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Manuel Puig, el escritor destruido por la crítica y amado por los lectores

El autor de 'Boquitas pintadas' que desafió al establishment literario con su estilo popular y kitsch, lanzó el peor insulto imaginable contra Gabriel García Márquez.

06 de diciembre de 2025. Iván de la Torre

Qué: Biografía de Manuel Puig.

Manuel Puig fue uno de los escritores más importantes de Argentina desde la publicación de sus dos primeras novelas, sin embargo, sus colegas (con la excepción de Ricardo Piglia) siempre parecieron incapaces de perdonarle su inmenso éxito profesional.

Incluso Tomás Eloy Martínez, en la extensa crónica que le dedicó, no puede ocultar varios dardos envenenados contra su amigo: “La primera vez que oí hablar de Manuel Puig fue en el otoño argentino de 1967, cuando el editor catalán Carlos Barral me llamó por teléfono al semanario Primera Plana -del que yo era entonces jefe de redacción- para contarme que un ‘prodigioso escritor argentino’ había perdido por un margen de dos votos el premio de novela Biblioteca Breve. ‘Tu corresponsal en Nueva York debe entrevistarlo’, me dijo. ‘Lo encontrarán en las oficinas de Air France del aeropuerto Kennedy. Se llama Juan Puig y está allí, en la recepción, a la espera de que aparezca una estrella de cine’. Primera Plana no tenía corresponsales en Nueva York, pero uno de los redactores del semanario debía de todos modos pasar por las oficinas de Air France en Kennedy durante una escala a Europa. Una semana después envió lo que el semanario titularía Retrato del novelista desconocido. Puig era -escribió- un joven de estatura mediana, que se desplazaba por los pasillos del aeropuerto en cámara lenta. Había nacido a mediados de 1932 en General Villegas, una ciudad desértica de la provincia de Buenos Aires, y se había mudado a Buenos Aires en 1949 para estudiar arquitectura. La arquitectura, sin embargo, era sólo un desvío para llegar a su pasión verdadera, el cine”.

La traición de Rita Hayworth, de Manuel PuigEloy Martínez agregó: “Durante todas las noches de 1961 y 1962, Manuel escribió, casi en secreto, un guión sobre la inagotable voracidad de una familia por el cine. General Villegas se le fue transfigurando en una ciudad imaginaria, Coronel Vallejos, y él mismo, Juan Manuel, asumió la identidad de Toto, un niño que nunca crece y por el cual pasan, desbordadas, las habladurías del pueblo. Casi por inercia, el guión fue derivando en una novela, La traición de Rita Hayworth. A fines de marzo de 1965, cuando sintió que ya estaba terminada, se la dio a Juan Goytisolo. Fue él quien alentó la idea de enviar el manuscrito al concurso de Seix Barral. Seis meses después de aquella entrevista, Puig pudo instalarse por fin en Buenos Aires. Llegó desprendiéndose de su primer nombre, Juan”.

En esa primera novela ya está presente el estilo que caracterizaría a toda la obra del escritor al contar una historia usando todos los registros posibles, desde confesiones en primera persona hasta recortes de revistas o transcripciones de viejos seriales de cine.

Piglia fue quien mejor entendió el inmenso impacto de Puig en la literatura argentina: “Manuel fue más allá de la vanguardia; demostró que la renovación técnica y la experimentación no son contradictorias con las formas populares. Comprendió de entrada qué era lo importante en Joyce. Dijo: ‘Yo lo que tomé conscientemente de Joyce es esto: hojeé un poco Ulises y vi que era un libro compuesto con técnicas diferentes. Basta. Eso me gustó’. Por supuesto, ésa es toda la lección de Joyce, multiplicidad de técnicas y de voces, ruptura del orden lineal, atomización del narrador. Un escritor no tiene estilo personal. Escribe en todos los estilos, trabaja todos los registros y los tonos de la lengua”.

En La traición de Rita Hayworth aparece el discurso infantil de Toto (un alter-ego apenas disfrazado del propio Puig), el lenguaje directo y “varonil” de su primo Héctor, y la pasión por los chismes de Choli. Manuel reconocería que su capacidad para registrar voces tan diferentes había nacido en su ciudad natal, donde las charlas eran el principal atractivo de los vecinos: “Toda esa afición por lo oral me viene de mi origen provinciano. Allá en la provincia en los últimos 30 y en los 40 no había televisión y se conversaba mucho”.

Boquitas pintadas, de Manuel PuigInstalado definitivamente en Buenos Aires, el escritor comenzaría Boquitas pintadas (1968), su novela más famosa, una radiografía de la hipocresía, el machismo y la doble moral de su pueblo natal.

Eloy Martínez contó: “Todos los sábados, en mi casa de la calle Rodríguez Peña, nos reuníamos para leer los borradores del folletín que estaba escribiendo (y que debía llamarse Eras para mí la vida entera, según he descubierto en una de sus dedicatorias). Después, salíamos a caminar por Santa Fe o por Corrientes, sintiéndonos extraños en una ciudad a la que ninguno de los dos pertenecía... Escribía con una disciplina de hierro, a veces un par de horas por la mañana y cuatro a cinco por la tarde. Cuando estaba trabajando en los últimos capítulos de su folletín, se quedaba hasta las ocho o nueve de la noche y luego se iba a nadar”.

El inmenso éxito de la novela (que posteriormente sería llevada al cine) le permitiría a Puig dedicarse totalmente a escribir, pero también le generó un grave problema con su familia y sus antiguos vecinos, que se enfurecieron al verse retratados en una historia llena de engaños, estafas y embarazos no deseados.

