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Cinco poemas de Emily Dickinson

Poemas llenos de sensibilidad, amor y sentimiento.

24 de mayo de 2024. Estandarte.com

Qué: Selección de poemas de Emily Dickinson

Culta, sensible, de familia puritana y una rígida educación –muy poco acorde con la intensidad que reflejan sus escritos–, Emily Dickinson nació en Amherst, Massachusetts, en diciembre de 1830.

La Biblia, Shakespeare, Keats y las hermanas Brontë, fueron sus lecturas favoritas. Lecturas que fueron marcando su camino hacia la poesía, hacia una vocación poética, que a lo largo de su vida plasmó en poemas (rondan los 1800) escritos con palabras sencillas –no simples–, capaces de contar con riqueza asombrosa todo un mundo interior de sentimientos, donde conviven el amor, la muerte, la inmortalidad, la espiritualidad o la naturaleza.

La intensidad, la vida y la pasión de su poesía han hecho de ella una poeta imprescindible del panorama literario norteamericano.

Emily Dickinson, vista como una excéntrica por muchos, llevó una vida solitaria, retraída, con amistades sostenidas por correspondencia, y con la mayor parte de su obra desconocida hasta después de su muerte; en cuanto a la publicada, solo una docena de poemas vio la luz después de ser modificada por los editores, una suerte de censura que pretendía cumplir con las reglas y convenciones de la época.

Tras su fallecimiento en 1886, su hermana Lavinia descubrió el enorme caudal de la obra guardada por Emily, dando paso a la publicación de su primera colección de poesías en 1890, no exenta tampoco de correcciones, un atentado a la creación que se corrigió en 1955 cuando se publicó una colección completa sin apenas cambios reseñables.

En los siguientes cinco poemas se ve plasmada esa personal forma de escribir, a base de versos cortos, dejando, a veces, de lado los signos de puntuación ysin título en su mayoría, que hablan de amor, de sueños y ensueños, de vida y muerte, de olvido y recuerdo, de naturaleza. Un auténtico placer.

 

Que yo siempre amé

Que yo siempre amé
yo te traigo la prueba
que hasta que amé
yo nunca viví –bastante–

que yo amaré siempre
te lo discutiré
que amor es vida
y vida inmortalidad

esto –si lo dudas– querido,
entonces yo no tengo
nada que mostrar
salvo el calvario

 

Poema LI

Mi amado ha de ser un ave

 ¡porque vuela!

Ha de ser mortal mi amante,

 ¡porque muere!

 Tiene cual la abeja, aguijón.

Oh, extraño amigo,

 ¡eres un enigma!

 

Ensueño

Para fugarnos de la tierra
un libro es el mejor bajel;
y se viaja mejor en el poema
que en el más brioso y rápido corcel

Aun el más pobre puede hacerlo,
nada por ello ha de pagar:
el alma en el transporte de su sueño
se nutre solo de silencio y paz.

 

No es que el morir nos duela tanto –

No es que el morir nos duela tanto –

Es el vivir – lo que nos duele más –

Pero el Morir – es un camino distinto –

Una variedad detrás de la Puerta –

La Costumbre Sureña  – del Pájaro –

Que antes de que lleguen las heladas –

Acepta una Latitud mejor –

Nosotras – somos los Pájaros – que se quedan.

 

Las Ateridas en torno a las puertas del Campesino –

Por cuya miga reacia –

Pactamos – hasta que las Nieves compasivas

Persuadan a nuestras plumas a Casa

 

Poema 37

Corazón, le olvidaremos
en esta noche tú y yo.
Tú, el calor que te prestaba.
Yo, la luz que a mí me dio.
Cuando le hayas olvidado
dímelo, que he de borrar
aprisa mis pensamientos.
Y apresura tu labor
no sea que en tu tardanza
vuelva a recordarle yo.

 

Poema 128

Dame el ocaso en una copa,
enumérame los frascos de la mañana
y dime cuánto hay de rocío,
dime cuán lejos la mañana salta
dime a qué hora duerme el tejedor
que tejió el espacio azul.

Escríbeme cuántas notas habrá
en el nuevo éxtasis del tordo
entre asombradas ramas
cuántos caminos recorre la tortuga
cuántas copas la abeja comparte,
disoluta del rocío.

 

También, ¿quién puso la base del arco iris,
también, quién guía las esferas dóciles
por juncos de azul flexible?
¿Qué dedos atan las estalactitas
quién cuenta la plata de la noche
para saber si nadie está en deuda?

¿Quién edificó esta casita albana
y cerró herméticamente las ventanas
que mi espíritu no puede ver?
¿Quién me dejará salir un día de gala
con implementos de vuelo,
fugaz pomposidad?

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