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El Siglo de Oro y sus grandes figuras

Años de gloria para una España situada en lo más alto en el campo cultural.

06 de noviembre de 2019. Estandarte.com

Qué: La literatura del Siglo de Oro 

Este siglo, que duró bastante más de cien años, se enmarca entre 1492, con el descubrimiento de América y la aparición ese mismo año de la Gramática castellana de Antonio de Nebrija (1441- 1522) y 1681, fecha en la que muere el gran dramaturgo barroco Pedro Calderón de la Barca (1600-1681). En este tiempo reinaron Carlos I (1500- 1558) y Felipe II (1527-1598), a los que siguieron, ya en decadencia, Felipe III (1578- 1621), Felipe IV (1605-1665) y Carlos II (1661-1700).

En el terreno cultural, marcado por dos estilos, el renacentista (siglos XVI) y el barroco (siglo XVII), no hubo decadencia, todo lo contrario, las artes dieron grandes genios como Velázquez, Murillo, Ribera, Juan de Herrera…, al tiempo que las letras llegaron a lo más alto en prosa, lírica y teatro; crearon escuela y fueron punta de lanza de nuevas formas de expresión.

La lírica del XVI se renueva tanto en la métrica (aparecen los versos endecasílabos y heptasílabos, de rima consonante) como en la composición: nace el soneto y la canción de los que se vale el poeta para expresar ideas y emociones. Garcilaso de la Vega (1501-1536) es el ideal de hombre renacentista, renovador de la lírica castellana y de la lírica italianizante con una obra importante pero tan breve como su vida. Compuso églogas –su creación más perfecta–, elegías, canciones, sonetos, coplas… con el amor y la naturaleza como temas centrales y siempre con un lenguaje sencillo, rico en metáforas, natural y elegante.La segunda mitad del siglo contempla la poesía mística donde están San Juan de la Cruz (1542-1591) con obras como Noche oscura del alma, Cántico espiritual Llama de amor viva; Santa Teresa de Jesús (1515-1582) autora, entre otras composiciones, de Camino de perfección, Las Moradas, o Conceptos del amor de Dios; y la ascética que tiene en la escritura intensa y profunda de Fray Luis de León (1527-1591), su mejor representante.

El cambio de siglo es también un cambio de tendencia poética, rompe con la armonía renacentista para usar un lenguaje más oscuro con el que trata de mostrar el desengaño que produce la naturaleza humana. Lope de Vega (1562-1635) compone una poesía íntima y vital, en la que destacan Rimas humanas y rimas divinas del licenciado Tomé de Burguillo y una colección de poemas titulada Rimas; Francisco de Quevedo (1580- 1645) representante del conceptismo, capaz de llevar el lenguaje a su máxima capacidad expresiva, con una obra caracterizada por la sátira y la burla que abarca poemas morales, religiosos, amorosos y satíricos; y Luis de Góngora (1561-1627) figura del culteranismo, que removió la lengua poética con una poesía difícil y artificiosa, pero rica en ritmo y musicalidad, son los reyes indiscutibles de un periodo de una enorme riqueza.        

También la narrativa emprende nuevos caminos con la novela realista y dentro de ella con la picaresca, que se inicia con el Lazarillo de Tormes, de sus fortunas y adversidades (publicado de forma anónima en 1554). Con ella la escritura se aleja de idealismos y narra los aspectos más desagradables de la sociedad, donde aparece el pícaro, un marginado que trata de sobrevivir gracias a la astucia y la pillería. Pero la revolución narrativa llega con Miguel de Cervantes (1547-1616), a caballo entre el Renacimiento y el Barroco, que experimentó y renovó todos los tipos narrativos y puso los fundamentos de la novela polifónica y moderna con esa obra maestra que es El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha (1616) y que junto a las Novelas ejemplares (1613) dan un extraordinario reconocimiento a su autor.

Siguiendo la línea trazada por el Lazarillo de Tormes, nos encontramos con Guzmán de Alfarache de Mateo Alemán (1547-1614) primera narración picaresca del XVII, escrita con sentido moralizante; y La vida del Buscón, llamado don Pablos, obra cumbre de este estilo y única novela escrita por Quevedo, donde la sátira y la burla sirven para contar una visión caricaturesca de la sociedad con la que pretende divertir a los lectores. En una onda totalmente diferente está Baltasar Gracián (1601-1658) que en sus escritos –El criticón, El discreto, El héroe o el Oráculo manual y arte de prudencia– trata de enseñar y formar al hombre exaltando el valor de la lucha por la virtud.  Su lenguaje es profundo, destinado a lectores cultos; escribe con frases cortas, apenas usa adjetivos, pero sí acude a recursos como la antítesis o los juegos de palabras para dar fuerza a su discurso.

El teatro vive un camino más lento y diferente, con formas y temas que llegarán a su máximo esplendor con el Barroco, estilo que ya tuvo un precursor en el actor y dramaturgo Lope de Rueda (1510-1565). Pero fue otro Lope, Lope de Vega, quien innovó este arte, rompiendo con las reglas clásicas de sus predecesores y creando un nuevo subgénero en el que se mezclan la comedia y la tragedia. Con él, el teatro llega a todos los públicos, busca entretener y se representa en corrales de comedia a los que se acude sin distinción de clases sociales. Su obra, enorme, abarca todos los temas con comedias tan destacadas como Fuente Ovejuna, El caballero de Olmedo, El villano en su rincón, La dama boba oEl perro del hortelano. También genial fue Tirso de Molina (1579-1648). De su ingente producción, caracterizada por sus personajes femeninos y su ingenio, destacan de forma particular El condenado por desconfiado, Don Gil de las calzas verdes y El burlador de Sevilla donde surge por primera vez el mito de Don Juan, un personaje muy imitado no solo en las letras (Molière, Goldoni, lord Byron, Zorrilla, Torrente Ballester…), sino en la música (Mozart y Richard Strauss). Pedro Calderón de la Barca cierra el Siglo de Oro, y marca las pautas de la segunda mitad del XVII, el suyo es un teatro con tintes filosóficos, desengañado, de gran belleza y ligado a la corriente culterana. Escribió dramas: El médico de su honra, El alcalde de Zalamea o La vida es sueño; comedias: La dama duende o Casa con dos puertas, mala de guardar; y autos sacramentales como El gran teatro del mundo y La cena del rey Baltasar.

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El Siglo de Oro y sus grandes figuras

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