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Leer la pintura, Laneyrie-Dagen

Criterios y herramientas para analizar un cuadro y conocerlo en su contexto.

19 de octubre de 2020. Estandarte.com

Qué: Leer la pintura Autora: Nadeije Laneyrie-Dagen Editorial: Larousse Año: 2019 (de esta edición) Páginas: 274 Traducción: Rosó Gorgori Precio: 19,95 €

Leer la pintura, de Nadeije Laneyrie-DagenLeer la pintura regresa a las librerías en una nueva edición actualizada con la intención de ofrecer los conocimientos básicos y las claves para diseccionar un cuadro. Su autora es la profesora Nadeije Laneyre-Dagen, especialista en el Renacimiento en la Universidad de París, que en este trabajo minucioso y completísimo no deja ningún aspecto sin tratar y lo hace de forma que resulte atractivo al público general con un tono didáctico y divulgativo, cargado de ejemplos y apoyado en más de trescientas ilustraciones.

No se trata de un manual de historia de arte, aunque para explicar lo que quiere contar sí que necesita echar la mirada atrás, ordenar cronológicamente, buscar inicios y antecedentes… Todo ello con la vocación de ofrecer un compendio de herramientas (entre las que se encuentra la historia) que permitan, con el método adecuado, analizar cualquier cuadro. Para ello utiliza, según precisa en el prefacio el historiador del arte Josep Casamartina i Parassols, los criterios más generalizados entre historiadores, comisarios de exposiciones, conservadores o críticos.

La obra está organizada en siete grandes capítulos y de cada uno de ellos penden subcapítulos y epígrafes que ayudan a responder a cuestiones tan diversas como qué géneros existen, cómo se atribuye una obra que no ha sido firmada, cómo ha evolucionado el concepto de belleza a lo largo del tiempo, las diferencias entre los distintos estilos o –entre otras muchas– qué ha pasado con la figuración en el arte contemporáneo.

La intención de la autora es contribuir a la comprensión del lenguaje que crea la combinación de líneas y colores; enseñar a leer los motivos teniendo en cuenta el momento en que fueron creados. En definitiva, ampliar el espectro con datos relevantes, entrenar el ojo, pero no imponer un gusto. En este sentido, es muy interesante la conclusión del prefacio de Casamartina i Parassols: “Conocer todos estos detalles nos ayudará a disfrutar más de la contemplación de una obra de arte.

Pero no se trata de adquirir un código o unas claves por medio de las cuales podamos llegar a una lectura homogeneizada, y por lo tanto limitada, sino que todos estos conocimientos nos ayudarán a poder elaborar una reinterpretación personal, fruto de nuestra propia experiencia. En el ámbito de la percepción, tal como sucede en el mundo de lo creativo, en algunos momentos saber olvidar también puede ser interesante.”

En esa exhaustiva inspección sobre los distintos elementos que configuran un cuadro y su historia, Laneyre-Dagen va apoyándose en obras concretas y regala curiosidades –algunas “públicas” otras menos conocidas–. Señalamos dos ejemplos: la forma en la que Van Eyck puso su nombre en el espejo del retrato de los esposos Arnolfini (“La inscripción de dos líneas situada en la parte superior del espejo reza: «Johannes de Eyck fuit hic. 1434» –«Jan Van Eyck estuvo aquí», y la fecha–. En este caso no se trata de una firma propiamente dicha, sino más bien de un testimonio, un protocolo visual que convierte la imagen –el retrato de los esposos– en un acto oficial que sirve de alegato.”) o por qué determinados argumentos valen para restaurar unas pinturas y no para otras: en la capilla Brancacci, tras su limpieza, las figuras fueron desprovistas del taparrabo de hojas impuesto por el pudor en el siglo XVII, sin embargo en la capilla Sixtina el criterio fue otro: “Al pintar estos desnudos, Miguel Ángel provocó un escándalo del que se hicieron eco ciertos textos célebres, entre ellos una carta de Aretino, hecho que se saldó con la decisión del concilio de Trento (de la Reforma católica) de contratar los servicios de un pintor para que «cubriera» las partes consideradas «obscenas» (al artista, Daniele da Volterra, le valió el apodo de Braghettone). El episodio es tan conocido y tan revelador de las cuestiones de censura con las que tenían que enfrentarse los artistas que se decidió mantener las «bragas», o, como mínimo, algunas de ellas, como documentos históricos.” Con todos estos detalles, Laneyre-Dagen pretende ofrecer sólidos argumentos que prevalezcan sobre la mera intuición como fuente de análisis.    

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Leer la pintura, de Nadeije Laneyrie-Dagen

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