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Jean de La Fontaine, el maestro de la fábula y retratista del alma humana

Un viaje por la vida, las influencias y el legado del poeta francés que revolucionó la literatura moral a través de los animales.

17 de julio de 2026. Berta Nacimiento Arteaga

Qué: Biografía de Jean de La Fontaine.

Jean de La Fontaine es, indiscutiblemente, una de las figuras más deslumbrantes y populares del clasicismo francés del siglo XVII. Aunque su genio abarcó diversos géneros —desde el teatro hasta los cuentos licenciosos—, la historia universal de la literatura europea le ha reservado un sillón de honor por sus fábulas.

Con una pluma aguda, irónica y dotada de una musicalidad excepcional, La Fontaine se sirvió de los animales para diseccionar los vicios, las virtudes y las contradicciones de la sociedad cortesana de su tiempo. Su obra, lejos de ser un mero entretenimiento infantil, esconde un profundo pesimismo filosófico y un retrato implacable de la condición humana.

 

Infancia y primeros años

Jean de La Fontaine nació el 8 de julio de 1621 en Château-Thierry, en la región de Champaña, en el seno de una familia burguesa acomodada. Su padre, Charles de La Fontaine, ejercía como inspector de aguas y bosques (maître des Eaux et Forêts), un cargo que más tarde el propio Jean heredaría, aunque con escaso entusiasmo.

Su juventud transcurrió entre su ciudad natal y París. Atraído brevemente por la vida religiosa, ingresó en el oratorio a los veinte años, pero pronto descubrió que la teología no era su vocación. Abandonó los hábitos y se licenció en Derecho en 1649. En 1647, por imposición paterna, contrajo matrimonio con Marie Héricart, una joven de apenas catorce años con la que nunca llegó a entenderse bien. La pareja vivió separada de facto durante la mayor parte de sus vidas, lo que permitió al poeta llevar una existencia más acorde a su espíritu libre, bohemio y hedonista en los salones parisinos.

 

Evolución como escritor

La Fontaine fue un autor de vocación tardía. Su primer trabajo literario, El eunuco (1654), una adaptación de la comedia de Terencio, pasó desapercibido. Su verdadera entrada en la escena literaria se produjo cuando logró el mecenazgo de Nicolas Fouquet, el poderoso y riquísimo superintendente de finanzas de Luis XIV. Fouquet, un gran protector de las artes, le otorgó una pensión a cambio de poemas regulares.

La caída en desgracia y posterior encarcelamiento de Fouquet en 1661 supuso un duro golpe para el poeta, quien, mostrando una rara lealtad en la corte, defendió a su mecenas publicando la Elegía a las ninfas de Vaux. Este gesto le valió la antipatía vitalicia del Rey Sol. Obligado a buscar nuevos protectores, La Fontaine se refugió bajo el amparo de aristócratas como la duquesa de Bouillon y, posteriormente, durante más de veinte años, en la casa de la intelectual Madame de La Sablière.

En este ambiente de salones refinados, La Fontaine pulió su estilo, pasando de la poesía galante a la madurez de su narrativa en verso.

 

Influencias en su obra

El genio de La Fontaine no consistió en inventar historias, sino en transmutarlas. Su principal fuente de inspiración provino de la Antigüedad clásica; fue un estudioso y admirador de las fábulas de Esopo y Fedro, así como de la filosofía de Epicuro y la poética de Horacio.

Para sus obras más subidas de tono, bebió del Renacimiento italiano, en especial del Decamerón de Boccaccio y de Ariosto, así como del realismo irónico de Rabelais. A partir de 1678, durante la publicación de su segunda colección de fábulas, sus horizontes se expandieron hacia Oriente. Confesó haberse inspirado en el sabio indio Pilpay (el Panchatantra), incorporando un tono más meditativo, filosófico y menos centrado en la corte francesa, para abordar reflexiones existenciales universales.

 

Principales obras publicadas

Aunque su catálogo es extenso, destacan tres grandes obras que jalonan la biografía del autor

 

Cuentos y relatos en verso, de La FontaineCuentos y relatos en verso (Contes et nouvelles en vers, 1665)

El primer gran éxito popular de La Fontaine no fueron sus narraciones con moraleja, sino esta colección de cuentos de tono subido, libertino y anticlerical. Inspirándose en Boccaccio y en los fabliaux (cuentos cómicos en verso) medievales, el autor despliega aquí un humor pícaro y una maestría asombrosa en el manejo del verso libre. Aunque el libro fue un éxito rotundo en los salones parisinos y le otorgó gran notoriedad, también generó el rechazo de los moralistas de la corte de Luis XIV. La obra acabó siendo censurada, marcando al poeta con una fama de libertino que lastraría sus intentos de entrar en instituciones oficiales durante años.

