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Argón, el justiciero: una mala, innecesaria y triste copia de Nippur de Lagash

Sin la inmensa sombra de Nippur, Argón, el justiciero hubiera sido una aceptable serie de aventuras de relleno.

25 de enero de 2026. Iván de la Torre

Qué: Argón, el justiciero

Editorial Columba solía hacer réplicas de sus personajes más populares y asignárselos a sus guionistas de segunda línea, acostumbrados a adaptar su estilo al de autores más exitosos. Argón, el justiciero, una malísima copia del Nippur de Lagash de Robin Wood y Lucho Olivera, tuvo cuatro guionistas diferentes (Jorge Morhain, Armando Fernández, H. G. Oesterheld y Ray Collins), y cada uno de ellos intentó darle un enfoque diferente a este guerrero que recorre el mundo impartiendo justicia («Soy Argón, el macedonio, general de Milcíades, he luchado contra los persas»), pero los resultados fueron de lo malo a lo pésimo, con una sola excepción.

Argón el justiciero, por Jorge MorhainMorhain trató, sin suerte, de copiar el ritmo y el tono de Robin:

«¿A qué contarte, amigo, la ira de los hombres? Si quieres saber más de esta triste historia te bastará acercarte a un pueblito de pescadores a orillas del mar de las mil islas».

«Tanto amor lo hace sentir vergüenza a uno. Le hace sentir ganas de apurar el trago para seguir a los muertos. A mis muertos por mi culpa...».

 

Argón el justiciero, por Armando Fernández (Gonzalo Bravo)Armando Fernández (que también firmaba bajo el pseudónimo de Gonzalo Bravo), más pragmático (o menos talentoso) que Morhain prefirió convertir a Argón en una tradicional serie de aventuras, sin tiempo para reflexiones profundas o dudas existenciales, repitiendo el aburrido y previsible esquema que aplicaba a todas sus obras: héroe carismático y casi virginal, mujer en peligro, malvado muy malvado y mucha acción para hacer olvidar la falta de profundidad psicológica de todos los personajes.

Siempre fiel a sus jefes de Columba, Fernández también intentó asociar al nuevo personaje con Nippur, usando y abusando de la palabra “errante” que caracteriza al héroe de Wood:

«Detuve mi carro de briosos caballos bajo la pálida sombra de los árboles porque hasta un errante tiene deseos de descansar algún día.

«Caminaba por la floresta salpicada de abejorros que zumbaban ruidosamente y aquel sencillo espectáculo me alegraba sobremanera, trayendo a mi espíritu errante de caminos una sensación de paz. Lejos había quedado mi tierra y mis afectos. ¿Podría volver algún día a mi terruño? Aunque más no fuera para morir...».

Fernández también intentó remedar el tono poético de Nippur, pero su estilo es incluso peor que el de Morhain, y casi tan malo como el de Guillermo Saccomanno y Juan Sasturain:

«¿Por qué? ¿Por qué te hicieron esto, noble anciano? ¿Tú, que eras una fuente de paz y sabiduría? ¿Qué manos grasientas y crueles han tronchado así, sin más motivo que la necia barbarie, una vida como la tuya? Fuiste bueno, conmigo, hace años».

«Para mí sólo son esclavos aquellos que sucumben a malsanos placeres y ambiciones».

«La princesa Ala. Una flor que sangra en el desierto y sufre por su pueblo. Ala es muy querida por su bello corazón».

 

Argón el justiciero, por OesterheldOesterheld hereda Argón y tiene la suficiente dignidad profesional para negarse a copiar el estilo de Robin y tratar de imponerle su propio ritmo a la serie, lamentablemente no lo consiguió y los episodios que escribió son una serie de aventuras previsibles, sobrecargadas por un mensaje moralizante, en un tono que recuerda a los libros de Elige tu propia aventura:

«Karfás y tú, Argón, hijo dilecto de Ares, el dios de la muerte violenta, son los primeros en salvar la empalizada. La sorpresa de los acitas es enorme; ya se creían vencidos».

«Sí, ya estás muy cerca del humeante cráter del volcán. Y en las pierdas Karno, el rey fugitivo, no dejó rastro alguno».

«Esa misma tarde dejas Dora. Te duelen tanto los golpes, pero ningún bálsamo mejor que el aire ligero de las colinas, la paz de las abejas repitiendo flores entre los mirtos...».

