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'La vibración del mundo', la poesía de Ramiro Gairín y el misterio de lo cotidiano

Un poemario que celebra la belleza y el milagro de lo inmediato con una voz delicada y serena.

17 de enero de 2026. Ponce Castro de Miguel

Qué: La vibración del mundo Autor: Ramiro Gairín Editorial: RIL Editores Año: 2025 Páginas: 56 Precio: 14 €

El poeta zaragozano Ramiro Gairín ha dado un nuevo paso en su ya dilatada trayectoria (que atesora, con esta, trece publicaciones) y nos ofrece su nuevo libro de poemas, La vibración del mundo, que acoge la inspirada y pujante colección Aerea Carménère de la editorial iberoamericana RIL.

El libro llega un año después del poemario que se alzó con el Premio Ciudad de Salamanca de Poesía 2024, Carreteras que brillan en el bosque, que supuso un punto de inflexión en su carrera, ya que recibió una gran atención mediática, fue finalista a los premios de la crítica aragonesa y al Premio Ciudad de Churriana  al mejor poemario del año, y acabó incluido en varias de las listas de la mejor poesía del pasado 2024.

El libro viene acompañado por unas palabras de presentación, en contracubierta, a cargo del escritor Jesús Jiménez Domínguez, que merece la pena transcribir, pues dan la medida exacta de lo que el lector encontrará en estos versos: «Quien abre un libro de Ramiro Gairín tiene enseguida la sensación de estar abriendo las puertas de una casa a la que ha sido felizmente invitado. Solo que ahora, a la casa de siempre, acogedora y cálida, se le ha sumado una habitación anexa y, sin embargo, central: la del hijo. Una habitación aparejada con alegría y asombro, pero también con pequeñas revelaciones y no pocos desvelos. Una habitación con amplios ventanales para poder reinaugurar el mundo con los ojos de un niño. ¿Y qué es la poesía (la buena poesía) sino el arte de volver a mirar las cosas como si se vieran por primera vez?»

El tema, por tanto, si es que este es importante en un libro de poesía, queda claro desde el principio: se habla aquí del debut en la paternidad, de cómo cambia la vida y sus coordenadas la llegada del hijo. También cambia, claro, la mirada, pues el padre, la familia nueva que se crea, va a volver a mirar todo con los ojos recién abiertos del hijo: se reinaugura el mundo (véase el poema que da título al libro). El mundo que ahora, más que nunca, hay que cuidar, puesto que forma parte de la manera de cuidar al hijo.

Ramiro Gairín, autor de La vibración del mundoLa dicción de Gairín en estos poemas es serena, clásica, buscando la imagen clara pero reveladora, el pequeño misterio que hay en todo lo que está delante de los ojos, el tono acogedor; la hospitalidad que él quiere ofrecer al hijo en estos poemas debe llegar también al lector que a ellos se asome. No hay en su lenguaje experimentos formales, pero sí un trabajo del verso, la música y la métrica muy cuidados, creándose un ritmo impecable, en la mejor tradición del verso castellano imparisílabo, mayormente endecasílabo y heptasílabo; son sus poemas una suerte de elegantes silvas blancas, muy trabajadas.

Se acerca así a algunos de sus libros anteriores, en los que ha ido dando cuenta de su trayectoria vital, como trasunto de su tiempo y de una ciudadanía, de una presencia común y singular en el mundo; la de un hombre que se enamora, que sufre, que se alegra, que se compadece, que se cultiva, siempre desde la búsqueda de la felicidad, del deseo de salvar todo lo valioso del mundo que habita. Es decir, en este libro aparecen los deslumbramientos de su nueva condición de padre, lo que está más allá de las palabras cuando nace un hijo, crece, se va revelando poco a poco, pero también el COVID, los desvelos del embarazo, los hospitales, las fiestas de barrio, los concesionarios, las camas deshechas, los parques de las periferias, los jardines botánicos, las escapadas a la playa, a la naturaleza, a las cercanas ciudades extranjeras.

Los poemas están ordenados en cinco secciones, con títulos que sugieren una evolución temporal, un recorrido realizado por esa pareja que espera un hijo hasta que se convierte en una familia que encara el futuro (Sala de espera, Puerperio, Familia, El río del futuro, El mundo terminado). De hecho, la última sección contiene tres poemas que sugieren tres cartas con consejos y meditaciones de un padre que ve ya preparado a su hijo para empezar a vivir en el mundo, no solo en la familia.

Porque quizá la mejor forma de explicarnos el mundo, o de explicarnos qué hacemos en él (que quizá sea la esencia de la actividad literaria, de toda actividad artística), es tratar de explicárselo a un hijo. Y eso es lo que Gairín se propone aquí.

Para finalizar, se ofrecen dos poemas como muestra del contenido del libro, a la espera de que los lectores quieran entrar serenamente en el nuevo hogar poético de este autor afincado en el Pirineo aragonés.

 

LA TAREA

Sujetar la cabeza del bebé,
he ahí la tarea decisiva.

Velar la formación del Universo,
salvar lo único tuyo que tendrás,
el manantial que explique la mirada.

La cepa de la luz.

Y también el lugar donde quizá
nos sigamos cumpliendo
cuando ya no seamos.

Nuestro punto de encuentro en el futuro.

 

EL OLIVO

Con tu llegada, hijo,
he perdido los miedos,
aunque digan que ocurre lo contrario.
Ya no me asusta nada;
que la vida disponga
y yo lo acataré.

Hoy sé que la alegría es un oficio
y que lo aprenderás con nuestro ejemplo.

Pero miento. Igual que aquellos galos,
solo temo una cosa: que este cierzo
tan bruto de las noches
de otoño en la terraza,
que a veces no me deja ni dormir,

nos descuaje el olivo que plantamos,
para verlo crecer contigo,
unos días después de que nacieras
(recuerda que tu madre tiene
siempre magia en las manos).

También a él le queda
muy grande todavía la maceta.

 

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