 

Fábulas, de La FontaineFábulas (Fables choisies, mises en vers, 1668 / 1678 / 1693)

Considerada su obra cumbre y uno de los monumentos de la literatura francesa. La Fontaine publicó estas fábulas en tres entregas a lo largo de 25 años. A través de un zoológico inolvidable (el lobo, el cordero, el zorro, el león, la hormiga), traza un mapa psicológico de la Francia absolutista. A diferencia de las fábulas clásicas secas y directas, La Fontaine introduce el diálogo teatral, descripciones líricas y un verso de longitud variable que imita el ritmo de la acción. La moraleja a menudo esconde una mirada cínica y pragmática sobre el poder: el pez grande siempre se come al chico, y la hipocresía es moneda de cambio.

 

Los amores de Psique y Cupido (Les Amours de Psyché et de Cupidon, 1669)

En esta obra híbrida que alterna prosa y verso, La Fontaine adapta el célebre mito narrado por Apuleyo en El asno de oro. El libro se aparta de la rígida estructura de sus demás creaciones para ofrecer una narrativa enmarcada en una conversación entre cuatro amigos (que se supone representan al propio La Fontaine junto a sus contemporáneos Molière, Racine y Boileau) paseando por los jardines de Versalles. Es un texto profundamente estético donde reflexiona sobre la naturaleza del amor, el dolor, la belleza y los límites del arte, demostrando su profunda erudición y su capacidad para la literatura puramente galante y mitológica.

 

Su principal reconocimiento: ser miembro de la Académie Française

Debido al carácter licencioso de sus primeros cuentos y a su conocida lealtad al caído Fouquet, Luis XIV bloqueó sistemáticamente el acceso de La Fontaine a los círculos de honor. No obstante, su indiscutible peso literario obligó a las élites a ceder. En 1684, fue finalmente elegido miembro de la prestigiosa Académie Française, ocupando el asiento número 24 (el mismo que había dejado vacante Colbert, uno de los artífices de la caída de su querido Fouquet).

Para que el rey aprobase su nombramiento, La Fontaine tuvo que prometer públicamente que en el futuro solo escribiría "obras serias".

 

Últimos años y muerte

Tras la muerte de su gran protectora, Madame de La Sablière, en 1693, un envejecido y mermado La Fontaine fue acogido por el matrimonio d'Hervart. Aquejado por una grave enfermedad a finales de 1692, experimentó una profunda crisis espiritual. Azuzado por un joven confesor, el poeta renegó públicamente de sus Cuentos y relatos en verso e incluso quemó el manuscrito de una obra teatral inédita en señal de contrición.

Jean de La Fontaine falleció el 13 de abril de 1695 en París, a la edad de 73 años. Al preparar su cuerpo para el entierro, sus allegados descubrieron, con estupor, que el otrora poeta libertino y hedonista llevaba puesto un cilicio bajo la ropa como instrumento de penitencia. Fue enterrado inicialmente en el Cementerio de los Santos Inocentes; en 1817, durante la Restauración, sus restos (junto con los de Molière) fueron trasladados con grandes honores al célebre cementerio de Père-Lachaise, donde hoy reposan.

 

Importancia de sus obras y legado

El legado de La Fontaine es fundamental. Sacó a la fábula de su condición de "subgénero" didáctico para elevarla a la categoría de gran poesía. Gustave Flaubert afirmó que La Fontaine fue el único poeta francés anterior al siglo XIX que comprendió y dominó plenamente las estructuras de la lengua francesa.

Su impacto no se reduce a la academia; ha penetrado en el acervo cultural de manera asombrosa. Generaciones de escolares franceses han memorizado sus versos, convirtiendo expresiones de sus fábulas en proverbios de uso diario. Sus textos retratan la inmutabilidad de la naturaleza humana: la lisonja, el abuso de poder, la envidia y la ingenuidad que el poeta observó en la corte de Luis XIV siguen siendo aplicables a la política y la sociedad contemporáneas.

 

10 de sus mejores citas y frases

El genio de La Fontaine cristaliza en la contundencia de sus moralejas. Aquí recopilamos diez de sus citas literales más brillantes:

"La razón del más fuerte es siempre la mejor." (De la fábula El lobo y el cordero)

"Paciencia y tiempo hacen más que la fuerza o la violencia." (De la fábula El león y el ratón)

"De nada sirve correr; lo que importa es partir a tiempo." (De la fábula La liebre y la tortuga)

"Todo adulador vive a expensas de quien lo escucha." (De la fábula El cuervo y el zorro)

"La obra maestra es la que prueba al artesano." (De la fábula Los avispones y las abejas)

"Un 'toma' vale más que dos 'te daré'." (De la fábula El pececillo y el pescador)

"La avaricia lo pierde todo por querer ganarlo todo." (De la fábula La gallina de los huevos de oro)

"Ayúdate, que el Cielo te ayudará." (De la fábula El carretero atascado)

"Amor, amor, cuando nos tienes, bien podemos decir: adiós, prudencia." (De la fábula El león enamorado)

"Estómago hambriento no tiene oídos." (De la fábula El milano y el ruiseñor)

 

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