En un intento desesperado por salvar al personaje, Oesterheld suma a la serie a Pafnucio, un burro «que ruge como un león», pero la gracia del “chiste” se acaba pronto.

 

Argón el justiciero, por Ray CollinsRay Collins es el único de los guionistas de Argón que consigue igualar la poesía de Robin, eliminando tanto el humor bobo de Oesterheld como las torpezas de Morhain y Fernández, dotando al texto de una nueva profundidad, llena de reflexiones que recuerdan al mejor Nippur:

«Un hombre siempre ríe cuando le preguntan si amó. ¿Hay algo más cercanos a las lágrimas que la risa?»

«Cree, como muchos hombres, que en su fuerza y crueldad residen todas las riquezas el mundo. Saco mi espada sin convicción, sin deseos de pelear. Quien es feliz no pierde su tiempo en ganar o perder».

«¿Hay algo mejor que sentir el sol besando la piel de un hombre cuando ese hombre ha decidido cruzar tiempo y distancia sin raíces?».

«Nadie se confiesa que el amanecer es la hora total de un hombre. Cuando piensa en todo lo que hizo y en lo que aún no hizo y el universo se estira en un siniestro bostezo para recordarnos que el hombre aún no ha conocido sus límites».

«Se me vino como un huracán... Su belleza era ahora horror. Su boca hecha para besar era un caldero de maldiciones. Su espada, temible, cortó el aire que nos separaba. Dolió mi brazo cuando hizo el corte final, cortándola en dos, casi como si desgarrara la vela de un navío. Gritó algo terrible y me sentí torpe y acaso estéril. ¿Se puede detener el río de la ambición humana?»

El único defecto de Collins es que su Argón carece del humor de Nippur de Lagash (una historieta donde, como remarcó Lucho Olivera, el lector nunca sabe si disfrutará una aventura gloriosa, sufrirá una gran tragedia o se divertirá con una nueva peripecia del errante).

 

El único autor que logró “copiar” exitosamente el modelo creado por Robin Wood (guerrero andante de los caminos que se niega a dejar de moverse, siempre dispuesto a resolver problemas ajenos y olvidar sus propios dramas en un buen vaso de vino, una mujer o un encuentro con viejos amigos) fue Carlos Trillo en Alvar Mayor, pero Fernández, Morhain y Oesterheld carecían del inmenso talento necesario para mezclar el drama y el humor, la reflexión y la acción en un personaje creíble para los lectores.

Posiblemente, sin la inmensa sombra de Nippur opacándolo, Argón, el justiciero hubiera sido una aceptable serie de aventuras de relleno, pero la intención de los editores de copiar un modelo original hizo que sus historias sonaran viejas, predecibles y aburridas desde el principio, una banda tributo tocando los grandes éxitos de un referente del género con más oficio que talento, confirmando la inmensa distancia que separa a Nippur de Argón y a Wood de Oesterheld, Fernández y Morhain.

Para decirlo en pocas palabras, si Robin encarna a Los Beatles, sus tres imitadores apenas llegan a ser The Beats.

 

Comentarios en estandarte- 4

1 | Luz María Mikanos 08-02-2025 - 03:17:58 h
Qué excelente y crítica reseña. Es un lujo poder acceder tanto a lo magnífico, como a la descripción de las repeticiones lastimosas.

2 | Ivan 10-02-2025 - 01:39:47 h
Muchas gracias, querida Luz, es bueno remarcar estas estafas que sufrimos los lectores de historieta

3 | Lucas Sternuto 05-09-2025 - 00:06:28 h
Me mató eso de que se parecía a Elige tú propia aventura jajajaja. Es horrible cuando alguien quiere copiar el arte de un artista exitoso. Sencillamente porque el arte es una forma de expresión humana que, como tal, es subjetiva. De todas maneras en Argón siempre nos quedará la pluma mágica de la fraternidad Villagrán.

4 | Julio 25-09-2025 - 02:03:53 h
Lo recuerdo por las muñequeras con bolitas. Lo leí de niño a principios de los 80. Luego desapareció el personaje. Pero un niño no se pone tan filosófico auditando la psique del asesino justiciero borrachín andarín. Tampoco un niño de 6 años compra una revista.