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Clifford Donald Simak: el granjero que brilló en la ciencia ficción

Lo hizo durante más de 5 décadas e inspiró a Isaac Asimov.

14 de mayo de 2024. Iván de la Torre

Qué: Biografía de Clifford Donald Simak

Clifford D. Simak (1904-1988) fue uno de los escritores centrales de la ciencia ficción norteamericana durante cincuenta años. Tras graduarse de la universidad y trabajar durante varios años como periodista, Simak publicó El mundo del sol rojo, su primer relato, en 1931, al que siguieron, el año siguiente, cuatro cuentos más: Motín en Mercurio, La voz del vacío, Cancerberos del Cosmos y El asteroide de oro.

Esta primera etapa, concentrada en historias llenas de acción con un final sorprendente, pero poca profundidad, se cerró con el cuento El Creador, publicado en 1935.

Cuando John W. Campbell se hizo cargo de la revista Astounding, promoviendo la revitalización del género de la mano de una nueva generación de autores, Simak se convirtió en una de sus grandes estrellas, publicando relatos como Regla 18 (sobre el enfrentamiento futbolístico entre la Tierra y Marte); Muerte por hambre (el drama de granjeros de Iowa y sus problemas para adaptarse a Venus); y Reunión en Ganímedes (sobre el reencuentro entre soldados de Marte y la Tierra tras el conflicto que los enfrentó).

Por pedido expreso de Campbell, Simak escribió Ingenieros cósmicos (1939), una novela que incluía una civilización de robots, científicos en animación suspendida y viajes en el tiempo, pero nunca se sintió cómodo con ese material porque “tenía que ser grandioso a mi pesar”.

El escritor volvió a la escala humana que le interesaba con su cuento Corazonada (1943), sobre un sitio donde las personas quebradas por la presión de vivir en una sociedad hiperdesarrollada pueden recuperarse: «¡Santuario! Algo donde la raza se había apoyado, con lo que había contado; la seguridad de una curación, un refugio contra la locura que corría por los mundos. Algo que era casi Dios. Algo que era amigo de la gente, una mano firme que sostiene en la oscuridad. Era algo que estaba ahí, estaría siempre ahí, una luz brillante en un mundo turbado, un consuelo, algo que no cambiaría nunca, algo a lo que aferrarse».

Ciudad, de Clifford D. SimakDesde ese momento, con su estilo personal ya consolidado, el escritor produjo una gran cantidad de material de primer nivel, incluyendo sus dos novelas más famosas: Ciudad (1952) y Estación de tránsito (1963).

Lo que caracteriza a estas obras (y ya aparece sintetizado en Corazonada) es un profundo humanismo, con personajes que carecen del gigantismo de otros autores influidos por Campbell como Asimov o Clarke.

Ciudad está compuesta por ocho relatos interconectados que muestran como los seres humanos abandonan la Tierra para instalarse en Júpiter, dejando el planeta en manos de perros inteligentes y robots sirvientes.

Simak reveló: “La novela se escribió como reacción ante los asesinatos en masa y una protesta contra la guerra. También se escribió como una especie de anhelo. Era la creación de un mundo tal y como yo creía que debería ser. La novela está llena de la gentileza, la bondad y el valor que yo creía necesarios en el mundo. Y era nostálgico a causa de mi nostalgia por el mundo que habíamos perdido y no volveríamos a tener. Hice de los robots y los perros la clase de gente con la que me gustaría vivir. Y el punto vital es ese: que tenían que ser perros o robots, porque las personas no eran así”.

Estación de tránsito, de Clifford Donald SimakEstación de tránsito recupera al tradicional hombre de campo, sabio y práctico, que caracteriza gran parte de la obra de Simak: Enoch Wallace vive en un valle de las montañas de Wisconsin, donde se encarga de recibir en secreto a los alienígenas que viajan a través de toda la galaxia.

Los extraterrestres se materializan, descansan durante unas horas y luego su anfitrión los envía hasta su siguiente destino, sin que nadie sospeche nada gracias al aislamiento de la granja.

