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El elogio de lo cotidiano: la revolución estética del movimiento 'mingei'
'La belleza del objeto cotidiano' de Soetsu Yanagi
04 de agosto de 2026. Enrique Guitart Soro
Qué: La belleza del objeto cotidiano Autor: Soetsu Yanagix Editorial: Gustavo Gili Año: 2020 Páginas: 240 Traducción: Álvaro Marcos Lantero Precio: 14,15 €
Al despertar por la mañana, los primeros estímulos sensoriales provienen del tacto de las sábanas, de la luz tamizada de una lámpara doméstica y de la forma orgánica de la vajilla del desayuno. Estos objetos modestos, comunes y ordinarios nos acompañan en silencio a lo largo de la jornada. No obstante, la sociedad industrializada tiende a ignorar su valor intrínseco, arrastrada por la inercia del consumo rápido.
Frente a esta ceguera estética, la obra La belleza del objeto cotidiano, escrita por Soetsu Yanagi, se presenta como una invitación profunda y analítica para mirar a nuestro alrededor con nuevos ojos y valorar la honestidad de las creaciones anónimas que sostienen nuestra existencia.
Publicado en español por la editorial Gustavo Gili, este volumen recoge dieciséis ensayos fundamentales del crítico y filósofo japonés, que desmontan de raíz las convenciones occidentales sobre la exclusividad del arte. Mientras que corrientes europeas como el parnasianismo defendieron históricamente "el arte por el arte" y postularon, bajo la influencia de Théophile Gautier, que "todo lo útil es feo", Yanagi propone una reconciliación absoluta: los objetos domésticos deben aunar a la perfección belleza y utilidad, siendo tratados con afecto y respeto por su durabilidad y honestidad funcional.
El mapa de la sencillez
La estructura de la obra permite un recorrido que va desde las bases teóricas de la artesanía hasta el análisis pormenorizado de disciplinas tradicionales específicas.
El valor de La belleza del objeto cotidiano radica en su capacidad para ofrecer un refugio contra la deshumanización del diseño contemporáneo. Yanagi ilustra esto de forma conmovedora en el tercer ensayo del libro: postrado en cama por una grave dolencia estomacal, la contemplación de una pequeña vasija imperfecta de Karatsu le infundió una renovada energía vital. Esta anécdota revela que el arte utilitario es un elemento con resonancia espiritual capaz de transformar la cotidianidad de las personas.
Del mismo modo, el autor analiza el tejido bashofu de Okinawa o el patrón del kasuri. Al tratarse de labores manuales, repetitivas e imperfectas, demuestran que la mano humana crea una libertad y variedad que la producción mecánica jamás podrá emular. Yanagi desafía al lector a suspender el juicio racionalista y académico para recuperar la capacidad de percibir el mundo de manera directa e intuitiva.
Históricamente, la obra surgió en un momento de crisis de identidad en Japón. Tras la asimilación acelerada de ideas occidentales iniciada en la literatura en la era Meiji, existía el riesgo de caer en la idolatría de lo extranjero. El movimiento mingei propuso un sincretismo consciente, equilibrando la modernidad con la revalorización de las raíces culturales propias. Para el lector en lengua española que busca una selección de libros para conocer Japón, este texto también es una brújula indispensable para descifrar la sensibilidad tradicional nipona.
La belleza del objeto cotidiano constituye una obra imprescindible que trasciende su tiempo y su contexto geográfico. Soetsu Yanagi formula una profunda ética del respeto material. Al leer estas páginas, el lector se ve obligado a reevaluar su entorno y a redescubrir que la belleza más honesta y duradera se encuentra al alcance de la mano, en la humilde vajilla que sostiene cada mañana.
Sōetsu Yanagi, el filósofo de la artesanía del pueblo
Sōetsu Yanagi (1889-1961) consagró su vida al estudio de la estética y a la defensa de la tradición material de su país. En su juventud, su sensibilidad artística estuvo marcada por figuras occidentales como el poeta y pintor William Blake, pero su verdadero giro conceptual ocurrió en la década de 1920 en Corea, al quedar prendado de la belleza atemporal de la cerámica de la dinastía Yi. Este hallazgo le llevó a acuñar el término mingei —"arte de la gente"— junto a sus amigos, el maestro ceramista Shoji Hamada y el alfarero inglés Bernard Leach.
La relación de Yanagi con su obra es indisociable de su labor práctica: llegó a reunir cerca de 17.000 piezas tradicionales y fundó el Museo de Artesanías Populares de Japón (Nihon Mingeikan) en Tokio en 1936. Su profunda amistad con Bernard Leach facilitó una transferencia intelectual decisiva; Leach tradujo y adaptó muchos de sus ensayos, extendiendo su influencia a Occidente y pavimentando el éxito de publicaciones posteriores de la misma firma editorial, como el volumen El artesano anónimo.
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