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César Vallejo; tres poemas, tres épocas

Un paseo por el alma y la palabra de un poeta inolvidable.

19 de noviembre de 2022. Estandarte.com

Qué: Poemas de César Vallejo

Selección de poemas de César VallejoInventor de palabras, creador de nuevas imágenes que dibujan dolor, muerte, recuerdos, cotidianidad, humanidad creciente… Renovador, modernista, vanguardista, mago de la palabra, rompedor en forma y estilo, capaz de convertir lo sencillo en profundo, este es Cesar Vallejo (1892-1938), uno de los máximos poetas en lengua hispana, que empezó su vida en un pueblo de los Andes peruanos y la terminó 46 años después en París.

Una vida la suya corta en tiempo, pero larga en intensidad: la de un hombre que sintió al hombre y sus penalidades; la de un poeta que absorbió y renovó los estilos.

Así pasó de la superación del Modernismo, en su primer libro, Los heraldos negros (el mismo título lleva el poema elegido), a la ruptura de las formas tradicionales que adjetiva su segundo libro, Trilce, para llegar con una enorme carga de sentimiento a Poemas humanos, su último libro, su gran obra, donde refleja su inquietud y su cercanía al dolor ajeno.

Estos tres poemas son una invitación a sentarse, leer o releer, siempre despacio, a César Vallejo para pensar, percibir, absorber su riqueza interior y acercarnos a lo que él sintió al escribir sus poemas

Los heraldos negros

Hay golpes en la vida, tan fuertes… Yo no sé!
Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos,
la resaca de todo lo sufrido
se empozara en el alma… Yo no sé!

Son pocos; pero son… Abren zanjas oscuras
en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte.
Serán tal vez los potros de bárbaros Atilas;
o los heraldos negros que nos manda la Muerte.

Son las caídas hondas de los Cristos del alma
de alguna fe adorable que el Destino blasfema.
Esos golpes sangrientos son las crepitaciones
de algún pan que en la puerta del horno se nos quema.

Y el hombre… Pobre… pobre! Vuelve los ojos, como
cuando por sobre el hombro nos llama una palmada;
vuelve los ojos locos, y todo lo vivido
se empoza, como charco de culpa, en la mirada.

Hay golpes en la vida, tan fuertes… Yo no sé!

Trilce LXII

Alfombra
Cuando vayas al cuarto que tú sabes,
entra en él, pero entorna con tiento la mampara
que tánto se entreabre,
cása bien los cerrojos, para que ya no puedan
volverse otras espaldas.

Corteza
Y cuando salgas, di que no tardarás
a llamar al canal que nos separa:
fuertemente cojido de un canto de tu suerte,
te soy inseparable,
y me arrastras de borde de tu alma.

Almohada
Y sólo cuando hayamos muerto ¡quién sabe!
Oh nó. Quién sabe!
entonces nos habremos separado.
Mas si, al cambiar el paso, me tocase a mí
la desconocida bandera, te he de esperar allá;
en la confluencia del soplo y el hueso,
como antaño,
como antaño en la esquina de los novios
ponientes de la tierra.

Y desde allí te seguiré a lo largo
de otros mundos, y siquiera podrán
servirte mis nós musgosos y arrecidos,
para que en ellos poses las rodillas
en las siete caídas de esa cuesta infinita,
y así te duelan menos.

Considerando en frío, imparcialmente

Considerando en frío, imparcialmente,
que el hombre es triste, tose y, sin embargo,
se complace en su pecho colorado;
que lo único que hace es componerse
de días;
que es lóbrego mamífero y se peina…

Considerando
que el hombre procede suavemente del trabajo
y repercute jefe, suena subordinado;
que el diagrama del tiempo
es constante diorama en sus medallas
y, a medio abrir, sus ojos estudiaron,
desde lejanos tiempos,
su fórmula famélica de masa…

Comprendiendo sin esfuerzo
que el hombre se queda, a veces, pensando,
como queriendo llorar,
y, sujeto a tenderse como objeto,
se hace buen carpintero, suda, mata
y luego canta, almuerza, se abotona…

Considerando también
que el hombre es en verdad un animal
y, no obstante, al voltear, me da con su tristeza en la cabeza…

Examinando, en fin,
sus encontradas piezas, su retrete,
su desesperación, al terminar su día atroz, borrándolo…

Comprendiendo
que él sabe que le quiero,
que le odio con afecto y me es, en suma, indiferente…

Considerando sus documentos generales
y mirando con lentes aquel certificado
que prueba que nació muy pequeñito…

le hago una seña,
viene,
y le doy un abrazo, emocionado.

¡Qué más da! Emocionado… Emocionado…

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