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Bertolt Brecht: ocho poemas de amor

Voces que hablan de ausencia, entrega, recuerdos…

11 de septiembre de 2020. Estandarte.com

Qué: Bertolt Brecht, ocho poemas en torno al amor 

En la poesía del gran dramaturgo y poeta que es Bertolt Brecht (Augsburgo, Alemania, 1898-Berlín, 1956), cabe todo: soldados, exiliados, perseguidos, criadas, campesinos, prostitutas, obreros, escritores, niños…; la lucha, el amor, la emigración, el deseo, la pena, la rabia, el trabajo, los objetos… Su carácter, rebelde, activista, luchador, perseguido y exiliado, impregna lo que escribe y contra lo que escribe –la burguesía, el conformismo, la Alemania nazi o la guerra–. Y lo hace manteniendo la tensión entre la belleza y la idea, la crítica social y la fantasía, la estética y los ideales, la cercanía y el distanciamiento. Todo esto lo vemos en su teatro (recomendable volver la vista a Madre Coraje y sus hijos –su obra maestra–, Un hombre es un hombre, La ópera de tres centavos, Terror y miseria del Tercer Reich, La vida de Galileo o El irresistible ascenso de Arturo Ui) y, cómo no, en sus poemas. Elegir unos u otros no ha sido tarea fácil: el último leído parece el mejor, seguimos, otro más, volvemos atrás, ¿qué hacer? Aquí no caben todos, entonces, ¿por qué no optar por un tema concreto?, y topamos con el amor: el que se paga y el que se da, el de las distintas caras, las tiernas y las duras, el del dolor, el deseo o  el placer. Esa ha sido la solución, aun así, no hemos podido resistir la tentación de traer aquí los primeros versos de otro poema que nos habla de algo tan dramático y actual como es la emigración. Se llama Sobre la denominación de emigrantes y empieza así:” Siempre me pareció falso el nombre que nos han dado: emigrantes. / Pero emigración significa éxodo. Y nosotros /no hemos salido voluntariamente / eligiendo otro país. Ni inmigramos a otro país / para en él establecernos, mejor si es para siempre. / Nosotros hemos huido. Expulsados somos, desterrados. / Y no es hogar, es exilio el país que nos acoge. […]”

 

Canción de una amada

1. Lo sé, amada: ahora se me cae el pelo por mi vida salvaje,
y me tumbo en las piedras. Me veis beber el aguardiente más
barato, y camino desnudo al viento.

2. Pero hubo un tiempo, amada, en que fui puro.

3. Tuve una mujer que era más fuerte que yo, como la hierba
es más fuerte que el toro: se vuelve a erguir.

4. Ella vio que yo era malo, y me amó.

5. No preguntó a dónde conducía el camino, que era su camino,
y quizás iba hacia abajo. Cuando me dio su cuerpo, dijo:
esto es todo. Y fue mi cuerpo.

6. Ahora ya no está en ningún lado, desapareció como una
nube cuando ha llovido, la abandoné y cayó, pues ése era su camino.

7. Pero de noche, a veces, cuando me veis beber, veo su cara,
pálida en el viento, fuerte y vuelta hacia mí, y me inclino ante
el viento.

 

Recuerdo de Marie A.

1

En aquel día de luna azul de septiembre
en silencio bajo un joven ciruelo
estreché a mi pálido amor callado
entre mis brazos como un sueño bendito.
Y por encima de nosotros en el hermoso cielo estival
había una nube, que contemplé mucho tiempo;
era muy blanca y tremendamente alta
y cuando volví a mirar hacia arriba, ya no estaba.


2
Desde aquel día muchas, muchas lunas
se han zambullido en silencio y han pasado.
Los ciruelos habrán sido arrancados
y si me preguntas ¿qué fue de aquel amor?
entonces te contesto: no consigo acordarme,
pero aun así, es cierto, sé a qué te refieres.
Aunque su rostro, de verdad, no lo recuerdo,
ahora sé tan solo que entonces la besé.

