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Vida y muerte de Petra Kelly

Sara Parkin

19/11/2016

Crítica por: Lola J.C Elkin

La brutal e inesperada muerte de Petra Kelly estará por siempre envuelta en un halo de misterio: si fue asesinada por el KGB, la STASI, la mafia nuclear, el gobierno chino (por su férrea defensa del Tíbet) o si efectivamente se trató de un suicido doble consentido, quizás nunca llegue a saberse. Más allá de las incógnitas que despierta su trágico final, no hay que olvidar que lo verdaderamente destacable de esta mujer de naturaleza apasionada y espíritu inconformista fue su vida.

De personalidad elegante, aire melancólico y tierna sonrisa, quienes la conocieron dicen que era una luchadora inagotable de gran carisma. Una mujer que utilizó todas sus “armas” para revertir el orden social y combatir las injusticias políticas, ecológicas y sociales de los años ochenta, todas ellas luchas aún abiertas.

Petra Kelly no paró de participar activamente en infinidad de protestas antinucleares, movimientos por la paz y por los derechos civiles hasta su último aliento. Arrestada en numerosas ocasiones, la inquebrantable activista alemana no se vino nunca abajo, ni cuando fue encarcelada ni cuando recibía las duras críticas de su propio partido. Es innegable que con su ejemplo impulsó la participación femenina en la política a todos los niveles, allanando el camino a muchas otras mujeres.

El pasado mes de octubre se cumplían veinticuatro años de su trágica muerte. Con motivo de la publicación en español de su biografía Vida y muerte de Petra Kelly, por Sara Parkin —editado por el colectivo ecologista EcoPolítica y la editorial de Clave Intelectual—, recordamos su extraordinaria vida, en la que ecologismo, pacifismo y feminismo se conjugaron con máxima fuerza como nunca antes o después.

 

Feminismo contra el sexismo y la opresión

Petra se negó a terminar una entrevista después de que el periodista le preguntara qué hacía una mujer guapa como ella participando en política. Su vida era un ejemplo de todo lo que predicaba. Su posición contralos los valores patriarcales, que consideraba oprimentes y nocivos tanto para la sociedad (hombres y mujeres por igual) como para el medio ambiente, fue siempre rotunda.

 

Pacifismo y ecología: un pack indivisible

Una de sus máximas era la idea de que la ternura (entendida en su sentido más amplio) y el pacifismo llevaban lógicamente a la ecología y viceversa. No dudaba en afirmar que la ecología tiene todas las ventajas para aportar una alternativa a un sistema insostenible e injusto, y ofrecía solidaridad y amistad contra la tendencia tan en boga de usar y tirar. Petra Kelly asentó la ecología política desde la radicalidad de sus ideas y la ternura de sus prácticas, sosteniendo que las formas son el fondo y que debemos SER el cambio que queremos conseguir.

Según cuenta Florent Marcellesi, portavoz parlamentario de EQUO, en el prólogo de la biografía: «Petra Kelly era contraria a la política agresiva y fálica dominante, aspiraba a construir un partido político en particular y una sociedad en general, donde la empatía, la no violencia y el cuidado mutuo fueran valores y pilares básicos».

 

Medioambiente y pobreza, una sola crisis

Contraria al pensamiento antropocentrista, Kelly partía de la base de que el universo entero es nuestro ecosistema y que para ententer el todo no basta con mirar solo una parte y priorizar nuestros intereses como especie.

La idea de que el ser humano esté por encima de la naturaleza afirmaba con contundencia que es un delirio disfuncional comparable al de la mentalidad que sitúa al hombre por encima de la mujer, a los blancos por encima de los negros, a los ricos sobre los pobres.


Mensaje para futuras generaciones

Idealista hasta el final, nuestra icónica activista predecía con optimiso que si había un futuro ese sería verde y animaba impertérrea a la siguientes generaciones a luchar por que así fuera con frases como: «Si no hacemos lo imposible deberemos enfrentarnos a lo impensable» y «¿Cómo podemos empezar a practicar la solidaridad si continuamos apelándola sólo moralmente?». Un grito a la acción con el que parecía anticipar la solidaridad vía internet que predica en las redes sociales la generación de este nuevo siglo desde el calor de su hogar.

En su contundente poema “En defensa de mi generación”, Petra Kelly abogaba por tomar acción y ser algo más que un peón en el ajedrez de la vida. Todos podemos ser grandes, o como reza una nueva campaña de cooperación internacional que empapela el metro de Madrid estos días: «Uno, número de personas necesarias para cambiar el mundo».

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