Pasión por leer. Pasión por escribir.

Portada > Noticias > Libros > Novela > 'Tiempos baldíos' de José Siles, un viaje introspectivo entre la fragilidad y la esperanza

'Tiempos baldíos' de José Siles, un viaje introspectivo entre la fragilidad y la esperanza

Una novela que entrelaza emociones profundas y reflexión social a través de una narrativa pausada y sensible.

22 de noviembre de 2025. María García Salas

Qué: Tiempos Baldíos Autor: José Siles Editorial: Aliar Ediciones Año: 2025 Páginas: 242 Precio: 15 €

Trilogía I: Breve relación de la legendaria y azarosa vida del cirujano mayor Don Iñigo Lope de Cardonara

La obra inicial de la trilogía “Tiempos Baldíos, exhibe un estilo narrativo tan resplandeciente como barroco, generoso en detalles que transportan al lector a un ambiente histórico y calamitoso característico de las batallas navales y el contexto del imperio español bajo Felipe II. La narrativa artesanal de Siles se manifiesta en descripciones que sobresalen por su poder evocador de intensas imágenes sensoriales junto a un uso ajustado de metáforas, creando una inmersión total del lector en la atmósfera dramática y lírica del relato:

"Creyó morir cuando aquel demonio inglés lo empujó desde lo alto del castillo de popa. Seguía inmóvil y al respirar los sorbos de aire se encendían formando una gran lengua de fuego que le laminaba los pulmones achicharrándolos por dentro." (Siles, 2025,11)

"El estruendo provocó en el corredor el mismo efecto que cuando alguien azuza un nido de abejas: la respuesta del enjambre es inmediata y sonora. Un mar de jadeos, quejas y llantos, que permanecían latentes, temporalmente desactivados por el cansancio o el efecto balsámico de la noche y su azul lunar, cobraron nueva vida..." (Siles, 2025, 16).

El texto se caracteriza por su prosa minuciosa y una tendencia a la descripción exhaustiva, tanto de los ambientes como de las emociones de los personajes. El narrador, que se identifica como un paciente anónimo del cirujano protagonista, utiliza un lenguaje culto y elaborado, con frecuentes incisos, frases subordinadas y un léxico que evoca el pasado histórico, lo que contribuye a la verosimilitud y la atmósfera de época. La narración combina la acción directa con reflexiones filosóficas y morales, especialmente en torno al sufrimiento, la muerte y el sentido de la vida en medio de la guerra.

El ritmo se adapta a la naturaleza reflexiva del relato, con pausas frecuentes para describir escenas, emociones o recuerdos del protagonista, el capitán Salazar, que es presentado como un hombre de honor, leal al rey y a su familia, pero también marcado por la duda y la melancolía. El cirujano mayor, Don Iñigo Lope de Cardonara, aparece como un personaje misterioso, casi sobrenatural, rodeado de un aura de milagro y ambigüedad moral, debido a su condición de excomulgado y su habilidad quirúrgica…arte supremo, casi mágico. Los temas centrales son la crueldad de la guerra, la fragilidad de la vida, la compasión y la búsqueda de sentido en medio del caos. El texto no escatima en detalles sobre el sufrimiento físico y emocional de los heridos, lo que potencia la sensación de realismo y dramatismo.

La construcción de los personajes en esta primera narración de la trilogía Tiempos Baldíos es detallada, íntima y psicológicamente profunda, combinando descripciones físicas, gestos concretos y matices emocionales que dotan a cada figura de una personalidad singular y compleja. Para la construcción de los personajes, el autor emplea descripciones físicas y gestuales. Por ejemplo, el cirujano destaca por su “rostro afilado”, su espinazo largo y sus movimientos “delicados y armoniosos”, mientras que el ayudante es descrito como un adolescente “regordito de ojos brillantes, mejillas inflamadas por el esfuerzo y abundante cabellera resuelta en un mar de rizos menudos”. Esta descripción física se complementa con un pormenorizado análisis de los sentimientos mediante descripciones profundas de los pensamientos y emociones de los personajes, especialmente de Salazar, quien reflexiona sobre su pasado, su familia y el sentido de la guerra mientras yace herido. Esto permite al lector acceder a su mundo interior y entender sus motivaciones, temores y deseos. Tanto las descripciones físicas como psicológicas se manifiestan tanto en los diálogos y actos de los protagonistas, como en la interacción con la memoria y las asociaciones con el presente que se derivan de los recuerdos.

