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Sentido y sensibilidad

Jane Austen

20/12/2011

Crítica por: Sr. Molina

De entre las novelas de Jane Austen, quizá sea Sentido y sensibilidad (también conocida en otras ediciones como Juicio y sentimiento) la más conocida y apreciada, tanto por sus derivados extraliterarios como por condensar en sus páginas todos los elementos que hicieron de la narrativa de la autora inglesa un hito en la historia de la literatura universal.

La historia de Sentido y sensibilidad tiene muchos puntos en común con otras obras de la escritora inglesa; una viuda con tres hijas se establece, gracias a la generosidad de un familiar, en una alquería de una pequeña población inglesa. Las dos hijas mayores, Elinor y Marianne, se convierten en el centro de la trama: la primera, prudente y reflexiva, está enamorada de un hermano de su cuñada; la segunda, impetuosa y romántica, también suspira por un joven amigo de la familia de su madre. Las conductas tan distintas de ambas jóvenes serán puestas a prueba con el devenir de los acontecimientos, que incluso las llevarán a Londres y las someterán a duras pruebas antes de alcanzar la felicidad.

Puede que hayan pasado doscientos años desde la publicación de esta novela, pero las características que hacen de ella (y del resto de obras de su autora) una narración maravillosa siguen intactas. La maestría de Jane Austen es transmitir de manera fidedigna los entresijos de la conducta humana: nuestras debilidades y nuestras pasiones. En este caso concreto, y a pesar de lo exagerado de la caracterización (pensemos en la distancia temporal y las circunstancias del estilo de la época), los personajes de Elinor y Marianne nos muestran las contrariedades que puede acarrear un determinado carácter si se lleva al extremo: en el caso de Elinor, su tendencia a la introspección y a la soledad la lleva a sufrir sus circunstancias sin el apoyo de su familia; en el de Marianne, su imaginación desbordante y su apasionado romanticismo la conducen a una exaltación amorosa infundada y que, para colmo, pondrá en riesgo incluso su salud.

Lo que Austen retrata con amabilidad y humor es la característica pasión que todos ponemos en aquello que nos distingue, y que por lo común no hace sino traer quebraderos de cabeza y malentendidos. Los episodios domésticos, tranquilos y aburguesados de la escritora inglesa, aunque lejanos en el tiempo y en las costumbres, no son sino un fiel reflejo de lo que nuestras convenciones (sean cuales sean) pueden acarrear si no se interpone la sinceridad y la bondad para atemperar las consecuencias. Por eso los personajes de la autora no pueden envejecer, aunque las situaciones y localizaciones queden un tanto alejadas de nosotros: lo que Austen nos cuenta —como siempre ocurre con los genios— es universal y atemporal; nuestras pasiones son, en suma, siempre las mismas y, por suerte o por desgracia, la forma en la que las afrontamos es también similar.

Sentido y sensibilidad tiene, además, la virtud de presentar unos protagonistas muy definidos y con los que pronto entablamos una cordial empatía: es cierto que suelen tender a la exageración de sus emociones y que en ocasiones rozan el arquetipo, pero la escritora inglesa consigue crear unas figuras tiernas, humanas, que nos conmueven con sus acciones y sus sentimientos. Como digo, lo cercano de sus personalidades y la intimidad que la escritora alcanza en sus retratos hace que lo humano de su conducta tenga un impacto inmediato y total sobre el lector.

Poco se puede añadir a lo dicho: lean Sentido y sensibilidad; lean a Jane Austen. Escritores de este calibre son siempre necesarios.

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Comentarios - 1

1 | Jasón 20-12-2011 - 10:05:35 h
Navidad es un momento perfecto para leer Sentido y sensibilidad de Jane Austen. O para ver la película con Emma Thompson y Kate Winslet...

Crítica literaria