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Shankar: el cómic de Eduardo Mazzitelli y Quique Alcatena que reinventó el folletín

Un héroe caracterizado por un nacimiento extravagante, un carácter recio y talentos extraordinarios.

28 de enero de 2023. Iván de la Torre

Qué: Shankar Autores: Eduardo Mazzitelli (guion) y Quique Alcatena (dibujos) Editorial: Grupo Beleferonte y Locorabia editores Año: 2019 Páginas: 600 Precio: 1.600 pesos argentinos

Shankar recupera la figura del clásico héroe de la literatura popular (Tarzán, etc.) caracterizado por un nacimiento extravagante, un carácter recio y una suma de talentos que los coloca por encima de los seres humanos normales: “Encontrado en plena jungla hindú, nadie conoce el origen de Shankar. Sin embargo, sus habilidades pronto lo destacan, así como un extraño tatuaje que cambia de idioma en su espalda que lo define como 'aquel que dominara el mundo'. Pronto diversos reinos lo declaran su heredero y en todas partes lo reclamarán como suyo, pero Shankar tiene un único Dios: la curiosidad. Obligado por esta, viajará por todo el globo”.

En realidad, el protagonista es una simple excusa para que Mazzitelli y Alcatena conecten diferentes historias fantásticas aprovechando la rica mitología de países como India, China, Japón, Escocia, Malasia y Rusia, haciendo imposible diferenciar (como sucede en tantos clásicos de Jorge Luis Borges) cuánto es inventado y cuánto pertenece al patrimonio personal de esas culturas, tan bueno es el trabajo del guionista, tan eficiente el dibujo que lo acompaña y enriquece.

Mazzitelli reconoce: «Shankar era un personaje que hicimos para que se moviera por las culturas del Lejano Oriente. Son historias muy raras, fue un momento en que a los dos se nos disparó la cabeza. Siempre hacíamos miniseries, pero esa vez con Quique queríamos hacer una serie».

Trabajando conscientemente el ritmo propio de un folletín para el gran público (con su obligada mezcla de acción, suspenso y revelaciones sorpresivas para mantener atrapado al lector), Mazzitelli usa a su protagonista como excusa y disparador para contar historias que postergan indefinidamente las preguntas iníciales (¿qué es Shankar? ¿De dónde viene realmente? ¿Por qué el tatuaje en su espalda dice que dominara todo el mundo?), sumando narraciones y más narraciones, fascinantes cajas chinas o delicadas muñecas rusas (imágenes que se repiten obsesivamente a lo largo del texto, mostrando que guionista y dibujante saben muy bien lo que hacen y adónde van desde el comienzo) contadas en diferentes registros, dependiendo del lugar donde transcurre la historia.

En Shankar se cruzan personajes reales e inventados, dioses y demonios, mitos y creencias, definiendo una narración barroca capaz, como el celebrado Sandman de Neil Gaiman, de incluirlo todo, desde la leyenda de Bu Xiu (“un gran guerrero que sirvió a muchos señores. Un día, cuando estaba por enfrentarse a siete bandidos, se le apareció la muerte... la muerte esperó y Bu Xiu mató a los siete bandidos. Feliz por haber obtenido un botín mayor del que esperaba, decidió recompensarlo: "volveré a buscarte dentro de mucho tiempo. Voy a decirte la fecha exacta, para que sepas que antes de ese día no podrás morir") hasta la trampa de la Eternidad, "un abismo tan profundo que si un hombre cae en él, nunca deja de caer. No sentirá hambre, dolor, cansancio, ni aburrimiento, solo caerá y caerá, hasta que muera de viejo y nada más que sus huesos, y al fin el polvo de sus huesos, sigan cayendo y cayendo y cayendo".

Cada antagonista de Shankar (el samurai Hidetora, el dios Krishna, el pirata Sandokan) encarna lo que el protagonista pudo y se negó a ser: hombres valientes y ambiciosos cuyas vidas le sirven para intentar entender su destino, el extraño origen de su nacimiento, sus poderes inexplicables, su necesidad de recorrer el mundo buscando respuestas mientras se topa, una y otra vez, con mitos donde se lo trata como un dios o un demonio, pero nunca como un simple ser humano.

"Se cuentan cientos de historias diferentes sobre Shankar. Extraordinarias. Aterradoras. Alucinantes. Pero ninguna es completamente cierta. Ninguna es tan escalofriante como la verdadera", sugiere en uno de sus momentos el texto, sin revelar nada, lo que obliga al lector a seguir buscando pistas.

Con Shankar, Mazzitelli y Alcatena perfeccionaron hasta la excelencia el formato de narración que habían comenzado en Travesía por el laberinto, su primera gran novela gráfica juntos, consiguiendo un estilo elástico y, al mismo tiempo, férreo como una red de pescador (cada detalle, cada personaje, cada anécdota tiene un motivo de ser, una razón para estar ahí), que les permite construir una aventura tan ambiciosa como entretenida donde se mezclan, sin excluirse, «lo profano y lo divino, lo real y lo irreal, lo corriente y lo sublime».

El guionista reconoce que «las historias que escribía hace 20 años eran mucho más complejas, pero innecesariamente complejas. Al lector le costaba seguir cosas que yo daba por sobreentendidas y que no me preocupaba aclarar demasiado. La realidad es que al principio se te plantean un montón de problemas que cuando tomaste la decisión de escribir ni sabías que existían. Es muy difícil rematar bien una historia, pero con los años vas aprendiendo a anticiparte. Cuando empezás a observar las historias, vas encontrando en ellas elementos que vos pusiste casualmente, pero que te van sirviendo para el desarrollo de la trama y, sobre todo, la escena final. Entonces la observación que vas haciendo de tu propia historia es casi tan importante como tratar de imaginarla desde afuera. De ahí te puede surgir una línea que te levante el nivel de una historia. Un sistema te limita, terminás como armando un rompecabezas con piezas que ya tenés, como si fueran casas premoldeadas. siempre trato de pensar un final para la historia cuando empiezo a escribirla, ¡porque mirá si llego al último cuadro y no sé qué hacer! Ahora, ese primer final que es como una cosa provisoria, le empiezo a buscar variantes y alternativas distintas. Luego si queda el final original, queda porque se impuso por sobre todos los demás, porque la historia me fue llevando naturalmente a eso».

Estas palabras permiten entender la profundidad de Shankar, donde detalles que parecían insignificantes en un primer momento cobran sentido más adelante y obligan a continuas relecturas, para encontrar las claves de una narración llena de misterios por resolver.

En palabras del propio Mazzitelli: «Nunca volverán a contarse historias así. Nunca volverán a suceder. Es el final de una era”.

 

 

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