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Volver a dónde, Antonio Muñoz Molina

Un extraordinario relato en torno a la memoria en tiempos de pandemia.

26 de mayo de 2022. Estandarte.com

Qué: Volver a dónde Autor: Antonio Muñoz Molina Editorial: Seix Barral Año: 2021 Páginas: 352 Precio: 20,90 € (papel), 9,99 € (eBook)

Volver a dónde, de Antonio Muñoz MolinaSi es difícil adjetivar este extraordinario libro, más lo es no dejarse arrastrar por la belleza de las palabras, por las ideas, el relato, por unos recuerdos que van creciendo en intensidad con el paso de las páginas; que se mueven por un intenso caminar entre el presente y el pasado –¿y el futuro?– para terminar ante una  extraña y nueva relación entre tiempo y confinamiento. “Las cosas más recientes pasaron hace mucho tiempo”, cuenta el autor, rememorando los días de aplausos y de hermanamiento entre ventanas.

Con Volver a dónde, Antonio Muñoz Molina repasa con tristeza y también con intensidad y emoción lo que el confinamiento y la pandemia hicieron con la sociedad, con todos nosotros. Lo cuenta alternando el diario de aquellos días con el de hoy. En ese ir y venir describe una realidad inesperada que trastocó su vida y la del país.

Descubre la soledad y el silencio. Un silencio increíble, revelador, que permite oír el susurro de las hojas, el canto de los pájaros, algún ladrido, alguna voz, los pasos en la calle. Un silencio que en el interior de la casa se rompe con la música: eligió las Sonatas para piano de Beethoven dirigidas por Barenboim, para convertirlas en fieles compañeras de sus lecturas –Galdós, Simenon, Volker Ullrich, Thomas Merton– durante aquellos largos meses.

Volver a dónde recuerda la calma y las pesadillas, la impotencia, el valor de los sanitarios, la tristeza por los que desaparecen en soledad, la ineficacia de los políticos; rememora la angustia de los despertares, las rutinas, la confusión que perturba el sentido del tiempo: “El encierro y la repetición de las tareas cotidianas y de las noticias desalentadoras borraban la diferencia entre los días”. Un tiempo sumergido en la lejanía, que dificulta recordar lo sucedido unas semanas antes del estallido de una pandemia que, a pesar de los avisos, parecía haber llegado por sorpresa.

Muñoz Molina describe lo que tantos hemos sentido sin saber expresarlo. Pasa por lo más duro, la angustia, el miedo, el amor, la ansiedad, los amigos, los que mueren –José Mari Calleja–;  y pasa por la necesidad de no dejarse vencer por el desánimo; por las nuevas rutinas como la media copa de vino al atardecer, sentado en la terraza, gozando con el aroma de las plantas, contemplando la calle, hablando con su tío Juan, con su madre; por la lenta descripción de los detalles, una flor por ejemplo; por las sensaciones que despuntan cuando las normas se suavizan; por la indignación ante los excesos, el jolgorio sin control, la irresponsabilidad... Y pasa lo que se llamó la nueva normalidad, una normalidad extraña, desconocida, que no le gusta.

Junio, 2020. Ahora –leemos al comienzo del libro– es cuando no tengo ganas de salir a la calle. El estado de alarma que acaba de ser abolido continúa vigente en mi espíritu. El mundo de después, sobre el que tanto se especulaba, ha resultado ser muy parecido al de antes, salvo por el incordio añadido de las mascarillas. [...] el tráfico es el mismo de otros veranos, quizás con mayor encono, porque la temperatura sube cada año, y porque los conductores de coches y de motos parecen ansiosos por compensar el tiempo perdido, la gasolina no gastada, los cláxones no apretados con gustosa violencia durante meses de silencio”.

El ruido de los motores apaga el canto de los gorriones; la gasolina termina con los olores limpios de la hierba recién cortada, de las aromáticas que le trasladan a su pueblo, al huerto, a los trabajos del campo, a describir lo suave y lo áspero. A recordar un lenguaje distinto, donde el viento es aire; un pasado donde no existen los cumpleaños, pero sí los santos y la costumbre de bautizar al recién nacido con el nombre del abuelo o la abuela; donde nadie se conoce por el apellido y sí por el mote; donde todos trabajan de sol a sol y donde estudiar, leer, ser distinto, querer otra vida es un peso difícil de llevar.

Según avanzan las páginas la historia familiar y con ella la historia de una época van ganando peso, cada vez la mirada se remonta más hacia atrás, caminando al tiempo hacia adelante, reflejando lo que España ha sido a lo largo del siglo último. Vuelve a la infancia, crece, se marcha. Evoca a los abuelos, a los padres, los tíos, a todos los que van desapareciendo; piensa en la muerte y en esa sombra en la que nos convertiremos cuando todos vayan despareciendo: “A partir de una cierta distancia en esa oscuridad futura yo no soy más que una sombra que se confunde con las de mis mayores, reunido con ellos, reconciliado, sobrevivido conjeturalmente en el recuerdo de los vivos, en las narraciones que algunos de ellos quieran transmitir”

Volver a dónde –leemos en la contracubierta– es un libro de una belleza sobrecogedora que reflexiona sobre el paso del tiempo, sobre cómo construimos nuestros recuerdos y cómo estos, a su vez, nos mantienen en pie en momentos en que la realidad queda en suspenso; un testimonio imprescindible para entender un tiempo extraordinario y la responsabilidad que adquirimos con las nuevas generaciones”. 

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