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Noventa por ciento de todo

Rose George

25/08/2014

Crítica por: José Ángel Sanz / Notodo.com

Una de las obligaciones del periodismo es iluminar zonas oscuras, alejadas del foco de luz de lo inminente, lo obvio o lo que alguien, interesadamente, quiere que se sepa. Periodismo es publicar lo que alguien no quiere que se publique. Todo lo demás son relaciones públicas, dejó dicho George Orwell, y libros como Noventa por ciento de todo se ajustan a esa definición del denostado oficio de viajar, ver y contar con fidelidad lo que se ha visto. La crónica como noble arte.

Rose George indaga, aplica su demostrado oficio y regala un cierto halo épico a la que solo puede considerarse de aventura periodística en el filo de lo gonzo. Ya con The Big Necessity nos habló de los sistemas sanitarios públicos del mundo, y del tratamiento de los deshechos humanos y sus consecuencias. Y en A Life indagó en el día a día de los refugiados de Liberia. Ahora se introduce en el mundo del transporte naval internacional como Jonás lo hizo en la gran ballena. Se adentra en el océano a bordo del Maersk Kendal, uno de los muchos buques mercantes que recorren el globo. Y nos cuenta, no sin sentido del humor y sí con mucho detalle y datos, datos y más datos. Nos cuenta mucho.

Rose George abre ojos y oídos entre Rotterdam y Singapur, y nosotros con ella. Descubrimos que Al-Qaeda tiene en jaque a más de medio mundo desde que se conoce que ambiciona resquebrajar la economía occidental cargando bombas en buques petroleros —la propia familia Bin Laden hizo su fortuna en el transporte marítimo, otra curiosidad—. Sabemos que las desigualdades laborales solo se acentúan lejos de la tierra firme, o que solo son necesarios 20 tripulantes para conducir, durante meses, uno de esos colosos que trasladan toneladas de alimentos, bienes de consumo, gas o combustible. Conocemos que un alto porcentaje de las más grandes fortunas del mundo proceden del transporte interoceánico, y caemos en la cuenta de la invisibilidad pública, tanto de los propietarios de esas riquezas como de sus descomunales corporaciones empresariales.

Por Noventa por ciento de todo transitan filipinos —la actual mano de obra más demandada— que ven a sus hijos una vez al año, capitanes británicos que añoran los ‘viejos buenos tiempos’, cuando la mayor tecnología en alta mar eran sus ojos. Polizones, piratas, ese puzzle indescifrable que es la jurisdicción internacional y el impacto ecológico de semejante agitación trasatlántica. Noventa por ciento de todo es adictiva y tan sorprendente que, inevitablemente, resulta provocadora y necesaria.

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Crítica literaria