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Los detectives literarios más famosos

¿Son todos iguales?, ¿trabajan del mismo modo?, ¿cómo investigan?

30 de septiembre de 2019. Estandarte.com

Qué: Detectives famosos de la literatura Autores: Varios 

Cínicos, analíticos, humanos, maniáticos, concienzudos, fumadores, bebedores o grandes comedores… Así son nuestros detectives y comisarios favoritos, esos que, gracias sus creadores, nos regalan una personalidad tan acusada y un modo tan especial de ver la sociedad que llegan a interesar más que el crimen y su solución.

 

El perro de los Baskerville, Arthur Conan Doyle. Novela de detectives.Sherlock Holmes por Arthur Conan Doyle

Es el decano de estos investigadores de indiscutible personalidad. Hablamos de Sherlock Holmes, obra del escocés Arthur Conan Doyle (1859-1930), un personaje especial, seguro de sí mismo, deductivo, cerebral, frío e irónico, capaz de llegar a la verdad observando y relacionando cualquier detalle por mínimo que parezca. Nada se le escapa. Toca el violín, fuma en pipa y aspira cocaína. Tiene un gran enemigo, Moriarty y un indispensable alter ego, el doctor Watson, atento oyente de sus meditaciones. Conan Doyle nunca lo describió físicamente, pero las ilustraciones de sus libros nos retratan un hombre elegante, alto, enjuto, con abrigo con capelina y gorro de cazador. Holmes protagonizó cuatro novelas: Estudio en escarlata, El signo de los cuatro, El perro de los Baskerville (Nórdica) –nuestra favorita– y El valle del terror; aparte de una colección de relatos.

 

El lejano país de los estanques, de Lorenzo Silva. Detectives en la literatura.Rubén Bevilacqua y Virginia Chamorro por Lorenzo Silva

El sargento Rubén Bevilacqua y su compañera la agente Virginia Chamorro están en las antípodas de Sherlock Holmes. Piensan, deducen y bucean en el entramado, desde luego, pero sobre todo se mueven, actúan –a veces con medios muy precarios– y no temen a recorrer miles y miles de kilómetros para solucionar el crimen. Cuando su creador Lorenzo Silva (Carabanchel, 1966), allá por 1988, se adentró en el camino de la novela negra, eligió a la guardia civil como protagonista de una colección de novelas que llegan hasta nuestros días. Narrada en primera persona por Bevilacqua –Vila como se hace llamar él mismo– asistimos a un modo de trabajar serio, adaptado al cambio de los tiempos, con la labor en equipo y el compañerismo como ejes prioritarios; percibimos la evolución de la guardia civil, de la sociedad y de la delincuencia, descubrimos el proceso de madurez de la pareja, la humanidad de Bevilacqua; sus aficiones: Stendhal, los soldaditos de plomo, las películas de John Ford. Nuestro consejo es empezar por el primero El lejano país de los estanques (Booket, Planeta de Libros).

 

Philip Marlowe, el detective de Raymond ChandlerPhilip Marlowe por Raymond Chandler

Viajamos a Estados Unidos, a Los Ángeles, allí vive Philip Marlowe, el gran clásico de la novela negra: un detective a la americana en la línea del Sam Spade creado por Dashiell Hammett. Su autor, el norteamericano Raymond Chandler (1888-1959), nos describe un Marlowe pesimista, cínico, duro, mujeriego, pero también filósofo, un punto sentimental (no soporta esa sociedad dominada por el dinero y la corrupción) y con un gran sentido de la lealtad y la amistad. Bebedor y fumador, su imagen está asociada a dos grandes actores, Humphrey Bogart en El sueño eterno y Elliott Gould en ese maravilloso canto a la amistad que es El largo adiós (Debolsillo). Otras novelas a recordar con Marlowe investigando son La hermana pequeña, La dama del lago o La ventana siniestra.

 

Mario Conde, el detective de Leonardo PaduraMario Conde por Leonardo Padura

Muy al este, a cerca de cuatro mil kilómetros, en La Habana, se mueve Mario Conde, un antiguo policía, con gran capacidad de análisis, desordenado, bebedor excesivo, desencantado, sedentario, proveniente de un barrio humilde y víctima, como todos sus amigos, del desmoronamiento de Cuba. De la mano de Leonardo Padura (La Habana, 1955), Conde va mostrando flaquezas, empatía con el entorno y una manera de trabajar profesional, concienzuda, estudiando pistas y antecedentes hasta lograr el objetivo. Así lo vimos en Herejes (Tusquets), nuestro primer acercamiento a sus novelas y así lo seguimos viendo en otras tantas más tarde leídas como Vientos de cuaresma, Adiós Hemingway o La transparencia del tiempo.

