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El eterno desafío del escritor ruso: enfrentarse al poder para que sus obras vieran la luz
Toni Montesinos disecciona en 'Troncos, raíces, piedras' más de doscientos años de dura supervivencia de los autores frente a la censura zarista, soviética y contemporánea.
04 de julio de 2026. Germán Ludeña Belinchón
Qué: Troncos, raíces, piedras. Doscientos años de literatura y política rusas Autor: Toni Montesinos Editorial: Ediciones del Subsuelo Año: 2026 Páginas: 396 Precio: 22 €
Iniciando con la cita de Maksim Gorki que da título al libro («Las personas son troncos, raíces, piedras, te tropiezas con ellas y a veces te dañan»), Toni Montesinos nos sumerge en Troncos, raíces, piedras. Doscientos años de literatura y política rusas (Ediciones del Subsuelo, 2026). Esta obra se erige como un mapa completo y exhaustivo del sufrimiento intelectual en un país, Rusia, donde la creación artística ha chocado frontalmente, década tras década, con la pesada maquinaria de la censura estatal.
A través de sus casi cuatrocientas páginas, el ensayo de Montesinos presenta una estructura de naturaleza cronológica y temática, abarcando desde los albores de la autocracia zarista decimonónica hasta la tiranía bolchevique, el Moscú del Terror, el aparato burocrático del gulag y la vigilancia totalitaria que impregna a la actual Federación Rusa. El hilo conductor es inquebrantable: el escritor ruso enfrentado al poder (político, eclesiástico, militar, revolucionario o dictatorial) para lograr que sus obras vieran la luz.
Se expone de manera magistral cómo, ante la endémica ausencia de un parlamento político libre y representativo, la literatura rusa se vio obligada a asumir el papel de conciencia moral de la nación.
El escritor ruso desde el imperio al exilio contemporáneo
El inmenso valor de este ensayo radica en su capacidad probatoria. Es imposible leer esta tradición literaria despojándola de su sombra política. El recorrido se inicia con Alexandr Pushkin, cuya labor fundacional sufrió la tijera del mismísimo zar Nicolás I, y con Nikolái Gógol, quien, tras diseccionar la miseria de la alienación burócrata en Almas muertas, sucumbió a una inanición dictada por su propio desequilibrio religioso.
Montesinos explora a los colosos del siglo XIX y nos recuerda que Dostoyevski, mucho antes de adentrarse en los abismos filosóficos de Los hermanos Karamázov, logró sobrevivir a los trabajos forzados en la estepa siberiana. Contrasta esta asfixia con el desafío de Lev Tolstói frente a las instituciones eclesiásticas, o con figuras como Turguénev, quien dibujó a la perfección la melancolía generacional rusa. Tampoco falta la mirada clínica de Antón Chéjov, quien documentó con estoicismo el horror administrativo en las colonias penales de Sajalín.
Es en el siglo XX donde el ensayo alcanza sus cotas más estremecedoras. La utopía bolchevique se transformó rápidamente en una maquinaria trituradora de libertades. Mientras algunos intentaban sobrevivir bajo el implacable dogma del realismo socialista, la obra atestigua la dolorosa "tragedia de la cultura" a través del trágico final de Marina Tsvietáieva, autora de Diarios de la Revolución de 1917, y el destierro al archipiélago siberiano narrado por Alexandr Solzhenitsyn.
El lector asiste indignado al sufrimiento de Vasili Grossman, cuyo manuscrito fue directamente "arrestado" por el KGB , o al acoso sistemático a Borís Pasternak, forzado a rechazar el Nobel en un ambiente de difamación orquestada. Este éxodo de la inteligencia enlaza con el de figuras literarias de posguerra como Serguéi Dovlátov o Joseph Brodsky.
A modo de cierre, Montesinos nos asoma a la dolorosa actualidad en el marco de la guerra en Ucrania. La herencia represiva persiste: voces imprescindibles de la actualidad literaria, como Liudmila Ulítskaya, Anna Starobinets, Mijaíl Shishkin o Andréy Kurkov, se han visto empujadas al exilio para no ser silenciadas bajo el mandato de Vladímir Putin, demostrando que la dictadura de la mordaza sigue intacta.
Como observó George Steiner sobre la grandeza de los genios literarios rusos, sus letras constituyeron un asombroso salto hacia la luz desde las tinieblas del poder. Troncos, raíces, piedras certifica de forma impecable esa premisa, entregando un análisis donde la literatura vuelve a erigirse, pese al horror y las persecuciones, como el último refugio de la libertad humana.
Toni Montesinos, autor de Troncos, raíces, piedras
Toni Montesinos (Barcelona, 1972) es un ensayista y consagrado crítico literario, habitual en las páginas de La Razón y autor de medio centenar de libros. Su trayectoria ensayística ha estado profundamente marcada por el análisis de las fracturas psicológicas de los autores, hecho evidente en obras anteriores como La letra herida y El gran impaciente.
En Troncos, raíces, piedras, Montesinos funde este vasto conocimiento sobre la angustia vital del escritor con su erudición sobre la historia literaria eslava, en un análisis brillante sobre cómo las plumas más brillantes de Rusia operaron permanentemente al borde del abismo.
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