Por otro lado, se aprecia un enriquecimiento y humanización de la narración en la descripción de los personajes secundarios, como los marineros y el sargento mayor, los cuales son retratados a través de pequeñas anécdotas y diálogos que reflejan su humanidad, humor negro y compasión, incluso en situaciones de extrema adversidad.

El entorno en la primera narración de Tiempos Baldíos ejerce una influencia decisiva sobre la percepción que el lector tiene de los personajes principales, pero también sobre la propia visión que estos personajes tienen de sí mismos y de los demás. El escenario de la batalla naval, el hospital improvisado y la nave azotada por el temporal crean una atmósfera de caos, sufrimiento y muerte. Todo el entorno está impregnado de dolor, gritos, gemidos y el constante trasiego de heridos y moribundos. Esta atmósfera intensifica la percepción de fragilidad humana y de vulnerabilidad en los personajes principales, especialmente en el capitán Matías Salazar, quien, a pesar de su veteranía y valor, se ve reducido a la condición de superviviente herido, rodeado de cadáveres y congoja. El entorno hostil y desolador realza su humanidad y sus dudas, mostrándolo más como un hombre sensible y reflexivo que como un héroe invulnerable. El cirujano mayor Don Iñigo Lope de Cardonara, por ejemplo, es visto como una figura casi milagrosa, un mago en medio del caos, un salvador que emerge de la oscuridad para ofrecer esperanza. Su presencia, rodeada de misterio y alertados respecto a su moral por su excomunión, adquiere una dimensión casi sobrenatural en el contexto del sufrimiento generalizado. Del mismo modo, el ayudante del cirujano es percibido por Salazar con ternura y nostalgia, asociado a recuerdos familiares lejanos, lo que humaniza aún más la situación y suaviza la crudeza del entorno.

En definitiva, la construcción de los personajes en la primera narración de Tiempos Baldíos es minuciosa y multifacética, empleando descripciones físicas, reflexiones internas, diálogos, acciones y asociaciones con el pasado. Este enfoque permite que cada personaje, incluso los secundarios, adquiera una dimensión psicológica y emotiva que los convierte en figuras memorables y humanas. La narración destaca por su capacidad para trasladar al lector a un mundo violento y convulso, gracias a una prosa elaborada y una atención deslumbrante por el detalle. El estilo barroco y la densidad narrativa pueden resultar exigentes para algunos lectores, pero también son el mayor atractivo de la obra, al ofrecer una visión cruda y poética a la vez de la vida en tiempos de guerra. La mezcla de realismo y reflexión existencial, junto con la construcción de personajes complejos, hace de este texto una lectura intensa y memorable.

 

Trilogía II: El segundo relato de Tiempos Baldíos, de la Comuna de París al Cantón de Cartagena

El segundo relato se caracteriza por una narración en primera persona de un protagonista envejecido, que rememora su vida desde la distancia del tiempo y la experiencia. La voz narrativa es introspectiva, melancólica y cargada de ironía, lo que otorga al relato una profundidad psicológica y una mirada crítica sobre los acontecimientos históricos y personales. El narrador no es un héroe tradicional, sino un hombre común marcado por la fatalidad y el vaivén de la historia, lo que humaniza el relato y lo acerca al lector. La narración se vertebra de forma fragmentaria y no lineal. El protagonista advierte desde el inicio que su memoria es caprichosa y que los recuerdos se ensamblan según el dictado del azar. Esto se traduce en una estructura episódica, donde los saltos temporales y las digresiones son frecuentes. El texto se organiza en tres grandes etapas vitales: la infancia y juventud en París, la huida y estancia en Cartagena, y el regreso final a París, ya en la vejez. Esta estructura refuerza la sensación de circularidad y de repetición de los fracasos y desarraigos, como un Sísifo moderno condenado a empezar siempre de nuevo.

