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Las mujeres nobel de literatura

Nuestra selección de las mujeres premio nobel de literatura.

14 de octubre de 2019. Estandarte.com

Qué: Las nobel de literatura 

Hasta 2019 son quince las mujeres premiadas con el Nobel de Literatura. Esta selección habla de las seis escritoras que lo han conseguido en el siglo XXI y de la voz poética de la única mujer hispanoamericana que lo recibió en 1945.

Pero antes de llegar a estas siete mujeres recordaremos a las otras ocho que fueron pioneras, tanto por la riqueza literaria de sus creaciones como por su enraizamiento con la sociedad y el tiempo que les tocó vivir. El estilo claro e idealista de Selma Lagerlöf (1858-1940) abrió este camino en 1909. Pasados varios años, en 1926, el Nobel premia la precisa narrativa de lo cotidiano de Grazia Deledda (1871-1936). En 1928 fue Sigrid Undset (1882-1949) quien se une al grupo con un equipaje de ensayos y relatos muchos de ellos inspirados en la Edad Media. En 1938 fueron las historias de familias, mujeres, campesinos de la entonces lejana y misteriosa China las responsables del premio concedido a Pearl S. Buck (1892-1973). Nelly Sachs (1891-1970) lo recibió en 1966 con una obra implicada en la vida y costumbres de los judíos. Nadine Gordimer (1923-2004) puso voz a los problemas de Sudáfrica, la liberación del país, el racismo y el “apartheid”, temas valorados cuando fue elegida en 1991. El premio de 1993 fue para otra luchadora, Toni Morrison (1931) firmemente comprometida frente a la discriminación y el racismo que padecen las personas de color en Estados Unidos. Terminamos en 1996 con una poeta, Wislawa Szymnborska (1923-2012), capaz de unir poesía y filosofía con palabras accesibles y cercanas.

 

 

Gabriela Mistral (1945)

Maestra, humanista, diplomática y poeta, Lucila Godoy Alcayaga, verdadero nombre de Gabriela Mistral (Vicuña, Chile, 1889 - Nueva York, 1957) no solo fue la primera hispanoamericana en conseguir el Premio Nobel de Literatura sino la única que lo ha logrado en castellano; después de ella no ha habido ninguna otra, solo hombres.

Su activa implicación a favor de la reforma de la enseñanza pública, el constante movimiento de país en país como cónsul y representante de organismos internacionales, junto con las clases, conferencias y congresos no oscurecieron, sino todo lo contrario, la intensa creatividad de su escritura. Una escritura que nos traslada los desengaños y tragedias que asolaron su corazón con esa poesía, tan suya, sembrada de tristeza y melancolía, que vemos hecha nostalgia en esta primera estrofa de Sonetos a la muerte con los que ganó los Juegos Florales de Santiago en 1914:

Este largo cansancio se hará mayor un día
y el alma dirá al cuerpo que no quiere seguir
arrastrando su masa por la dorada vía,
por donde van los hombres contentos de vivir…

Pese al continuo el ir y venir, escribe y publica libros como Desolación –su obra maestra para muchos–,Ternura, Lectura para mujeres, Poema de Chile, Lagar, o Tala, dedicada a los niños españoles víctimas de la Guerra Civil, que transmiten la enorme fuerza de Mistral, con esa lírica repleta de emociones que sigue conmoviendo a quien se acerca a ella.

 

Elfriede Jelinek (2004)

