Pasión por leer. Pasión por escribir.

Portada > Noticias > El español, nuestro idioma > La hagiografía, de la luz sagrada al reproche político y literario

La hagiografía, de la luz sagrada al reproche político y literario

Un viaje filológico y cultural desde los altares medievales hasta el periodismo contemporáneo

15 de abril de 2026. Telmo de Rivas

Qué: La hagiografía

El lenguaje es un organismo vivo. No nos cansamos de repetirlo en Estandarte. Pocas palabras en el idioma español ilustran el fenómeno de la transmutación semántica con tanta elocuencia como el término "hagiografía".

Lo que durante siglos constituyó la cúspide de la literatura didáctica y la devoción monástica, ha sufrido en la modernidad un exilio conceptual. Hoy en día, pronunciar la palabra hagiografía en el periodismo o el debate historiográfico rara vez invoca la santidad; por el contrario, se dispara como un dardo peyorativo, una acusación velada de servilismo intelectual, falta de rigor y adulación desmedida.

 

Etimología y raíces morfológicas

La morfología del vocablo se sustenta en tres pilares etimológicos derivados del griego clásico:

 

La morfología del vocablo se sustenta en tres pilares etimológicos derivados del griego clásico: por un lado, ἅγιος (hagios, que significa santo o sagrado), el cual delimita el sujeto histórico excluyendo lo profano del relato; en segundo lugar, el verbo γράφειν (graphein, que se traduce como escribir o grabar), que representa la codificación del mito oral en la permanencia del texto; y, por último, el sufijo -ια (-ía, indicativo de cualidad o disciplina), que institucionaliza la práctica narrativa como una rama estructurada del conocimiento.

La síntesis arroja un significado prístino: la "historia de los santos". Su irrupción engendró términos afines como hagiógrafo (el artífice), lo hagiográfico o la hagiología. Su propósito fundacional era claro: inscribir en la memoria colectiva espejos de perfección inmaculada.

 

El dogma normativo y la calle: de la RAE a María Moliner

Históricamente, los diccionarios oficiales anclaron la definición a su dimensión devocional: "Historia de las vidas de los santos". Sin embargo, el Diccionario de uso del español de María Moliner revolucionó la lexicografía al negarse a redactar simples catálogos herméticos, abrazando los matices figurados que los hispanohablantes emplean a diario.

Esta presión del uso real de la calle y los medios de comunicación ha terminado por imponerse. Actualmente, el propio diccionario de la Real Academia Española (RAE) ya incluye oficialmente una segunda acepción que legitima su uso figurado, definiéndola como una "biografía excesivamente elogiosa".

 

La cuna clásica y el esplendor medieval

La hagiografía asimiló los engranajes de la biografía en la Antigüedad, fusionando el eje sintagmático (la sucesión cronológica de los hechos de una vida) con el eje paradigmático (un carácter inmutable manifestado a través de virtudes).

Durante la Edad Media, estos textos se convirtieron en la principal fuente de alfabetización y entretenimiento, diversificándose en cuatro tipologías:

Vidas (Vitae): relatos biográficos integrales.

Pasiones (Passiones): narrativas centradas en la tortura y ejecución de los mártires.

Milagros (Miracula): colecciones de intervenciones sobrenaturales.

Traslaciones (Translationes): descripciones sobre el hallazgo y traslado físico de reliquias, vitales para la economía de los monasterios.

 

El Concilio de Trento y el escalpelo bolandista

Con la Reforma Protestante, las compilaciones medievales fueron acusadas de ser cúmulos de supersticiones. La respuesta católica llegó tras el Concilio de Trento, cuando figuras como el jesuita Pedro de Ribadeneira instauraron la "hagiografía de autor". Ribadeneira depuró los relatos de elementos folclóricos, buscando autentificación historiográfica y ofreciendo un relato edificante.

Este esfuerzo encontró su madurez científica en el siglo XVII con los Bolandistas. Liderados por Jean Bolland, estos eruditos aplicaron por primera vez el rigor metodológico y la crítica textual a la hagiografía, identificando falsificaciones y convirtiendo estos textos en herramientas válidas para la historia social y antropológica.

 

La caída en desgracia: Annales y la política

El positivismo del siglo XIX, obsesionado con "lo que realmente sucedió", asestó el primer golpe a los prodigios hagiográficos. No obstante, su transmutación en un adjetivo peyorativo germinó en el siglo XX impulsado por la Escuela de los Annales. Historiadores como Marc Bloch denunciaron que la vieja historia política, carente de análisis estructural y dedicada a exaltar acríticamente a monarcas y generales, era pura "hagiografía".

Esta aversión alcanzó su paroxismo en la política. Regímenes totalitarios de la historia reciente produjeron apologías y biografías áulicas para justificar el poder, textos que la historiografía actual tiene que desmontar constantemente por considerarlos hagiografías complacientes.

 

El periodismo frente al mesianismo: el caso Steve Jobs

En el periodismo cultural moderno, la epistemología de un biógrafo riguroso es antagónica a la de un teólogo medieval: su objetivo es diseccionar el poder, no adorarlo.

Ningún caso ilustra esto mejor que la biografía de Steve Jobs, escrita por Walter Isaacson. Pese a que el fundador de Apple era considerado casi una deidad tecnológica, Isaacson declinó la tentación del bronce. Su libro fue unánimemente celebrado por la crítica literaria por desarticular conscientemente la hagiografía; en su lugar, retrató a un genio atravesado por el claroscuro, desnudando a un ser humano brillante pero asolado por la prepotencia y la frialdad. Una narración que oculta los fracasos pierde hoy su estatus de investigación y se rebaja a propaganda.

 

Conclusión

Despojada de su infalibilidad celestial por filólogos e historiadores, la palabra "hagiografía" encontró su nuevo hogar en el periodismo y la crítica cultural. Hoy constituye el estigma definitivo frente a la biografía sumisa, el panegírico del dictador o el publirreportaje empresarial. En la era moderna, la negación de la santidad narrativa es el acto supremo de respeto hacia la complejidad inagotable de la condición humana.

 

Comentarios en estandarte- 0