego, pero no era de besar, de abrazar, eso no le salía. […]”; regala al lector una cadencia rítmica a base de la repetición de los porque, a pesar, aunque, a veces… que intensifican la fuerza de los argumentos de Germán. Se desarrolla con calidad descriptiva, intensa y poética como el conmovedor retrato de la delgadez que leemos en el reencuentro de Germán con su madre: “[…] La piel de su rostro, tan fina y arrugada como la de mis zapatillas favoritas, me impresionó menos que su melena desaparecida, el pelo ralo y canoso, corto, que transparentaba ahora el contorno de su cráneo. Pero nada me preocupó más que el volumen que había perdido su cuerpo, la desconocida, huesuda delicadeza de los brazos que me rodeaban, la crueldad del aire que rellenaba el contorno de su cintura, el grito de sus costillas, visibles sobre la ausente redondez de sus caderas. […]”. Y es también absorbente y magnífica por el vaivén entre el pasado y el presente; por el realismo de las situaciones; y por la variedad de vidas y personajes, retrato fiel de una época.

Todo empieza cuando, después de quince años de exilio, estudios y trabajo en Suiza, Germán Velázquez vuelve a España para trabajar en el psiquiátrico para mujeres de Ciempozuelos. Allí se encuentra con el pasado, con Aurora Rodríguez, paranoica, muy inteligente, sin trato con el resto del internado, casi ciega, que vive en un pabellón reservado para pensionistas de primera clase. Estaba tocando el piano. No sabe quién es, pero no tardará en llegar a su expediente y en volver a aquel lejano día cuando, tras matar a su hija, se presentó con su abogado en el despacho de su padre, psiquiatra, en busca de su testimonio profesional. También en el manicomio conoce a María Castejón, la nieta del jardinero, huérfana, auxiliar de enfermería, arisca, y marcada por un pasado de vivencias negativas. Ella es la lectora de doña Aurora, y poco a poco va convirtiéndose en confidente de Germán en una relación complicada. Alrededor de este núcleo van creciendo las historias –muchas–, los recuerdos –importantísimos– y los más variados personajes tanto reales como ficticios, con los que la autora crea un libro apasionante, un rico mosaico de vidas, escrito, dice Almudena Grandes, en memoria de las mujeres que no pudieron ser libres “[…] que pasaron directamente de la tutela de sus padres a las de sus maridos, que perdieron la libertad en la que había vivido sus madres para llegar tarde a la libertad en la que hemos vividos sus hijas. […]”.

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La madre de Frankenstein, de Almudena Grandes

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