3
Y también el beso lo habría olvidado hace tiempo
de no haber estado allí aquella nube;
a ella sí la recuerdo y siempre la recordaré,
era muy blanca y venía de arriba.
Puede que los ciruelos todavía florezcan
y que aquella mujer tenga ya siete hijos,
pero aquella nube floreció solo algunos minutos
y cuando miré a lo alto se estaba desvaneciendo en el viento.

 

Cuatro canciones de amor

I

Cuando, más tarde, me alejé de ti
al hoy enorme
vi, cuando empecé a ver,
gente alegre y cabal.

Y desde aquella hora tardía,
tú sabes de cuál hablo,
tengo una boca más hermosa
y unas piernas más ágiles.

Más verde hay desde entonces
en árbol, ramo y prado
y es el agua más fresca
cuando me la echo encima.


II
Cuando me haces pasármelo
tan bien, a veces pienso:
si me muriera ahora
habría sido feliz
hasta el final.

Cuando tú seas vieja
y me recuerdes
piénsame como hoy
y tendrás un amor
que siga siendo joven.


III
Siete rosas tiene el ramo,
seis se lleva el viento,
una queda para que
me la encuentre yo.

Siete veces te llamé,
seis no respondiste,
a la séptima promete
que me dirás algo.


IV
Mi amada me dio una rama
con hojas amarillas.
Se está acabando el año
y comienza el amor.

 

Jamás ma soeur, te he amado tanto

Jamás, ma soeur, te he amado tanto
como cuando me fui de ti en aquel crepúsculo.
Me engulló el bosque, el bosque azul, ma soeur,
sobre el que los pálidos astros quedaban para siempre ya al oeste.

No me reí ni lo más mínimo, nada nada, ma soeur,
yo, que jugando me dirigía a mi oscuro destino-
mientras que ya los rostros tras de mí
lentos palidecían en el atardecer del bosque azul.

Todo fue hermoso en aquella tarde única, ma soeur,
y nunca más después; tampoco antes-
claro que solo me quedaban ya los grandes pájaros
que al atardecer tienen hambre en el oscuro cielo.

 

Como era II

Tus penas eran mis penas,
las mías, tuyas.
Si no estabas tú contenta,
yo no lo estaba.

 

Debilidades

No tenías ninguna,
yo solo una,
que amaba.

 

Quiero ir con aquel a quien amo

Quiero ir con aquel a quien amo.
No quiero calcular lo que cuesta.
No quiero averiguar si es bueno.
No quiero saber si me ama.
Quiero ir con aquel a quien amo.

 

Canción de la prostituta

1

Señores míos, con diecisiete años
llegué al mercado del amor
y mucho he aprendido.
Malo hubo mucho,
pero ese era el juego.
Aunque hubo Cosas que sí me molestaron
(al fin y al cabo también yo soy persona).
Gracias a Dios todo pasa deprisa,
la pena incluso; también el amor.
¿Dónde están las lágrimas de anoche?
¿Dónde la nieve del año pasado?

2
Claro que con los años una va
más ligera al mercado del amor
y los abraza por rebaños.
Pero los sentimientos
se vuelven sorprendentemente fríos
si se escatiman tanto
(al fin y al cabo no hay provisión que no se acabe).
Gracias a Dios todo pasa deprisa,
la pena incluso; también el amor.
¿Dónde están las lágrimas de anoche?
¿Dónde la nieve del año pasado?

3
Y aunque aprendas bien el trato
en la feria del amor,
transformar el placer en calderilla
nunca resulta fácil.
Pero, bien, se consigue.
Aunque también envejeces mientras tanto
(al fin y al cabo no siempre se tienen diecisiete.)
Gracias a Dios todo pasa deprisa,
la pena incluso; también el amor.
¿Dónde están las lágrimas de anoche?
¿Dónde la nieve del año pasado?

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Bertolt Brecht, ocho poemas en torno al amor

Bertolt Brecht.

 

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