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'El arte de no encajar. Arcanum', crónica de una disidencia castiza en la era del algoritmo

Guillermo Pérez-Aranda Mejías firma en Ápeiron Ediciones un dietario fragmentado y feroz contra la posmodernidad, reivindicando el "misticismo cañí" y la herencia del 98.

11 de diciembre de 2025. Estefanía Matarranz Miralles

Qué: El arte de no encajar. Arcanum Autor: Guillermo Pérez-Aranda Mejías Editorial: Ápeiron Ediciones Año: 2025 Páginas: 142 Precio: 17 €

La verdadera vanguardia quizás no resida en la invención de nuevos futuros, sino en la defensa radical de un pasado que se desvanece. Bajo esta premisa se erige El arte de no encajar. Arcanum (Ápeiron Ediciones, 2025), la última entrega literaria de Guillermo Pérez-Aranda Mejías.

Lejos de situarnos ante un ensayo al uso, estamos frente a algo muy distinto, un artefacto híbrido, un dietario del alma, una colección de aforismos numerados y una trinchera cavada en el asfalto de un Madrid que se resiste a dejar de ser galdosiano.

 

Guillermo Pérez-Aranda Mejías, un hidalgo del siglo XXI

Guillermo Pérez-Aranda Mejías (Madrid, 1974) es un rara avis en el panorama literario actual, y lo es por voluntad propia. Licenciado en Empresariales pero de vocación profundamente humanística —con estudios en Filología Hispánica y Filosofía—, compagina la docencia con una prolífica carrera literaria. 

Es autor de Escara Básica (2002, ensayo), Versalias (2003, poemario), Mi mundo, mi gente y mi yo (2004, ensayo), Revelación. El milagro te mata (finalista del Premio Onuba de novela, 2019), Veladas Bohemias (Premio Internacional de Escritura de Invierno, 2018, Pathbooks, relato interactivo), Manuales de ida y vuelta (Premio Internacional de Novela Fundación los Maestros, 2024), Ensayos Antimodernos. Crónicas del Charlestón (Amazon, 2025).

Sin embargo, en El arte de no encajar. Arcanum, la distancia entre autor y narrador se disuelve hasta ser inexistente. Pérez-Aranda se presenta sin máscaras, asumiendo su condición de hidalgo del siglo XXI. Él mismo se define con una precisión quirúrgica y castiza: «Soy un señor castellano, rudo y algo gruñón [...] venero el salmorejo de las 'titas', el buen jamón [...] y a los escritores noventayochistas». Su relación con la obra es orgánica; es un libro que se supura. El autor se erige como un «misántropo» que, paradójicamente, necesita volcar su espíritu en la escritura para conectar con una «aristocracia intelectual» que pueda comprender su rechazo al mundo moderno.

 

El caos ordenado del "Mosismo"

La obra se estructura en una sucesión de entradas numeradas, que van desde la 1 hasta la 347, abarcando cronológicamente reflexiones situadas entre los años 2022 y 2025. Esta fragmentación no es casual; responde al ritmo del pensamiento de un flâneur urbano que observa la decadencia de Occidente desde la ventana de su salón o desde la barra de una taberna en Chamberí.

El autor bautiza su estilo y filosofía vital como "MOSISMO": un «movimiento artístico independiente, absurdo y solitario», surrealista y carlista ("sobre todo por mi abuelo Carlos"), que brota de su «abstracto coño mental». Bajo esta etiqueta, la estructura del libro permite saltar de la metafísica más elevada a la escatología más costumbrista en cuestión de líneas. Es lo que él denomina «misticismo cañí»: abordar las grandes cuestiones de la vida «desde un punto de vista local, utilizando una filosofía provinciana y de andar por casa».

 

Contra el mundo moderno

El libro funciona como un manifiesto de resistencia. Pérez-Aranda carga con la pluma (y la espada metafórica) contra los molinos de viento de la actualidad: la inteligencia artificial, la ideología woke, el lenguaje inclusivo, la globalización y la pérdida de la fe.

