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La expresión 'dar palos de ciego'

Esta expresión todavía vigente tiene su origen en una cruel diversión.

07 de junio de 2021. Estandarte.com

Qué: La expresión 'dar palos de ciego' 

¡Cuántas veces hemos dicho o escuchado frases como estas: «no sé por dónde empezar, estoy dando palos de ciego», «este proyecto me supera, no paro de dar palos de ciego para dominarlo»!

Acudimos a esta expresión cuando nos encontramos ante situaciones o trabajos que no sabemos cómo afrontar. La frase denuncia titubeo, duda, indefinición, en resumen, dar palos de ciego es actuar sin saber lo que se hace ni los resultados que se deriven de esa acción.

¿Por qué palos de ciego? La razón y el origen se remontan a una cruel diversión que consistía en encerrar varios cerdos en una plaza sin salida y armar con palos a unos ciegos que deberían golpear hasta abatir al animal para llevárselo como premio.

Podemos imaginar la situación y el bárbaro jolgorio de los asistentes: carcajadas y más carcajadas a cada palo al aire, al suelo, a uno mismo, a los compañeros… En resumen, un indigno divertimento, felizmente superado.

Hay testimonio escrito de este juego en la crónica latina de Alfonso VII cuando describe las fiestas de las bodas de doña Urraca y el rey de Navarra, García Ramírez, en 1144, como indica José María Iribarren en su El porqué de los dichos (Ariel, 2013): «En la sencillez del siglo no pudo faltar otro festejo propio de ella, y fueron unos hombres ciegos que, armados de bastones y bien protegidos las cabezas con morriones, para que no se hiriesen gravemente, se sacaban el coso y se les echaban algunos animales de cerda, para que cada ciego hiciese suyo el cerdo que matase, y buscándole a tientas, descargaban los golpes en partes muy distintas y algunas veces, encontrándose, entre sí mismos se golpeaban con grandísima algazara de la multitud».

En aquel nefasto juego se encuentran las raíces de la piñata. Ya no hay ciegos ni animales: hay gente con los ojos vendados, que tiene que golpear hasta romper un recipiente de barro lleno de agua, de pájaros o de dulces. La sorpresa, como vemos, tenía caras diferentes y no divertía a todos por igual. El camino a la chanza y la burla estaba servido.

Queriendo saber más de la piñata (del italiano pignatta), su historia y lo que tiene de tradición, buceamos en el Diccionario de la lengua española de la RAE y vemos que, en su segunda definición, la describe como: «Vasija de barro llena de dulces, que en el baile de máscaras del primer domingo de Cuaresma suele colgarse del techo para que algunos de los concurrentes, con los ojos vendados, procuren romperla con un palo o bastonazo, y, por extensión, la que se pone en una fiesta familiar, de cumpleaños o infantil».

Su evolución (del desagradable baño de agua a los dulces) ha ido siempre a mejor y hoy está sobre todo asociada a fiestas de niños, donde, además, el recipiente lleno de dulces y juguetitos no es de barro, sino de papel para evitar daños innecesarios. Lo que no evita son los llantos de quienes se quedan con las manos vacías.

 

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La expresión dar palos de ciego

Dar palos de ciego... a una piñata. (Imagen: Oscar Aragon / Unsplash).

 

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