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Escritores en Hollywood: maltratos, humillaciones y sueldos millonarios
Tentados con sueldos altísimos y la posibilidad de llegar a un nuevo público, recibieron un trato infame.
15 de julio de 2026. Iván de la Torre
Qué: Escritores en Hollywood.
Ante la falta de ingresos generados por sus novelas y cuentos, muchos autores decidieron probar suerte en el mundo del cine, donde fueron tentados con sueldos altísimos y la posibilidad de llegar a un nuevo público; sin embargo, el trato que recibieron por parte de directores, productores y dueños de los grandes estudios fue, en la mayoría de los casos, infame.
El horror de estar contigo
William Faulkner, uno de los escritores más importantes del mundo, trabajó en Hollywood para sostener una producción literaria que le daba mucho prestigio, pero poco dinero; clásicos como Luz de agosto, Mientras agonizo, Santuario, El Sonido y la furia (posiblemente una de las mejores novelas de todos los tiempos) y Absalón, Absalón fueron publicados mientras trabajaba como guionista en films como Tener o no tener y El sueño eterno.
Tras ganar el Premio Nobel de Literatura, Faulkner aseguró que escribir guiones no había afectado su producción literaria: “Nada puede perjudicar la obra de un hombre si éste es un escritor de primera, nada podrá ayudarlo mucho. El problema no existe si el escritor no es de primera, porque ya habrá vendido su alma por una piscina”.
A diferencia de él, su colega y contemporáneo Francis Scott Fitzgerald lo pasó realmente muy mal porque nunca logró adaptarse a Hollywood y sintió que, tras el inmenso éxito que había conseguido con sus cuentos y novelas sobre “la era del jazz”, directores y productores lo maltrataban sin reconocer su talento.
Con su mujer internada en una clínica psiquiátrica y su hija yendo a un costoso colegio privado, el escritor no podía renunciar a su trabajo como guionista y debía soportar las constantes humillaciones a las que lo sometían los dueños de los grandes estudios; como venganza, Fitzgerald escribió una serie de relatos protagonizados por Pat Hobby, su alter-ego, un fracasado y alcohólico autor que sobrevive corrigiendo guiones escritos por otros, sabiendo que nunca más aparecerá su nombre en una película.
Dashiell Hammett llegó a Hollywood gracias al éxito de sus novelas Cosecha roja y El halcón maltés, que reformularon el género policial al descartar la versión inglesa, basada en un enigma que era solucionado por un aficionado hábil y extravagante, para contar historias llenas de violencia, protagonizadas por hombres y mujeres que parecían sacados directamente de las páginas de los diarios.
Como guionista, trabajó en films como Las calles de la ciudad, Mr. Dinamyte, Woman in the dark y Watch on the Rhine, pero nunca pareció tomarse demasiado en serio su labor y prefería pasar su tiempo libre emborrachándose con su amigo William Faulkner.
Raymond Chandler, el otro gran referente de la nueva novela policial norteamericana, tuvo una actitud diferente y, como Fitzgerald, nunca supo manejarse en el mundo del cine.
Su primer trabajo en Hollywood fue escribir el guion de Double Indemnity junto a Billy Wilder, quien además dirigiría el film, pero la relación terminó de la peor manera, con el escritor enviando un memorándum a los dueños del estudio que lo había contratado para denunciar las “humillaciones” a las que lo sometía el director: “El señor Wilder no debe dar al señor Chandler ordenes de naturaleza arbitraria como ‘Ray, quieres abrir esa ventana?’ o ‘Ray, ¿quieres cerrar esa puerta, por favor?’”.
Posteriormente, Chandler trabajó con Alfred Hitchcock en un guion basado en la novela Extraños en el tren, de Patricia Highsmith, pero volvió a tener problemas. El director inglés recordó su conflicto con el guionista: “Nos sentábamos y yo decía: '¿porque no hacerlo de esta manera?', y Ray contestaba: 'Bueno, si se le ocurre una razón, ¿para qué me necesita?”.
Norman Mailer, al igual que Fitzgerald, tuvo un inmenso éxito con su primera novela, Los desnudos de los muertos, que retrataba de manera brutal la Segunda Guerra Mundial, pero sus siguientes obras fracasaron y se vio obligado a trabajar para el cine, donde se sintió usado, maltratado y humillado, algo imperdonable para un escritor con un ego inmenso que, en más de una ocasión, expresó su deseo de convertirse en presidente de Estados Unidos: “Intenté trabajar en Hollywood por un tiempo. Me esforcé para lograrlo: quería amasar experiencia con destino para una novela, y por ello buscaba triunfar en el cine para obtener la más rica experiencia novelística. Pero no era yo un triunfador: había algo, en el proceso de redactar libretos, que no se ajustaba a mis reflejos”.
En realidad, la queja de Mailer había sido expresada, mucho tiempo antes, por Chandler, en su artículo Escritores en Hollywood: “No hay al presente el más mínimo indicio de que el autor de Hollywood tenga miras de adquirir un control real sobre su trabajo, algún derecho a elegir lo que ese trabajo ha de ser, o aún el derecho de decidir cómo se ejecutarán los aspectos meritorios del trabajo escogido por el productor. No hay al presente ninguna garantía de que sus mejores líneas, sus mejores ideas, sus mejores escenas no hayan de ser omitidas del set por el director, o dejadas caer al piso en el posterior proceso de eliminación”.
Stephen King, posiblemente el autor que más veces ha sido llevado al cine, habló sobre su propia experiencia en Hollywood: “Resulta difícil comprender como es posible que llegue a hacerse algo de calidad -un Alien, un A place in the sun, un Breaking away-. Como en el ejército, la primera norma de los estudios es CYS, Cover Your Ass (Protégete el culo). Cualquier decisión crítica debe consultarse al menos con media docena de personas, de modo que al final sea el trasero de algún otro el que acabe yéndose a paseo si la película es un fracaso y acaban en el inodoro veinte millones de dólares. Los autores se merecen un trato justo y, vale, siempre me he dicho a mí mismo que no puedo entender por qué un cineasta quiere gastar un millón de dólares en un libro y luego hacer algo que se parece muy poco a ese libro. La película ideal... el escritor que recibió el trato más justo que yo conozco fue Ira Levin. Escribió una novela llamada El bebé de Rosemary. Y esa película es el libro. Hasta el punto de que puedes decirle a la gente que, si has visto la película, no necesitas leer el libro”.
Comentarios en estandarte- 3
1 | Luz María Mikanos
06-04-2025 - 02:15:07 h
Impresionante artículo que no sé cómo se me escapó de leer y recién veo. Un gran y detallado lujo de narración. Gracias!
2 | Ivan
06-04-2025 - 23:20:04 h
Siempre atenta a mis artículos! Gracias por tu apoyo, Luz!!!
3 | Ivan
07-04-2025 - 21:51:54 h
Hola, Luz, gracias por tu lectura y por tu entusiasmo!