Para el autor, internet y la tecnología son herramientas de deshumanización. «El transhumanismo está a la vuelta de la esquina con la IA [...] la dictadura tecnológica nos exige hábitos deshumanos». Hay una crítica feroz a la sociedad del "like", a la que califica de «antropolatría onanista» , reivindicando el trato humano, el pago en efectivo y el rechazo a ser un dato más en el algoritmo.

Frente a la modernidad líquida, el autor se refugia en la tradición. Hay una oda constante a los abuelos, a la cocina de puchero, a las tabernas con serrín y a la liturgia católica. «Soy un hombre de orden que ha vivido el desorden más cruel», confiesa. Su Madrid no es el de las franquicias, sino el de los «mentideros», el de las pastelerías de antaño y el de personajes como "el señor Chaqueta", un ser en peligro de extinción que resiste en las barras de zinc.

A pesar de su tono a veces bronco y políticamente incorrecto, la obra está impregnada de una profunda religiosidad. No una beatería ciega, sino una fe agónica, unamuniana. La muerte no se teme, se espera como el acto definitivo de conocimiento. «Morirse debe de ser como viajar en avión [...] Volar es mirar a tus semejantes desde el punto de vista de los ángeles».

En medio de su guerra contra el mundo, aparece la figura de la esposa, la musa, la "niña buena del adorable jersey de lana". Ella representa el cosmos frente al caos del autor, el refugio íntimo donde la guerra cesa.

 

Las referencias de Guillermo Pérez-Aranda Mejías en El arte de no encajar. Arcanum

El arte de no encajar. Arcanum es una obra interesante por lo que rescata de viejo. En un mercado editorial saturado de autoficción complaciente y corrección política, Pérez-Aranda ofrece un texto disidente. Su interés radica en la valentía de decir en voz alta lo que muchos piensan en silencio: que el progreso no siempre es positivo y que hemos perdido algo esencial por el camino.

Es un libro para lectores fatigados de la posmodernidad. Su valor reside en su capacidad para conectar la alta cultura (cita a Platón, Parménides, Ibsen, Chesterton) con la realidad más pedestre (el precio del jamón, el olor del Metro, las obras en la calle). Es literatura de trinchera cultural.

Aunque el texto es un monólogo interior, Pérez-Aranda dialoga constantemente con sus fantasmas y maestros. La influencia de la Generación del 98 es omnipresente, especialmente la de Pío Baroja, a quien admira por su «fluidez áspera» y su visión de un Madrid arrabalero.

Y si hay un referente contemporáneo con el que se alinea, es Fernando Sánchez Dragó. El autor lamenta su muerte en el texto, refiriéndose a él como un «maestro», un «libre pensador» y un «referente para quienes amamos la literatura». Al igual que Dragó, Pérez-Aranda mezcla erudición con provocación, y misticismo con vitalismo.

También cita a Juan Manuel de Prada, compartiendo su visión de la literatura como un oficio dual de castigo y salvación. La obra se inscribe en esa corriente de escritores españoles que utilizan la columna y el ensayo como un púlpito para fustigar la estupidez contemporánea, alineándose con voces que van desde Quevedo (a quien rinde pleitesía visitando su celda en Villanueva de los Infantes) hasta el propio Umbral (a quien imagina abofeteando en el Gijón en sus delirios de viajero del tiempo).

Guillermo Pérez-Aranda Mejías ha escrito un libro incómodo, divertido, nostálgico y rabiosamente personal. El arte de no encajar. Arcanum es el testimonio de un hombre que ha decidido bajarse del tren del progreso porque se ha dado cuenta de que no conduce a ninguna parte que merezca la pena. Como él mismo sentencia: «Soy el último español. Enarbolo la auténtica idiosincrasia ibérica, que no es otra que la del Quijote». Y en esa locura lúcida, el lector encontrará, quizás, su propia cordura.

 

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