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Pampa: una tragedia griega protagonizada por gauchos, indios y hombres lobo

La odisea de tres hombres atrapados por un destino que no eligieron.

29 de junio de 2024. Estandarte.com

Qué: Pampa Autores: Jorge Zentner (guion); Carlos Nine (dibujos) Editorial: Ediciones Sinsentido Año: 2005 Páginas: 80 Precio: 18,50 €

Jorge Zentner renueva en Pampa la tradicional narrativa gauchesca agregándole a los elementos característicos del género (peleas a cuchillo, fortines, santones, salteadores de caminos, hombres-lobo...) una dimensión adicional, mítica, que le permite construir una tragedia griega en plena Pampa argentina, mostrando fuerzas superiores al hombre que juegan impiadosamente con su destino mientras un profeta virgen predice la desgracia sin poder hacer nada para evitarla: «Veo sangre... fuego... polvo... miedo... Veo rayos de luna espejeando en los ojos negros de una india... y en el agua de un arroyo... y en el acero de un cuchillo. Veo cruces, y orejas cortadas... Veo odios, celos, lanzas... y un clavel rojo que se pudre en el agua. Veo culpa. Veo dientes de lobo, veo mucha venganza».

Tres inocentes (Bartolomesito y los hermanos Zenón y Cirilo Parra) son obligados, como los míticos héroes de la antigüedad (Ulises, Teseo, Hércules...) a realizar una tarea casi imposible para redimirse de una maldición heredada de sus padres: «Vos, Zenón, sufrís mucho porque a veces sos lobo. Ese animal es sombra y es dolor, pero... te salvó de tu hermano. ¿Estás seguro de que querés dejar de ser lobo...? Vos, Cirilo, ahora lo querés ayudar, pero por celos, por despecho, por Lucia, ya casi estabas por matar a tu hermano. Por suerte... te dio miedo el lobo. Vos también tenés sombra... Como la luna, las verdades siempre tienen dos caras. Zenón... Cirilo... La Luna los ha encerrado juntos, en una jaula. Sí, la maldición es una jaula... Francisco Parra es el culpable. Su tumba fue abierta por el lobo que es hombre. Para que el muerto vuelva a descansar... hay que cubrirlo con la piel... del hombre-puma. Está escrito: para romper la maldición, Cirilo debe matar al Runa Uturunco con el facón que han heredado. Para encontrar al hombre-puma... debe seguir la huella de su padre
Vos, Bartolomesito, anoche dijiste que querías ser un hombre como todos. Es la señal de que ese momento ha llegado. La Pampa es grande, el mar está lejos, para desatar el nudo que te está ahogando vas a tener que caminar... El mar es otra Pampa. Y como La Pampa, también es madre».

Recuperando un territorio mítico, “laberinto horizontal y transparente”, Zentner muestra la odisea de tres hombres atrapados por un destino que no eligieron, pero deben resolver para ser, de una vez y para siempre, libres.

Carlos Nine contó cómo surgió la idea: “La concebimos con Zentner, entrerriano que vive en Barcelona, cuando fuimos invitados a participar en el salón del cómic de La Coruña, celebrado todos los años en ese puerto gallego y tiene mucho prestigio; el alcalde de la ciudad es fanático del género y lo hace a lo grande. Un día, paseando por la costa caímos en la cuenta de qué en Francia, mercado para el cual ambos trabajábamos independientemente, no tenían la menor idea de qué cosa era un gaucho, aunque los especialistas habían visto fotos de un Gardel vistiendo de paisano dominguero; otra referencia eran las películas de Valentino disfrazado de gaucho-chulo de utilería. En Pampa, hay un facón que pasa de mano en mano dejando un reguero de sangre, hasta romper el hechizo de una india violada transformada en luna ‘mala’, con el mero acto de arrojarlo al fondo de un aljibe para astillar allí el reflejo espectral del satélite-mujer. Hay de todo: muertos que salen de sus tumbas y galopan buscando venganza, hijos transformados en lobizones, etc. Pero el objeto fetiche que hilvana todas las historias es el facón. Un folletín a la manera de José María Gutiérrez”.

Por su parte, Zentner habló de la influencia que tuvo su padre en él a la hora de contar una historia así de desmesurada, situada en un escenario donde las fronteras entre mito y realidad se diluyen haciendo que incluso lo más improbable suceda y sea creíble: “Mi papá, gran lector, había vivido en su juventud en la provincia de Formosa, sobre el río Bermejo, en el Chaco Argentino que hace frontera con el Paraguay. Mi infancia estuvo impregnada por sus relatos de las aventuras que él había protagonizado o presenciado en aquellas tierras de indios y colonos. Esas narraciones estaban pobladas por personajes extraordinarios, inolvidables”.

El particular estilo de Nine, entre el simbolismo y el realismo, encajó perfectamente con las intenciones del guionista: “Lo que hago es creíble porque obedece a las leyes de luz y sombra, como un clásico. Yo estoy pintando un bicho, pero lo ilumino como Velázquez, Caravaggio, entonces eso da una sensación de incomodidad, porque lo deformado parece que tiene peso, ropa, seda. Se ve que hay gente que nace surrealista, así como otra gente nace hiperrealista, o cabalmente racional. Yo, cuando me tengo que definir, digo que soy un tipo superficial. Cosa que suena raro porque yo no creo que piense superficial, sino profundamente, pero a la vez creo que soy un tipo muy superficial. Sucede que, de lo externo, de la superficie de las cosas, extraigo los datos necesarios para saber qué hay atrás. No quiero que el tipo me hable tanto. Prefiero mirarlo y sé que la voy a embocar. Porque el aspecto exterior de los elementos, de las personas, te dan –si vos sos un tipo que ve y no solamente mira– datos todo el tiempo. Por eso los surrealistas le daban una pelota grande a las formas. Todo tenía un significado simbólico, pero a partir de lo formal, de la superficie de las cosas. Mi idea es que todo es abstracto. Que lo figurativo es una alusión a una realidad, pero que tampoco hay una realidad. Por lo tanto, toda la pintura es abstracta. Si tenés eso claro y no sos un tipo primitivo, ya no te preocupás más por la nariz y esas cosas. Vos hacés formas. No tenés tanta presión para hacer una nariz ‘como tiene que ser’ porque nunca la vas a poder hacer. Son dibujos y son abstractos. Entonces podés deformar, agrandar, achicar. Que es lo que hacen todos los pintores. Eso te quita toda responsabilidad en torno al realismo, pero no te la quita en torno a la verosimilitud, que es otro problema”.

Ese maravilloso estilo de Nine aparece en su plenitud en esta descomunal Pampa, un folletín que incluso Manuel Puig, maestro del género en su versión más vanguardista (Boquitas Pintadas), hubiera firmado encantado. 

 

Comentarios en estandarte- 2

1 | Luz María Mikanos 06-08-2023 - 03:31:24 h
Me encantan estos artículos!

2 | Iván 06-08-2023 - 23:39:55 h
Muchas gracias, Luz!!!!