Luisa Sdrubolini, amiga de Manuel, contó: “Coco (el seudónimo familiar de Puig), venia de un modelo de familia muy común en esa época en el que la figura del padre se presentaba muy fuerte, no desde los afectos sino desde la autoridad... Además, Puig era homosexual y eso no lo hacia -a ojos del pueblo- una figura socialmente presentable... Creo que, en el caso de los Puig, toda tenía que ver con el desencanto de un padre que había soñado otro hijo y no supo adaptarse al que la vida le dio. Eso a Coco lo marcó y formó con la mamá una especie de búnker, se refugiaban de los embates en el cine”.

Puig confesó: “Inconscientemente yo decidí que lo que veía en el cine era la realidad, que el mundo era así, porque yo lo comprendía y me sentía cómodo. En esa atmósfera había justicia. Las mujeres eran sometidas también, pero al final le llevaban a la tumba un ramo de flores grandes; alguien premiaba tanta paciencia y tanta tontería...”.

The Buenos Aires Affair, de Manuel PuigEn 1973, tras publicar The Buenos Aires Affair, su tercera novela, Manuel decidió exiliarse. Eloy Martínez explicó los motivos detrás de esta decisión: “Empezó a sentir que la Argentina no le hacía justicia. Había llegado más lejos que cualquier otro escritor de su generación, pero se lo trataba como a uno cualquiera. No quería aceptar que el país siempre había sido así, y que seguiría siéndolo. Cuando recuerdo los encuentros de aquellos años me parece volver a oír su inagotable amargura. Suponía que los críticos argentinos -tanto en los medios de prensa como en la universidad- consideraban su obra como un artificio menor, destinado a no perdurar sino a ser consumido y olvidado por el mercado. ‘Creen que soy un best-seller pasajero, no un escritor’, me dijo. ‘Lo mismo pasó con Roberto Arlt hace treinta años, y los que le cavaron la tumba son los mismos que ahora lo ensalzan’”.

Puig hizo una despiadada y mordaz crítica de sus colegas del “boom latinoamericano”, comparándolos con estrellas de cine para luego fulminarlos con una frase letal:

- Alejo Carpentier es Joan Crawford: “Tan fiera y esquinada”.

- Juan Carlos Onetti es Luise Rainier: “Tan, tan triste”.

- Julio Cortázar es Hedy Lamar: “Bella, pero fría y remota”.

- Carlos Fuentes es Ava Gardner: “El glamour la rodea, ¿pero puede actuar?”.

- Gabriel García Márquez es Liz Taylor: “Bella, pero con las patas cortas”.

Guillermo Cabrera infante consideró estos comentarios “la crítica literaria más brillante de la época”.

El beso de la mujer arañaManuel viviría durante las siguientes dos décadas en Estados Unidos, Brasil, Italia y México, manteniendo un mínimo contacto con otros artistas argentinos: “Cuando todos estaban en el exilio ninguno se interesó por mi suerte, nunca. Sobreviví con mis medios. Quizá fue demasiado fuerte el rechazo que sentí. Sobre el eco de mi obra le diré una cosa y no me va a creer. Desde hace dos años El beso de la mujer araña circula libremente y sin embargo no salió ni siquiera un comentario. Con Alfonsín la censura no existe más, pero no se escribió una sola línea para un libro que ha suscitado tantas reacciones, positivas y negativas en tantos países del mundo”.

Pubis angelical, de Manuel PuigEn esos años de viajes e intrigas literarias, Manuel publicaría cinco novelas fundamentales: El beso de la mujer araña (1976), Pubis angelical (1979), Maldición eterna a quien lea estas páginas (1981), Sangre de amor correspondido (1982) y Cae la noche tropical (1988).

Piglia, el mejor crítico de Puig, sintetizó el trabajo que su colega realizó en sus nuevas ficciones: “La voluntad documental e hiperrealista de Puig se resuelve con una innovación técnica que lo coloca en la mejor dirección experimental de la narrativa contemporánea. Puig comienza a usar el grabador y la transcripción de una voz y de una historia verdadera a la que somete a un complejo proceso de ficcionalización. Valentín Arregui en El beso de la mujer araña; Pozzi en Pubis angelical; Larry en Maldición eterna a quien lea estas páginas. Son personajes y vidas reales a las que Puig contrapone una voz ficcional que dialoga y las enfrenta: Molina, el preso homosexual en El beso de la mujer araña; Ana, la muchacha que se muere de cáncer en Pubis angelical; el viejo enfermo y paralítico en Maldición eterna a quien lea estas páginas. Ese contraste (exasperado hasta el límite en la magnífica Maldición eterna a quien lea estas páginas, la mejor novela de Puig desde La traición de Rita Hayworth) crea un extraño desplazamiento: Puig ficcionaliza lo testimonial y borra sus huellas”.

Maldición eterna a quien lea estas páginas, de Manuel PuigPiglia cierra su ensayo con una evaluación excelente sobre la principal motivación detrás de la obra de su colega: “El gran tema de Puig es el bovarismo. El modo en que la cultura de masas educa los sentimientos. El cine, el folletín, el radioteatro, la novela rosa, el psicoanálisis: esa trama de emociones extremas, de identidades ambiguas, de enigmas y secretos dramáticos, de relaciones de parentesco exasperadas sirve de molde a la experiencia y define los objetos de deseo. Ha sabido aprovechar las formas narrativas implícitas en ese saber estereotipado y difuso”.

Cae la noche tropical, de Manuel PuigManuel Puig falleció el 22 de julio de 1990, en México.

Su amigo Eloy Martínez confesó: “Sus frases me volvieron a la memoria el aciago 23 de julio de 1990, cuando leí en The New York Times la necrología de Puig, que había muerto la madrugada anterior en Cuernavaca. Definía su obra como una muestra de ‘realismo experimental, oscuro y elusivo como el de William Faulkner’. Creo que esa definición le hubiera gustado”.

 

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