El estilo denota la intensidad existencial de los personajes y facilita la reflexión del lector respecto a los acontecimientos mediante la profusión de imágenes que despiertan los sentidos. Abundan las descripciones brillantes y minuciosas de ambientes, olores, sonidos y sensaciones físicas, que sumergen al lector en la atmósfera de la época. El lenguaje es culto y se apoya en largas frases subordinadas, metáforas y comparaciones originales (como la comparación de los panaderos cubiertos de harina con payasos o actores de teatro japonés). El tono oscila entre la nostalgia, la ironía y la resignación, con destellos de humor negro y autocrítica. Esta estilística se revela nítidamente en brillantes descripciones que destacan por su riqueza visual, la fuerza de sus metáforas y la capacidad de transmitir atmósferas y emociones complejas:

"Mientras, desde el fondo penumbroso del salón, los ojos del retrato del fumador enmarcado en un rectángulo dorado, devoran la oscuridad. Ígneos, como dos cañones al rojo vivo, rezuman lava sobre los acontecimientos que avivan su rostro petrificado en algún momento de hace más de treinta años." (Siles, 2025, 63).

"De manera que me había transformado en una especie de Sísifo que, tras alcanzar la cima de la montaña cumpliendo alguno de mis objetivos, volvía a cumplir con aquella maldición o condena que consistía en volver una y otra vez a la miserable situación que era, reiteradamente, mi punto de partida. Un proceso cíclico en el que se estaba calcinando mi existencia en ir de lo mismo a la nada y de la nada a lo mismo." (Siles, 2025, 64).

Los personajes de esta segunda parte de la trilogía se van cimentando a partir de sus recuerdos y reflexiones. El protagonista está marcado por la pobreza, la orfandad y la necesidad de adaptación constante a los intensos cambios que se producen en su vida. Su identidad se forja en la lucha por la supervivencia, la falta de raíces y la búsqueda de sentido en un mundo inestable y caótico. Los personajes secundarios (como Florido, Víctor Venero, la benefactora anónima) aparecen como figuras fugaces, a menudo más evocadas por el impacto que tuvieron en el protagonista que por su desarrollo propio. El retrato de los personajes es realista y compasivo, sin idealizaciones ni dogmatismos de ningún género… en definitiva, este relato constituye un canto, sin el menor atisbo de ortopedia alienante, a la autenticidad, a la verdad y a la necesidad de interpretar la realidad sin ningún tipo de sumisión.

En este mismo sentido, los temas principales están integrados por la fatalidad y el destino; el protagonista, finalmente, se siente arrastrado por las circunstancias, sin control real sobre su vida, lo que refuerza el tema de la impotencia individual frente a la Historia. Por otro lado, la memoria y la identidad conforman un binomio indisoluble a lo largo del relato; la narración es un ejercicio de reconstrucción personal a través de la memoria, aunque esta sea fragmentaria y poco fiable (dada la edad del protagonista). Otro de los ejes temáticos presentes en el relato es el sentimiento de desarraigo y la supervivencia; la constante huida, la pobreza y la adaptación a nuevos entornos son temas recurrentes que definen la existencia del narrador. Por último, la dialéctica entre la  historia colectiva y la experiencia individual se aprecia en los  grandes acontecimientos históricos en los que transcurre la narración (la Comuna de París y el Cantón de Cartagena) son el telón de fondo de una vida anónima, mostrando cómo la Historia afecta y arrastra a los individuos corrientes.