 

Maigret, el detective de las novelasMaigret por Georges Simenon

Georges Simenon (Lieja, 1902-Lausana, 1989) es el culpable de la adición que nos produce Maigret, tanta como para releer sus libros solo por el placer de verle recorrer Paris, los muelles, las esclusas, los bares...; por descubrir su enorme humanidad; por esa forma de cercar, acercarse y detener al criminal como reprochándole la estupidez cometida. No es el comisario un ser intuitivo, trabaja a otro ritmo, con calma, no le importa vigilar durante horas tras una ventana o ir de bar en bar, vasito de vino incluido, tras la pista del fugitivo. La pipa, el calvados, el gusto por la buena comida y una mujer discreta dibujan su entorno. Jules Maigret protagoniza 75 novelas. Imposible nombrarlas, y difícil elegir una entre tantas, así que cerramos los ojos, ponemos el dedo sobre la lista y nos encontramos con Maigret tiende una trampa (Acantilado). Un buen comienzo para engancharse. Y una pregunta, ¿alguien se lo imagina diferente a Jean Gabin?

 

Hércules Poirot, el detective de las novelas de Ágatha ChristieHércules Poirot por Agatha Christie

Grandes bigotes que atusa y cuida con esmero, cabeza de forma ligeramente ahuevada, pulcro, maniático del orden y la limpieza, engreído, extravagante, ampuloso, ese es Hércules Poirot, hijo de la pluma de la británica Agatha Christie (1890-1976). Un ser peculiar, belga afincado en Inglaterra, detective privado, asociado a las clases altas, muy amigo del capitán Hastings, confidente y narrador de algunas de sus historias, Poirot presume de sus células grises –llegan a ser su seña de identidad– y gusta de resolver sus casos (casi siempre con un componente coral, y en lugar cerrado: un viaje, una reunión, un evento familiar...) con gran teatralidad, observa, habla con unos y otros y solo cuando confirma sus sospechas reúne a los protagonistas y delata al criminal. Asesinato en el Oriente Express (Booket, Planeta de Libros), sirve de ejemplo.

 

Kostas Jaritos, el detective de las novelas de Petros MárkarisKostas Jaritos por Petros Márkaris

Atenas, sus calles, sus atascos, la corrupción, el poder, el recuerdo de la dictadura (ya era policía en aquel entonces), la crisis económica, que se nos revela con toda su crudeza en la edición de Tusquets Con el agua al cuello (una de las cuatro dedicadas a ese momento tan vulnerable en su historia reciente), ese es el mundo que recrea Petros Márkaris (Estambul, 1937) y donde se mueve el comisario Kostas Jaritos, un policía serio, tenaz, al que los compañeros apodan el escarabajo por su facilidad para entrar en cualquier rincón. Y así funciona, husmea, se mueve, no deja dato sin comprobar y se enfrenta al superior cuando ve la verdad de su lado. Muy amigo de un comunista –Zisis–, al que acude siempre que necesita consejo; se relaja con la lectura del diccionario (busca términos relacionados con la investigación) y no puede vivir al margen de su vida familiar, su hija, el yerno, su mujer Adrianí, una gran discutidora que sabe hacerse perdonar con unos fantásticos tomates rellenos. Los crímenes, excesivos, poco importan, son el soporte para narrar la historia de la sociedad que les ha tocado vivir.

 

Guido Brunetti, el detective de las novelas de Donna LeonGuido Brunetti por Donna Leon

Veneciano, de origen humilde, culto, inteligente, con don de gentes y gran sentido del humor (no hay más que asistir a sus “encuentros” con el vicequestore, su jefe inmediato); casado con una aristócrata y padre de dos concienciados hijos adolescentes, ese es Guido Brunetti, y así lo describe Donna Leon (New Jersey, 1942). Las veintinueve novelas que protagoniza parecen moverse en dos planos. Por una lado, Venecia con la denostada invasión turística y sus personajes: la señorita Elettra, experta en informática y poco dada a los escrúpulos si de conseguir información se trata; el jefe, más pendiente del que dirán que de la verdad, Paola, su mujer profesora de universidad y tan experta en Henry James como en preparar una maravillosa pasta, y los suegros que son una puerta abierta cuando las investigaciones se mueven en el “buen mundo”. Por otro lado, y debajo de esa apariencia amable, está el otro mundo, el del crimen, muy centrado en los problemas de hoy: los” top manta”, la migración, la trata de blancas, el abuso de poder, las farmacéuticas, la burocracia, la corrupción o el valor de las buenas relaciones para solventar problemas tal como podemos ver en Amigos en las altas esferas (Seix Barrall).

