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El exordio: el arte de tejer la palabra y seducir al lector

Etimología, significado y uso del preludio discursivo en la literatura.

12 de mayo de 2026. Enrique Arias

Qué: ¿Qué es un exordio?

Todo acto de comunicación humana se enfrenta al gélido silencio inicial del receptor. En la majestuosa arquitectura del lenguaje, el umbral diseñado para quebrar ese mutismo recibe un nombre solemne: el exordio. Más que una simple introducción, el exordio constituye la pieza inaugural de la retórica clásica, cuya función primordial radica en la captatio benevolentiae; es decir, el esfuerzo estratégico por atraer la atención, justificar el uso de la palabra y preparar favorablemente el ánimo de los oyentes o lectores.

La arqueología de este término revela un viaje filológico fascinante. Se trata de un cultismo derivado directamente del latín exordium. Su disección morfológica expone el prefijo ex- (que denota un movimiento hacia fuera o exteriorización) y la raíz verbal ordiri (comenzar, entablar o urdir), complementados por el sufijo -io, que indica el resultado de dicha acción.

El aspecto más poético de su origen reside en que el verbo ordiri pertenecía originalmente a la jerga técnica de los tejedores de la Antigüedad. Designaba la acción física de disponer los hilos verticales en el telar para tensar la urdimbre, creando la base sobre la cual se formaría la tela. Por extensión metafórica, pronunciar un exordio es comenzar a tejer un discurso, proyectando los primeros hilos de la argumentación hacia el exterior para entrelazarlos con la mente del auditorio. Esta raíz proviene del protoindoeuropeo *ar-, que significa "ajustar y colocar", asociando eternamente el inicio del discurso con la creación artística y el orden.

 

Lexicografía: la cristalización del significado

Con el paso de los siglos, la metáfora del telar se sedimentó en los manuales académicos. La Real Academia Española (RAE) incorporó el término desde el fundacional Diccionario de Autoridades (1732), definiéndolo hoy bajo dos acepciones: de forma general, como el "principio, introducción, preámbulo de una obra literaria"; y de forma especializada, como la "primera parte del discurso oratorio".

Por su parte, la lexicografía descriptiva, representada por el Diccionario de uso del español de María Moliner, simplifica su definición despojándola de la carga histórica retórica, catalogándola de manera directa como "introducción o preámbulo". En el uso actual, se trata de un sustantivo masculino de registro eminentemente culto, ajeno al lenguaje coloquial y reservado para la crítica literaria, el derecho y la oratoria.

Para comprender su posición en el idioma, resulta indispensable observar cómo se relaciona y contrasta con otros vocablos de su constelación semántica, tales como introducción, preámbulo (frecuente en textos legales), prólogo (texto preliminar de un libro), prefacio, proemio, preludio (ámbito musical) y prolegómenos (preparativos extensos).

 

El exordio en la praxis literaria hispánica

La teoría gramatical adquiere verdadera resonancia cuando se examina a través de la pluma de grandes autores, quienes han empleado el término para capturar la psicología y la tensión que envuelven el inicio de cualquier acto comunicativo. A continuación, exponemos algunos fragmentos literarios en español que ilustran su vitalidad:

 

Emilia Pardo Bazán
La gota de sangre

«Me saludó con afectación de obsequiosidad, asegurando, por vía de exordio, que me amaba únicamente para pedirme que cambiásemos impresiones, puesto que, según afirmación del sereno, era yo el primero que había visto en el solar el cadáver.»

 

Quintiliano
Instituciones oratorias (Traducción clásica)

«Pues por lo que hace a esto, ¿por ventura no guardó, o por mejor decir, no estableció la ley de los exordios en los muy pocos versos que puso en el principio de uno y otro de sus poemas? Porque se hace benévolo al oyente con la invocación de las diosas que creían presidir a los poetas.»

 

Miguel de Unamuno
Carta abierta a Santiago Alba (1935)

«¡Soberbio exordio y confesión soberbia! Mete luego su lanceta en el tumor de esa peste luzbeliana —la tan mentada soberbia de Luzbel fue, como todas las soberbias, envidia— y dice aquello de: 'El hombre, o ha de ser invidioso o invidiado...'»

 

Benito Pérez Galdós
O'Donnell (Episodios Nacionales)

«...por dónde empezar; lo que pensó para exordio se le había escapado de la memoria. Rompió el galán el silencio y cortó la cortedad diciendo: 'Ya sé, ya sé...'. Y ella se turbó más. Sus primeras palabras, entregando al caballero sus dos manos, fueron de arrepentimiento.»

 

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