El simbolismo en este segundo relato se observa en múltiples detalles, pero especialmente en "el retrato del fumador" que funciona como puente entre pasado e identidad constituyendo un anclaje emocional preservado por la memoria que resiste el paso del tiempo. El retrato del fumador es, ante todo, un objeto de memoria en una vida marcada por el desarraigo, la huida y la pérdida, el narrador conserva este cuadro como uno de los pocos vínculos materiales con su pasado. El hecho de que el retrato le haya acompañado a través de distintas ciudades, épocas y circunstancias adversas lo convierte en un testigo silente de su biografía. Así, el cuadro se transforma en un ancla emocional: cada vez que el narrador lo contempla, revive fragmentos de su historia, personas y lugares que definieron su identidad. El fumador retratado es mucho más que una figura decorativa: representa, en cierto modo, una proyección del propio narrador. Su gesto, su actitud y el humo que se desvanece pueden leerse como metáforas de la propia existencia del protagonista: una vida marcada por la incertidumbre, la resignación y el paso efímero del tiempo. El cuadro, entonces, no sólo guarda el pasado, sino que también refleja los rasgos esenciales de la personalidad del narrador—su ironía, su melancolía, su resistencia silenciosa. Pero el retrato del fumador también simboliza la continuidad transformadora., dado que, a pesar de todos los cambios y pérdidas, el retrato permanece. Esta segunda narración tiene alguna  relación con  la primera parte de la trilogía, pues, se mantiene el tono existencial y la atención al detalle, pero desplaza el foco de la épica militar y el heroísmo trágico a la cotidianidad, la pobreza y la lucha por la supervivencia. El héroe aquí es un superviviente, no un soldado, y la batalla es la de la vida diaria.

Para concluir, se puede afirmar que De la Comuna de París al Cantón de Cartagena es una narración de gran riqueza estilística y profundidad psicológica, que utiliza la memoria fragmentaria y el tono confesional para explorar la relación entre el individuo y la Historia. Su estilo denso, su estructura no lineal y su mirada irónica y compasiva hacen de esta obra una pieza literaria compleja y sugerente, que invita a la reflexión sobre la condición humana en tiempos de crisis y cambio. El retrato del fumador en la memoria del narrador de la segunda parte de la trilogía “Tiempos Baldíos” adquiere un valor simbólico profundo y multifacético, funcionando como un eje de la evocación y la identidad.

 

Trilogía III: Talpijus

El texto Talpijus es una pieza narrativa rica y compleja, que combina elementos de la novela psicológica, el misterio y la crítica social, todo ello narrado desde una perspectiva profundamente personal, subjetiva y con cierta dosis de surrealismo.

La historia está contada en primera persona por una periodista especializada en crónicas de sucesos. Esta voz confiere al relato un tono analítico, introspectivo y, a menudo, insolente. La narradora reflexiona constantemente sobre sus propias memorias y experiencias, revelando una perspectiva que es a la vez aguda y teñida por sus traumas personales. Su pasado, marcado por la ausencia de su madre y la influencia de su padre, y su profesión, que la ha "endurecido", modelan su visión del mundo y de las personas.

Mestizón del Pinar, el pueblo donde se desarrolla el relato, funciona como un personaje más; no es solo un escenario, sino un protagonista dinámico y central en la narrativa. Mestizón del Pinar, pasa de ser un pueblo aislado y estancado a un "emporio turístico" globalmente reconocido gracias a Seleuco Santos. La descripción de esta transformación, con sus peculiares atractivos como el "sifilicomio" y el "turismo espiritual", resalta la ironía y la singularidad del lugar. La procesión fúnebre final actúa como un recorrido por la memoria y la geografía del pueblo, revelando sus capas históricas y las dinámicas sociales que lo conforman.

Entre los temas desarrollados en el relato, es destacable la constante lucha de la narradora por la independencia, primero bajo la égida de su padre, luego bajo el control "dictatorial" de Seleuco Santos. Esta dinámica se replica en la relación entre Seleuco y Talpijus, donde el arte y la vida de este último están subordinados a los designios del primero. El texto está colmado de disfraces, fachadas y apariencias. Seleuco es un híbrido entre predicador, agente de viajes y obra de arte viva. Su aparente calma es una "máscara" que esconde una naturaleza violenta y celosa. Mirón, un camarero bizco que le da un plus a la narración, demuestra ser mucho más astuto de lo que parece.