 

Kurt Wallander, el detective de las novelas de Henning MankellKurt Wallander por Henning Mankell

De Venecia viajamos a Suecia, más en concreto a una ciudad pequeña, Ystad, situada en Escania. Es en ese escenario aparentemente tranquilo (tremendos los crímenes que resuelve poniendo incluso su vida en riesgo) donde Henning Mankell (Estocolmo1948- Gotenburgo 2015) sitúa a Kurt Wallander, un hombre retraído, descuidado en el vestir y el comer (poco que ver con los protagonistas de la zona mediterránea), bebedor, amante de la ópera, con una complicada vida personal (está divorciado y mantiene unas difíciles relaciones con su hija y su padre, un pintor monotemático, que nunca quiso que fuera policía), quizás porque siempre pone por encima de todo su trabajo. Buen director de equipo, destila humanidad y sabe manejar a sus hombres, aunque su carácter independiente le lleva a veces a obrar en solitario sin calcular el peligro. ¿Un libro para estrenarnos? La pirámide (Tusquets), cinco relatos previos a su primera novela donde podremos conocer la génesis de este gran policía.

 

Salvo Montalbano, el comisario de las novelas de Andrea CamilleriSalvo Montalbano por Andrea Camilleri

Cuando leímos El perro de Terracota (Salamandra), supimos que Montalbano (el nombre es un homenaje del autor a Vázquez Montalbán, del que era un gran admirador) nos iba a acompañar novela a novela. Y así ha sido, le hemos visto envejecer y renegar del paso de los años, pero no lo hemos visto bajar la guardia por difícil que fuera el caso. Andrea Camilleri (Porto Empedocle, Sicilia 1925) conoce bien Sicilia, conoce la mafia, “la famiglia”, “la vendetta” y se lo transmite a este peculiar comisario, inteligente, cumplidor, de fuerte carácter y lengua suelta, perseguidor del criminal aunque para ello tenga que bordear alguna vez la legalidad. Vive solo (su pareja Livia, habita en Génova y se ven de manera esporádica), su casa está frente al mar, es un gran nadador y, como casi todos nuestros “polis” mediterráneos, mantiene un irresistible idilio con la comida.

 

Javier Gallardo, el comisario de las novelas de Félix García HernánJavier Gallardo por Félix García Hernán

Cuando leímos El límite oscuro ya nos pareció que Javier Gallardo, el comisario al que Félix García Hernán alumbró a la vida en su primera novela –Tras el telón, se había consolidado como el potente hilo conductor que dotaba a sus novelas de una fuerza de atracción ya demostrada en sus dos entregas anteriores. Ya hemos visto a Javier Gallardo desenvolverse con maestría literaria en ambientes tan dispares como el secuestro de una figura de la lírica, unos atentados yihadistas en el centro de Madrid o una conspiración de tres personajes que deciden unirse, debidamente manipulados por la mente perversa de uno de ellos, para vengarse de aquellos que consideran que les han llevado a la situación de insatisfacción personal en la que se encuentran. El personaje, magníficamente trazado por Félix García Hernán, nos habla de los últimos cuarenta años de la historia de España y la evolución del Cuerpo Nacional de Policía, y va consolidándose novela a novela. Un personaje, Javier Gallardo, que resulta extraordinariamente cinematográfico y del que no nos sorprende que ya haya proyectada una película (coproducida por RTVE) de su segunda novela, Delfines de plata

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Comentarios en estandarte- 2

1 | Edgardo 31-05-2019 - 20:00:14 h
Buen paseo por las memoriales intrigas policiales. Gracias

2 | Jonathan Estrella 27-06-2019 - 23:18:32 h
Me soprende no encontrar al que lo empezó todo: El C. Auguste Dupin de Poe.

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