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Jackaroe: un clásico del tebeo que mostró el viejo oeste con toda su violencia, poesía y crudeza
Una historia envolvente que combina acción, intriga y personajes complejos en un relato gráfico fascinante. Aventura y misterio en las fronteras del cómic contemporáneo.
13 de enero de 2026. Iván de la Torre
Qué: Jackaroe Autores: Robin Wood y Gianni Dalfiume
El personaje central de esta historia de western es Jackaroe, un niño rescatado por Yaco, un jefe apache, de una caravana donde sus padres murieron de sed; criado por los indios, deberá luchar, todo el tiempo, contra la discriminación, porque los blancos lo marginan por verse y actuar como un indio; y los indios lo desprecian por tener ojos claros y cabello rubio.
Jackaroe encarna, como todos antihéroes woodianos, al hombre que enfrenta solo a los matones de turno, ya sea un ranchero mexicano que golpea a sus peones o un pistolero norteamericano acostumbrado a imponer su voluntad a través de la violencia, la intimidación y el miedo.
Con esta historieta, dibujada por un inspiradísimo Gianni Dalfiume, Robin mostró hombres y mujeres reales, en un entorno extremadamente violento, donde solo los más despiadados pueden sobrevivir, negándose a mitificar a blancos o indios: «El apache es diferente al blanco y la diferencia arranca de la cuna. El blanco desde que nace es atiborrado con ideas de piedad, compasión y bondad. En cambio, el apache es aleccionado en sentido contrario. Se le enseña a matar, a degollar y a robar. El ladrón es aplaudido y el asesino respetado. ¿Qué se puede pedir entonces? Yaco, el padre de Jackaroe, era un apache. Su valor y su mano terrible le habían granjeado el respeto de los suyos y siendo joven ya encabezaba los ataques de los apaches mimbreños».
Jackaroe no es un héroe tradicional, a lo John Wayne, sino un hombre contradictorio que reconoce sus fallas: «Nunca me gustaron los esclavos, pero yo no combatí por la esclavitud. Yo luché por el sur. Es difícil explicarlo. Yo luché por mis amigos que eran pocos y por mis vecinos que eran muchos. Luché por ríos y montañas y creo que hasta defendí esas grandes mansiones blancas de Virginia. Defendí cosas malas y buenas. Todas las causas las tienen... Era una guerra que estuvo perdida desde el primer día. Todos lo sabíamos. Es decir, todos no. Algunos, solamente. Otros eran demasiado jóvenes o demasiado patriotas para poder creerlo. Pero muchos lo sabíamos».
Robin retrata este mundo brutal e impiadoso, adelantándose treinta años a Los imperdonables, de Clint Eastwood, mostrando como era, realmente, el viejo Oeste: «Es una región salvaje, casi despoblada, donde el ganado es salvaje, las mujeres escasas, las viudas abundantes y la vida humana una mercadería de muy poco valor. Abundan los renegados, los pistoleros, la carroña del este que viene a hacerse rica en el oeste y la carroña del oeste dispuesta a defender su posición. También hay mujeres feas que buscan marido, maridos que huyen de sus esposas, ex confederados que aún cargan con su derrota y norteños que no saben qué hacer con su victoria... Toda esta humanidad heterogénea erizada de pistolas, sueños y salvajismo se vierte sobre el territorio».
Robin muestra al ser humano sin disfraces, a través de diálogos implacables, revelando el lado mezquino que todos tenemos adentro, incluyendo las personas comunes que, apenas tienen una oportunidad, abusan del hombre que antes temían: «Has llegado al límite, Derek. Borracho y revolcado en el barro como si fueras un puñado de basura. ¿Te gustó oír como se reían todos esos imbéciles? Se reían de ti, Derek. Te tuvieron de payaso. Se rieron con ganas porque antes te tuvieron miedo. Y ahora eres solamente un asqueroso y mugriento borracho y ellos se ríen de ti porque saben que ahora no vales nada».
El propio Jackaroe reconoce: «Yo he sido muy malo en mi vida y maté a mucha gente, a veces sin necesidad. Especialmente cuando era joven. Cuando crecí me di cuenta de muchas maldades cometidas...».
Por supuesto, Robin también habla de los antihéroes que se niegan a traicionar sus principios y luchan hasta el final, como los ex-soldados confederados que salvan un pueblo mexicano de un grupo de bandidos, perdiendo la vida en la batalla. La descripción es tan fuerte y emotiva que resulta imposible, al leerla, no recitarla en voz baja, como si fuera una oración fúnebre o un poema: «Eran los mejores de un mundo que ya no existe. Caballeros perdidos como los fantasmas de que hablan las historias de los viejos. Eran los mejores que nunca verás. Eran como niños que se han perdido en la noche. Eran como una vieja canción... una canción hecha de capotes grises y de una vieja bandera. Canción de los caballeros perdidos en la noche buscando un tesoro, canción de los niños perdidos, de los niños valientes, de los caballeros-niños de capotes grises y sueños dorados, sueños viejos y angostos como un camino que no lleva a ninguna parte, pero que es tan hermoso, tan hermoso y tan inútil como son tantas cosas hermosas».
En esas palabras, donde se rescata el valor de la lealtad, la coherencia y la voluntad de enfrentarse con los poderosos poniendo en riesgo la propia vida, está el eje de toda la obra woodiana y permiten entender porque, a seis décadas de su primera publicación, esta extraordinaria novela gráfica sigue más vigente que nunca.
Comentarios en estandarte- 5
1 | Luz María Mikanos
03-09-2025 - 02:30:46 h
Excelente reseña de un cómic para el recuerdo. Gracias por incluir este artículo que era necesario.
2 | Armando Federico Navazo
04-09-2025 - 21:22:40 h
Todas las historias de Robin Wood te hacen reflexionar. Jackaroe ,en particular, era y es una obra maestra.
3 | Lucas Sternuto
04-09-2025 - 23:49:09 h
Buenísima reseña. Sin dudas Jackaroe es un Western como ni siquiera los yanquis pudieron o quisieron contar. Las películas de vaqueros del cine estadounidense a lo John Wayne eran muy románticas. Las del cine italiano (spaghetti western) eran muy sucias. En cambio Jackaroe era otra dimensión.
4 | Ivan
15-09-2025 - 01:49:52 h
Totalmente, Lucas! Jackaroe (y todo el trabajo de Robin) es otra dimensión, algo único e irrepetible
5 | Ivan
15-09-2025 - 01:50:49 h
Exacto, Armando, las obras de Robin son geniales, te hacen pensar, emocionar y se quedan en la memoria.