Esta escritora austriaca nacida en 1946, que presume de decir lo que quiere y cuando quiere, aunque no sirva de nada, tiene en su haber un enorme bagaje cultural (estudió música, danza, arte, historia…) y literario con una controvertida –por crítica y radical–obra en la que no queda un palo sin tocar. Ha escrito ensayo: Los hijos de los muertos; teatro: Nubes. Hogar, La central, Una pieza deportiva…; poesía: La sonrisa de Lisa; novela: Los excluidos, La muerte y la doncella, Obsesión, Deseo, Las amantes oLa pianista, novela que alcanzó mayor difusión cuando Michael Haneke la trasladó al cine. Muy comprometida con la historia y la realidad femenina, Elfriede Jelinek mantiene un rechazo absoluto a la turbia etapa nazi que vivió Austria, lo que le ha valido la crítica, enemistad y rechazo de una parte de la burguesía y la extrema derecha. Se alza, asimismo, contra la tiranía machista y también contra la que ejercen ellas en el hogar (La pianista, ese dominio opresivo que ejerce la madre sobre la hija, es un ejemplo); describe la lucha de la mujer por salir de la invisibilidad y se posiciona sin equidistancias junto a los oprimidos. Siempre en busca de un lenguaje propio, la autora crea personajes extremos para hacer llegar más nítidamente la realidad de sus vidas.

 

Doris Lessing (2007)

“Capacidad para transmitir la épica de la experiencia y narrar la división de la civilización con escepticismo, pasión y fuerza visionarias”. Estas palabras anunciaron los motivos por los que el Premio Nobel iba a parar a manos de la británica Doris Lessing (Kermanshah, Irán, 1919-Londres, 2013).

Hija de un capitán del ejército británico (de ahí su nacimiento en Irán), vivió durante treinta años en Rodesia (Zimbabue en la actualidad), donde se trasladó su familia en busca de fortuna. Allí, Lessing se rindió ante la belleza, el paisaje y la fuerza de aquella tierra hasta el punto de hacer de sus vivencias africanas uno de los esqueletos de su extensa obra; el otro, también fundamental, rondó en torno a la emancipación de la mujer. En la mayoría de sus novelas –muchas de ellas con aires autobiográficos– se transparentan sus experiencias, su feminismo, su anticolonialismo; su crítica de la sociedad y sus desengaños políticos. Vivencias que reflejan libros como Canta la tierra, Hijos de la violencia, formado por cinco novelas, Cuentos africanos, La buena Terrorista o El quinto hijo. Y entre todos ellos, El cuaderno Dorado,su obra más significativa, de estructura innovadora, donde la protagonista cuenta en cuatro cuadernos de colores –rojo, negro, amarillo y azul– distintos momentos de su vida. Doris Lessing, aparte de otros galardones, cuenta con el Premio Príncipe de Asturias de las Letras en 2001.

 

Herta Müller (2009)

Al recibir el Nobel, Herta Müller (Nitchidorf, 1953) icono de la literatura rumana, descendiente de suabos emigrados a Rumanía, escritora en alemán y defensora de las minorías– evocó en su discurso de qué forma su primer trabajo como traductora, la condujo a la literatura: “La escritura empezó en silencio, en aquella escalera de la fábrica donde tuve que sopesar conmigo misma más cosas de las que podrían decirse”. No era fácil salir adelante en aquellos años para casi nadie y ella no fue una excepción (fue despedida por negarse a hacer de delatora). Vivió como tantos otros bajo el dominio de Ceaucescu, conoció la represión, las amenazas, los interrogatorios y el silencio hasta que consiguió salir hacia Alemania en 1987 junto a su madre y a su marido, el escritor Richard Wagner.

Todo esto condicionó su vida, su escritura y la temática de sus libros en los que habla de la vida rumana de aquellos duros años contada por una niña (Tierras bajas); de la intolerancia y la corrupción (Tango opresivo); dela angustia de la espera (El hombre es un gran faisán en el mundo); del dolor que produce la violación de la intimidad tras un registro (La piel del zorro); o del miedo ante los interrogatorios (Hoy hubiera preferido no encontrarme a mí misma). Y todo con una gran capacidad para narrar –así se proclama al concederle el premio– “con la concentración de la poesía y la franqueza de la prosa para describir el paisaje de los desposeídos”.

 

Alice Munro (2013)

El primer día de enero del año 1891 una mujer menuda y un hombre corpulento andan por el Viejo Cementerio de Génova. Los dos rondan los cuarenta años. La mujer tiene la cabeza grande, como un niño, con una mata de pelo oscuro y rizado y una expresión preocupada, un poco suplicante. Su rostro empieza a aparecer ajado. El hombre es inmenso.” Este comienzo de Demasiada felicidad, esa manera de escribir llena de sutileza y realismo, ese estilo tan pulcro, de frases cortas, pocas comas y muchos puntos, y esa aparente sequedad de lenguaje que no oculta la empatía que siente hacia “las personas normales” retrata la calidad literaria de la canadiense Alice Munro (Wingham, Ontario, 1931).  