El arte constituye otra de las líneas maestras del relato. El tatuaje es un motivo recurrente y un eje temático. Es presentado como una forma de arte que moldea la piel y, por extensión, la identidad. Seleuco concibe el tatuaje como la "liberación del escultor" de las limitaciones materiales, lo que culmina con su propio cuerpo tatuado expuesto como obra de arte en un museo. Esto plantea preguntas sobre la permanencia del arte y la identidad y puede dar lugar a reflexiones sobre, por ejemplo, las tecnologías del yo descritas por Foucault donde el cuerpo se erige en materia prima total.

La importancia de la memoria en el relato se manifiesta, por ejemplo, cuando la narradora revisita constantemente sus traumas pasados, como el abuso infantil o la enfermedad. La narrativa no lineal y las repeticiones (ej. la habitación 49 del Hotel Azul, la mujer del mural) reflejan cómo el pasado y el trauma se superponen en el presente. Un fuerte sentido de fatalismo impregna el texto, con la narradora y Talpijus sintiendo, a menudo, que su destino ya está "escrito" por Seleuco.

El amor, la traición y los celos constituyen otro eje temático del relato, donde se describen relaciones paradójicas, complicadas y, frecuentemente, destructivas. La infidelidad de la narradora con Talpijus y la celopatía de Seleuco son centrales en la trama, llevando a la violencia y el asesinato.

El simbolismo está presente tanto en el tren como en el viaje, que simbolizan el tránsito vital, el regreso imposible y la distancia entre el pasado y el presente. Por otro lado, el gato Caifás constituye el símbolo de compañía, fidelidad y resistencia en medio del cambio. La escultura y el mural representan la transformación estética y cultural del pueblo, así como la dificultad de encontrar sentido en los nuevos símbolos impuestos por la modernidad.

El mundo de lo perceptivo y sensorial aparece frecuentemente en el texto como un recurso para reflejar las experiencias vividas con todos los sentidos predispuestos a saborear la vida. El texto abunda en descripciones ricas que evocan olores (a anís, a aguardiente, a "humedad anaftalinada"), sonidos (ronroneos, bramidos, risotadas, el "Benedictus" de Mozart), y vistas (la calva de Talpijus con sus "ríos de venillas azuladas", el Hotel Azul). Esta sensorialidad se combina con la metáfora contribuyendo a cierta densidad poética en el lenguaje: "la juventud se fuera desleyendo como una cebolla que se deshace en la sopa de un domingo triste y solitario de invierno" o la descripción de la calva de Talpijus como "una ciénaga saturada por la niebla procedente de su partagás".

Otra de las características de Siles, la intertextualidad, también está presente en Talpijus. Las referencias explícitas a obras como Otelo de Shakespeare y las novelas de Elizabeth Gutierrez no son meros adornos, sino que funcionan como un eco temático, estableciendo paralelismos entre las ficciones y las tragedias de la propia vida de la narradora y su entorno.

La Ironía y humor negro configuran la atmósfera de este sorprendente relato en el que la narradora utiliza un tono sarcástico para comentar las peculiaridades humanas y las situaciones absurdas, a menudo minimizando el impacto de los eventos o las excentricidades de los personajes:

"la materia prima más delicada y cara del universo (caros lienzos los de piel, sobre todo si se trata de lienzos blancos)."

"Caifás, tras el estrangulamiento de la teniente coronel negra, solitario en la declinación repentina; Tras el estrangulamiento de la teniente coronel negramente repentina Caifás declinado en la soledad: Caifás repentino. Caifás declinado. Caifás solitario. La transición del gato melancólico: Caifás adoptado tras el estrangulamiento de la teniente coronel de color, negra, salpimentonada."

