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Lo pasado no es un sueño, de Kallifatides

Un conmovedor viaje por la memoria, los sueños y las decepciones.

15 de mayo de 2022. Estandarte.com

Qué: Lo pasado no es un sueño Autor: Theodor Kallifatides Editorial: Galaxia Gutenberg Año: 2021 Páginas: 192 Traducción del griego moderno: Selma Ancira Precio: 17,50 € (papel), 10,99 € (eBook)

«Lo pasado volvió. Lo pasado no era un sueño, aunque ya pudieras vivir con él. Los años y los tiempos habían pasado y quizá era hora de encontrar de nuevo aquella piedra negra que eché a mis espaldas cuando me fui.

Era hora
»

A lo largo de Lo pasado no es un sueño, entenderemos y sabremos qué es esa piedra negra que el autor echó sobre sus espaldas, un peso que le acompañó durante muchos años, hasta que, al fin, encontró la paz en sus recuerdos.

En este maravilloso libro, en esta vida novelada, en este recordado día a día, que ya adivinamos en Otra vida por vivir y Madres e hijos, (también editados por Galaxia Gutenberg), acompañamos a Theodor Kallifatides en su caminar por esos senderos que moldearon su personalidad y guiaron sus decisiones.

El libro que termina con esa simbólica piedra negra, empieza con la imagen de un niño saliendo de su pueblo de la mano de su abuelo.

La salida señala el fin de una etapa, de unos años duros marcados por la invasión alemana, las represalias, el miedo, la huida, el anticomunismo, la represión, el miedo a unos y otros… Y se van de allí, de su pueblo. El primero fue el padre –maestro, perseguido–, luego, y por separado, los hermanos mayores y la madre.

Más tarde es él quien dice adiós. Tenía ocho años, empezaba la primavera de 1946, olía a almendros, y ellos –abuelo y nieto– viajaban hacia Atenas, hacia el reencuentro.

Todo era nuevo, grande, tan grande como el miedo a perderse y como la impaciencia por el encuentro. «Comencé a temer que no saliéramos nunca de allí [estaban en un café, el abuelo de tertulia con el dueño], pero entonces se obró el milagro. De pronto vi a mi madre pasar por la calle. Llevaba un ligero vestido de tela floreada que parecía atraer hacia sí toda la tenue luz de la tarde. Tenía treinta y dos años y parecía inmortal».

Son palabras llenas de amor, poesía y cercanía, las que van jalonando el libro, marcando el paso de cada momento, compartiendo con el lector, el dolor, las novedades, las experiencias, el encuentro con la vida. Palabras que reviven el paso por la escuela, la intolerable vida del campamento, el colegio donde, como cuenta, entraron como gusanos y salieron como mariposas, el descubrimiento del buen magisterio, el feliz encuentro con la gramática, rememora en palabras que no podemos menos que destacar aquí: «Pero sobre todo adoraba la gramática, que no únicamente organizaba la lengua, organizaba también el tiempo. El tiempo que es, era, fue, será, ha sido, habría sido. Un esquema simple y elegante y, por encima de todo, el tiempo que siempre ha sido y siempre es, en pocas palabras el presente histórico que era como ver el río de la vida desde algún lugar en las alturas. Me hacía feliz extraviarme en la sintaxis, y los textos antiguos eran precisos y parcos. Lo veíamos todos los días cuando los traducíamos al griego moderno. Cada frase se hinchaba como una masa».

Deja la niñez, llega la adolescencia, el amor –los amores–; crece, madura, mira su entorno, se ve –así lo ven los griegos siendo él griego–, como un refugiado en su tierra; toma conciencia política, y por ello, pierde el derecho a asistir a la universidad.

Ronda en su cabeza la idea de emigrar, se ahoga en ese régimen autoritario, y lo va desgranando poco a poco, mezclando el día a día, el enorme amor y admiración por su padre, por su madre, por la épica que descubre en Homero; el ensoñamiento de los olores –limón y tabaco, representando la realidad; lilas, jazmín unidas al pecado–.

El exilio está cada vez más cerca. Le empujan una película, El manantial de la doncella, de Bergman, y una lengua, el sueco, que sonaba a sus oídos claro y seco como unas campanas: «Suecia. No era difícil darse cuenta de que ahí se podía vivir como un rey, disfrutar de la belleza sin angustia y hablar sólo cuando hace falta». Aquellos sonidos y el sueño de volverse otro encaminaron su marcha.

Se va, deja atrás la pena, los padres, los desengaños, los amigos, todo. Empieza otra vida: trabajo, estudio, adaptación –tarea no fácil–; aprende lo que es ser otro, se adapta, hace del sueco el idioma de sus libros, se ve capaz de rehacer su vida, casarse, forjar su carrera de escritor y contarlo como sólo él sabe, transmitiendo una emoción sobrecogedora, que envuelve sin que el lector pueda salir de su embrujo.

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