En sus novelas y sobre todo en sus cuentos –es una maestra reconocida del relato corto, comparada con Chéjov– va desgranando historias que atrapan, habla de personajes cotidianos, de hombres y, sobre todo, mujeres que encierran todo un mundo interior de sugerencias y va contando anécdotas que pueden parecer banales pero que en sus manos se hacen emoción. Sentimientos y sensaciones que pueblan La vida de las mujeres, ¿Quién te crees que eres?, Odio, amistad, noviazgo, amor, matrimonio, Las lunas de Júpiter, La vida desde Castle Rock, en la que destapa datos autobiográficos o en la arriba mencionada Demasiada felicidad.

 

Svetlana Aleksiévich (2015)

La voz de la periodista y ensayista Svetlana Aleksiévich que nació en 1948 en Ucrania y creció en Bielorrusia, es la voz de la realidad, de los sentimientos, de los hechos, de la vida auténtica. Sin margen para la imaginación, menos aún para la ficción, pero sí para un lenguaje capaz de mostrar el horror a través de la belleza de una prosa lírica cautivadora. Su interés por contar la verdad hizo de ella una viajera por la entonces Unión Soviética en busca de testimonios. Así nacieron libros como La guerra no tiene nombre de mujer, que saca a la luz, con entrevistas, la participación de la mujer en la Segunda Guerra Mundial; la guerra de Afganistán y los recuerdos de las madres de aquellos que murieron en aquella contienda son el hilo conductor de Ataúdes de zinc; Voces de Chernóbil  esun estremecedor relato a mil voces que acerca al dolor, la mentira oficial, el amor y el heroísmo de quienes vivieron la tragedia; o El fin del “Homo” soviéticus, que aparece como un canto a los damnificados, los humillados, los ofendidos, las madres, los estalinistas irredentos…

No gustaba a las fuerzas vivas y, por eso, en 2000 salió de su tierra y volvió once años después, para estar allí, con los suyos y escribir sobre los eslavos y su forma de vivir, amar, morir; sobre el amor, pero no sobre historias románticas. Esperando, además, tener tiempo para hablar sobre la vejez, ahora que la vida, comenta, nos ha regalado treinta años más en la tierra.

 

Olga Tokarczuk (2018, proclamada en 2019)

Con ocho novelas (de ellas  solo están traducidas al español las que se aparecen aquí) y tres libros de relatos, la escritora y psicóloga polaca Olga Tokarczuk (Sulechów, 1962), es, además de excelente escritora, una gran admiradora de Jung, Chéjov, Thomas Mann, Poe y  Benjamin Black (pseudónimo del novelista irlandés John Banville en sus relatos policiacos) al que nombra en Sobre los huesos de los muertos, un thriller diferente, contado en primera persona, de descripciones minuciosas y  realistas (“He llegado a una edad y a un estado en que cada noche antes de acostarme debería lavarme los pies y arreglarme a conciencia por si tuviera que venir a buscarme una ambulancia”, leemos al empezar la novela) y en las que el bosque, la vida del pueblo, los cazadores, los animales y la naturaleza –-es una ecologista convencida– llevan la voz cantante.  

Olga Tokarczuk dejó pronto de ejercer como psicóloga para dedicarse de lleno a narrar su visión de la vida y del devenir de su país (En Un lugar llamado antaño narra la historia de Polonia a través de tres mujeres: abuela, hija y nieta) o de las penalidades de la mujer, las minorías y los refugiados,  y lo hace con un estilo muy personal, agudo y creativo, narrando con  precisión, jugando con los contrastes y adentrándose en sus vivencias como en Los errantes, una suerte de autobiografía que atrapa al lector desde la primera frase.

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Los Premios Nobel de Literatura a mujeres

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