El texto se vertebra en secciones numeradas con romanos, que marcan distintos momentos temporales y giros en la trama. La narrativa es no lineal, con saltos entre el presente y los recuerdos, que construyen una imagen fragmentada de la realidad, reflejando la complejidad de la memoria y la percepción de la narradora. La procesión fúnebre del final, con la lectura del testamento dividida en siete capítulos “sinfónicos” y recorriendo las siete colinas del pueblo, funciona como una estructura maestra que simboliza el viaje a través del legado de Seleuco y la revelación de la verdad.

La ambientación del pueblo en Talpijus es mucho más que un simple escenario, es un catalizador de emociones profundas y contradictorias. Despierta en el narrador una mezcla de nostalgia, tristeza, desarraigo y desencanto, pero también instantes de consuelo y reencuentro consigo mismo. El pueblo, en su transformación, refleja la propia historia y evolución del narrador, convirtiéndose en un espejo de su identidad y su memoria. A pesar de todo, el pueblo sigue siendo, en algún nivel, un refugio. Hay consuelo en los pequeños detalles que permanecen: un olor, una vista, el murmullo de una fuente, la luz de la tarde. Estos elementos permiten al narrador reconectar fugazmente con su yo más íntimo y encontrar, aunque sea por momentos, una paz esquiva.

Desde una perspectiva global, y recapitulando sobre todo lo expresado, Tiempos Baldíos se inscribe en la tradición de la literatura de la memoria y el regreso, donde los protagonistas vuelven a un lugar significativo de su pasado y confronta su identidad con los cambios del entorno. 

 

Valoración personal de Tiempos Baldíos

Indudablemente esta trilogía no es inmune a la crítica. Empezaremos por la densidad de un estilo que denota la exigencia de lecto-escritura que ya se estila poco en la sociedad actual. La exuberancia descriptiva y la densidad barroca de la prosa pueden constituir un reto para algunos lectores. Las largas frases subordinadas, los incisos y la abundancia de detalles requieren atención y entrega en el proceso de lectura. Por otro lado, el carácter fragmentario y no lineal, desafía la linealidad tradicional y emplea saltos temporales. Finalmente, el tono introspectivo, que por otro lado constituye una de las mayores virtudes de la trilogía, que en ocasiones propicia la reflexión existencial, puede ralentizar la acción, sacrificando cierto dinamismo en favor del análisis psicológico y filosófico.

Sin lugar a dudas, Tiempos Baldíos reúne las características más que suficientes para que merezca ser leída, dado que se trata de una obra de gran ambición literaria acompañada de una original riqueza estilística y profundidad psicológica. Sus tres relatos —ambientados en distintos contextos históricos y vitales— exploran, desde perspectivas variadas, la memoria, la identidad, el dolor y la supervivencia, entrelazando lo individual y lo colectivo de forma magistral.

El estilo literario resulta brillante dotando a la trilogía de un barroquismo sensorial y minucioso. Destaca por el uso de metáforas brillantes, descripciones evocadoras y un ritmo que acompaña las emociones de los personajes. Cada frase cuida el detalle sensorial, sumergiendo al lector tanto en la crudeza de la guerra como en la melancolía del recuerdo o en la extrañeza de un pueblo transformado.

Asimismo, la profundidad psicológica y construcción de personajes —desde el cirujano mayor excomulgado hasta la periodista traumatizada o el hombre común arrastrado por la Historia— se desarrolla con matices físicos y emocionales. Incluso los personajes secundarios cobran vida mediante pequeños gestos y recuerdos, creando una galería humana compleja y memorable.

La riqueza temática y la intertextualidad se manifiestan en forma de: reflexiones sobre la memoria, el trauma, la identidad y la inexorable influencia del tiempo. Además, la obra dialoga con la gran literatura de la memoria y el regreso, recordando a Benet, Faulkner, Rulfo y Proust. Las referencias literarias no son simples homenajes, sino que enriquecen los ecos temáticos y estilísticos del texto.

 

Comentarios en estandarte- 0