Dentro de la casa, transformada por la tecnología alienígena, no transcurre el tiempo, sólo cuando Enoch sale al exterior envejece, lo que le permite lucir como si tuviera 30 años, aunque ya superó el siglo de vida.

Tras el éxito de estas dos obras, Clifford siguió escribiendo y, hasta su muerte en 1986, publicó novelas como Caminaban como hombres (1963), Toda la carne es hierba (1965), Los hijos de nuestros hijos (1973), El planeta de Shakespeare (1976), Herencia fatídica de estrellas (1977) y La autopista de la eternidad (1986); y cuentos como La gruta del ciervo danzante, que ganó en 1981 los dos premios más importantes de la ciencia ficción: el Nébula y el Hugo.

Brian W. Aldiss escribió una excelente evaluación sobre el trabajo de su colega usando el humor sardónico que lo caracterizaba: “Simak era el autor favorito de todos. Una historia de Simak era inconfundible. Cuando todos los demás parecían estar describiendo grandes héroes duros que salían y daban excusas a las razas alienígenas, Simak te hablaba de este pequeño y viejo hombre de la Tierra sentado en su terraza, tallando un palo cuando aparece este tipo verde. El tipo verde tiene una máquina grande y divertida que descendió del cielo. Los dos se ponen a hablar, y el hombrecito terrestre toma una lata de aceite y arregla la divertida gran máquina del hombre verde y, a cambio, este tipo verde hace que las cosechas del pequeño hombre de la Tierra crezcan mucho mejor que las de su vecino”.

Isaac Asimov, un autor poco inclinado a alabar a los demás, confesó en sus memorias: “Imité su estilo sencillo y claro. Creo que lo he logrado en cierta medida y que esto ha mejorado muchísimo mi forma de escribir. Es el tercero de los tres que me formaron en mi carrera literaria. John Campbell y Fred Pohl lo hicieron por precepto y Cliff Simak con su ejemplo. He contado tantas veces esta historia que Cliff, un individuo sumamente modesto, me preguntó bastante avergonzado si algún día dejaría por fin de elogiarle. Le respondí con una sola palabra: ‘¡Nunca!’”.

El propio Simak, hablando de su trabajo, reconoció: “En general, he escrito de manera tranquila; hay poca violencia en mi trabajo. Mi atención se ha centrado en las personas, no en los acontecimientos. La mayoría de las veces he tocado una nota esperanzadora... En ocasiones, he intentado hablar en favor de la decencia y la compasión, de la comprensión, no sólo en el sentido humano, sino también en el cósmico. En ocasiones he tratado de poner a los humanos en perspectiva frente a la inmensidad del tiempo y el espacio universales. Me ha preocupado cuál puede ser nuestro propósito en el esquema universal, si tenemos un propósito. En general, creo que lo tenemos, y tal vez uno importante”.

 

Comentarios en estandarte- 5

1 | Luz María Mikanos 14-05-2024 - 15:49:50 h
Una capacidad de aquellas! Gracias por recordarlo! Para mí es un gran ídolo!

2 | Luz María Mikanos 15-05-2024 - 03:10:55 h
Es super genial este artículo, realmente admiro mucho a este autor, en su capacidad y su superación y además x ser inspiración para otros escritores.

3 | Ivan 15-05-2024 - 17:43:24 h
Muchísimas gracias por tus comentarios, Luz, es hermoso que me leas y entiendas tan bien. Abrazo!

4 | Mario Endrizzi 18-05-2024 - 11:37:24 h
Leí Estación de Tránsito, que en los 80 formaba parte de la colección de libros azules de ciencia ficción de Hyspamérica. Una obra muy bella, emotiva y algo triste. Simak fue un gran artista. Gracias por recordarlo!!!

5 | Ivan 01-07-2024 - 17:34:48 h
Muchas gracias por tu comentario, Mario, yo también leí esa gran colección azul, donde estaban clásicos como "Ubik" y "El hombre en el castillo" de Philip K. Dick