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La casa de Dulce María Loynaz, en ruinas

Un documental se basa en un poema para denunciar su estado.

16 de febrero de 2016. Estandarte

Qué: La casa de Dulce María Loynaz, en ruinas. Dónde: Barrio del Vedado (La Habana, Cuba).

Esta casa protagonizó uno de los poemas más famosos de la poesía en español del siglo XX, Últimos días de una casa. Su autora, Dulce María Loynaz, obtuvo el Premio Cervantes en 1992 —fue la segunda mujer en lograrlo, después de María Zambrano— y vivió en aquella casa mítica durante toda su juventud: desde que la familia Loynaz se mudó en 1904 —cuando la poeta apenas había cumplido los dos años— hasta el momento bien entrada su madurez, salvo los periodos de su juventud en los que viajó por África, Asia, América y Europa. Una casa que forma parte del acervo cultural de Cuba, y que ahora se encuentra en ruinas, según denuncia la cineasta Lourdes de los Santos es un documental titulado —de manera simbólica— Últimos días de una casa.

La casona de la familia Loynaz se sitúa en la Avenida Línea y 14, un barrio de La Habana que se considera el «centro político y administrativo de Cuba», por situarse en él las sedes de ministerios y compañías extranjeras. El esplendor de Vedado coincide con las primeras décadas del siglo XX, una época en la que la familia Loynaz acogió en su casa a escritores míticos como Alejo Carpentier, Federico García Lorca, Juan Ramón Jiménez o Gabriela Mistral. Un espacio que también fue testigo del crecimiento de la obra de Dulce María Loynaz, que escribió en aquella casa no solo sus poemas mejor considerados, sino también su primera novela, Jardín (1951).

A la denuncia del documental de Lourdes de los Santos se une la escritora Marilyn Bobes, que describe la ruina de la casa de los Loynaz como «un sitio dejado de la mano de Dios por la indolencia de los que debieron preservarla». Un estado que, en su opinión, «refleja la desidia, el abandono y también la historia de toda una época de la literatura cubana». De la casa de los Loynaz se arrasaron las estatuas y las habitaciones; partes amplias de su estructura se han derrumbado y, donde no crece la mala yerba, quedan las marcas de quienes la ocuparon de forma ilegal.

Fuente: cibercuba.com

Dulce María Loynaz se mudaría a otra casa en E y 19, en el mismo barrio del Vedado, donde mantendría una animada tertulia intelectual en la que recibió visitas como las de la poeta uruguaya Juana de Ibarbourou, u homenajes poco tiempo antes de su muerte. Sin embargo, la mítica casa de la familia Loynaz siempre ocupó un espacio central en sus recuerdos y en su escritura, aunque —por desgracia— su estado ruinoso no indica que se encuentre en un lugar parecido para la cultura cubana.

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