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Teoría de la inseguridad, de Concha Lagos

Una referencia de la vida cultural en España del siglo XX.

07 de abril de 2024. Estandarte.com

Qué: Teoría de la inseguridad Autor: Concha Lagos Editorial: Torremozas Año: Edición de Juana Murillo (2023) Páginas: 176 Precio: 16,50 €

Concha Lagos (Córdoba, 1907-Madrid, 2007), seudónimo de Concepción Gutiérrez Torrero, fue una de las grandes agentes culturales del XX en España. Escritora, poeta y editora, fue además directora de la revista Cuadernos de Ágora y organizó la tertulia Los Viernes de Ágora.

Concha Lagos nació el 23 de enero de 1907 en Córdoba (España). Fue la mayor de tres hermanos. Poco después de nacer, su familia se trasladó a la sierra cordobesa. ​Cursó sus primeros estudios en el Colegio de la Sagrada Familia. A los trece años se trasladó con su familia a vivir a El Escorial (Madrid), donde estudió bachillerato y francés, y amplió sus conocimientos en Música y Filosofía y Letras.

En San Rafael (Segovia) conoció a su marido, el arquitecto y fotógrafo gallego Mariano Lagos, de quien tomó el apellido. Ambos se refugiaron en Galicia durante la Guerra Civil Española, no tuvieron hijos, y a su regreso a Madrid convirtieron su domicilio en centro neurálgico de la cultura en la capital. 

Concha Lagos recibió importantes reconocimientos por esa labor, como su nombramiento como académica correspondiente de la Real Academia de Ciencias, Bellas Letras y Nobles Artes de Córdoba en 1961 o la concesión de la Medalla de Andalucía en 2002.

Teoría de la inseguridad, publicado en 1981, invita al lector a realizar un viaje, a través de la mirada de Concha Lagos, ante el mundo que la rodea, tiempos y lugares donde la duda se ha instalado y ha colmado de inseguridades las respuestas recibidas.

Esta magnífica edición, a cargo de Juana Murillo, que también nos brinda una magnífica introducción y notas de vital interés para comprender la vida y obra de Concha Lagos, que desvela su vena mística, de profunda tradición teresiana, que actualiza y convierte la línea poética espiritual de postguerra en una reivindicativa apuesta para las mujeres.

 

La perfecta casada

Sé que no soy, que no lo seré nunca,
esa mujer en perfección loada.
Lo lamento, Fray Luis, son otros tiempos.
Al cotidiano mundo del hogar
le fui mezclando olvidos y una que otra protesta
por lo devorador de tiempo y fantasía.

De acuerdo en lo del agua clara para las abluciones.
También Manuel Machado, perito en la materia,
cantaba convencido:
«En cualquier parte hay un espejo, un poco
de agua clara y un peine.
Y si la niña es guapa, ¡Ya está...!»

Quiero pensar que su niña de turno
tenía pocos años
y no necesitaba de afeites ni aderezos.
Me gusta imaginarla
con mejillas de rosa tempranera.

Yo, amigo, casi al margen de todo estoy ahora
y no preciso tu consejo. Tarde me viene,
no obstante, a entrarte por mi casa te convido, 
pero no me compliques con labores.
La aguja y el dedal dejé hace lustros
desviándome a senderos más opuestos.
Por ejemplo: una buena lectura.


Ellos, los libros, me enderezan lo tan descarriado
allí, en la hondura donde se tejen las ideas.

Adéntrate, Fray Luis.
En este telar mío no encontrarás hoy rueca
con huso mareante,
telar es ya de Marisabidilla
que, a ratos,
intenta emborronar con versos
todo cuaderno que en sus manos cae.

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