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El inicio de 'Las uvas de la ira'

John Steinbeck y la literatura de la necesidad.

30 de junio de 2019. Estandarte.com

Qué: Comienzo de Las uvas de la ira Autor: John Steinbeck Año: 1939 

Las uvas de la ira, de John SteinbeckEn su discurso de aceptación del Premio Nobel, en 1962, John Steinbeck (1902-1968) habló de la razón de la literatura. Si no de todas las literaturas, sí de la suya, con estas palabras:

“La literatura es tan antigua como el habla. Surgió de la necesidad humana y no ha cambiado, excepto para hacerse más necesaria. Los escaldos, los bardos, los escritores no son un grupo exclusivo ni separado. Desde el principio, sus funciones, sus deberes, sus responsabilidades han sido decretadas por nuestra especie. (…) Entender y el resolver el temor son gran parte de la razón de ser del escritor. Esta no es una novedad. La encomienda antigua del escritor no ha cambiado”. 

Su palabra brota de la necesidad, del temor y también de la ira que llevó al título de su libro más universal. Su necesidad de contar nace de un tiempo de penuria e injusticia en su país y de preguerra mundial. Las uvas de la ira se publica en 1939 y su ficción no lo es tanto: está basada en las crónicas periodísticas, sobre la América en tiempos de la Gran Depresión, que Steinbeck escribió para un periódico de San Francisco. Las uvas de la ira narra el sueño roto de la familia Joad, el sueño roto de la emigración. Obligados por el polvo y la sequía y su traducción en hambre y miseria, la familia abandona sus tierras junto con otros tantos compañeros de viaje hacia un destino y una vida mejores que finalmente acaba por no existir. Existe, sigue existiendo, la crueldad, la desposesión, la miseria que, esa sí, nunca parece abandonar a quienes se ponen en camino en busca de un futuro mejor. El libro fue Premio Pulitzer en 1940 y llevada al cine con gran éxito por John Ford.

El comienzo de la novela son las razones de la misma. No aparecen personajes, sino el entorno, una naturaleza hostil que niega sus frutos hasta condenar a quienes intentan vivir allí. Un medio irrespirable e invisible que acabará expulsando a los antiguos moradores. Este es el inicio de Las uvas de las ira:

 

“Las últimas lluvias cayeron con suavidad sobre los campos rojos y parte de los campos grises de Oklahoma, y no hendieron la tierra llena de cicatrices. Los arados cruzaron una y otra vez por encima de las huellas dejadas por los arroyos. Las últimas lluvias hicieron crecer rápidamente el maíz y salpicaron las orillas de las carreteras de hierbas y maleza, hasta que el gris y el rojo oscuro de los campos empezaron a desaparecer bajo una manta de color verde. A finales de mayo el cielo palideció y las rachas de nubes altas que habían estado colgando tanto tiempo durante la primavera se disiparon. El sol ardió un día tras otro sobre el maíz que crecía hasta que una línea marrón tiñó el borde de las bayonetas verdes. Las nubes aparecieron, luego se trasladaron y después de un tiempo ya no volvieron a asomar. La maleza intentó protegerse oscureciendo su color verde y cesó de extenderse. Una costra cubrió la superficie de la tierra, una costra delgada y dura, y a medida que el cielo palidecía, la tierra palideció también, rosa en el campo rojo y blanca en el campo gris.

En los barrancos abiertos por las aguas, la tierra se deshizo en secos riachuelos de polvo. Las ardillas de tierra y las hormigas león iniciaron pequeñas avalanchas. Y mientras el fiero sol atacaba día tras día, las hojas del maíz joven fueron perdiendo rigidez y tiesura; al principio se inclinaron dibujando una curva, y luego, cuando la armadura central se debilitó, cada hoja se agachó hacia el suelo. Entonces llegó junio y el sol brilló aún más cruelmente. Los bordes marrones de las hojas del maíz se ensancharon y alcanzaron la armadura central. La maleza se agostó y se encogió, volviendo hacia sus raíces. El aire era tenue y el cielo más pálido; y la tierra palideció día a día.

En las carreteras por donde se movían los troncos de animales, donde las ruedas batían la tierra y los cascos de los caballos la removían, la costra se rompió y se transformó en polvo. Cualquier cosa que se moviera levantaba polvo en el aire; un hombre caminando levantaba una fina capa que le llegaba a la cintura, un carro hacía subir el polvo a la altura de las cercas y un automóvil dejaba una nube hirviendo detrás de él. El polvo tardaba mucho en volver a asentarse”.

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El comienzo de Las uvas de la ira, de John Steinbeck

Detalle de la cubierta de Las uvas de la ira, de John Steinbeck, editado por Penguin.

 

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