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'Diario(s) de una sociedad acelerada', cinco voces que radiografían el vértigo contemporáneo

Una anatomía de una generación exhausta y quizás... rendida. Desde el pulso urbano al mundo digital, cinco exploraciones personales que capturan el pulso frenético, la ansiedad social y las narrativas íntimas que emergen en un presente en constante prisa.

08 de enero de 2026. Percival Castaño

Qué: Diario(s) de una sociedad acelerada Autores: Emma Del Carmen, Carmen Casanueva, Carlos Catena Cózar, Leonor Cervantes Vargas y Manuel Padín Fernández Editorial: Filosofía&Co Año: 2024 Páginas: 120 Precio: 12,25 €

Vivimos sometidos a una cadencia vertiginosa que marca cada aspecto de nuestra existencia. La máxima imperante parece ser «más»: producir más, moverse más, trabajar más, estudiar más. Un mantra obsesivo que nos empuja hacia adelante sin permitirnos cuestionar el destino de esta carrera frenética. Corremos sin tregua hacia metas múltiples que se suceden sin respiro, como el horizonte inalcanzable de los videojuegos: una finalidad cóncava a la que nos acercamos perpetuamente sin llegar jamás.

Esta realidad encuentra su expresión más descarnada en Diario(s) de una sociedad acelerada (Filosofía&Co 2024), un volumen coral que reúne las reflexiones de cinco autores jóvenes sobre los efectos devastadores de la hipervelocidad contemporánea. Emma del Carmen, Carmen Casanueva, Carlos Catena Cózar, Leonor Cervantes Vargas y Manuel Padín Fernández ofrecen, desde la intimidad del formato diarístico, un testimonio generacional sobre la ansiedad y el vértigo de una vida que no conoce la pausa.

Como señaló Mark Fisher, lo característico de nuestro tiempo es que estamos "cansados pero hiperestimulados", atrapados en una paradoja que define nuestra experiencia vital. El aumento exponencial de problemas de salud mental entre los jóvenes no es casual: sufrimos ansiedad, insomnio, depresión, pero la maquinaria productiva exige que sigamos adelante. El libro se interroga, con urgencia existencial, sobre el rumbo de esta deriva que se apresura a tildar de capitalista.

En Espere a ser atendida (nuestra preferida), Carmen Casanueva aborda la experiencia de la pausa forzosa cuando el cuerpo se rebela contra el ritmo insostenible. Su reflexión desnuda la perversión de un sistema que identifica la ocupación constante con el éxito vital: "Hay algo perverso en creer que, si no estás muy ocupada, estás haciéndolo mal. Tanto el ocio como el descanso se convierten en meras pausas para el repostaje. Ir más rápido. Producir más. El placer es estéril porque no reporta un beneficio y, además, genera culpas que nos atenazan".

Carlos Catena Cózar, en No estoy, explora la geografía de la aceleración, centrándose en las grandes urbes como epicentros de la hiperactividad. Su texto desarticula el mito cinematográfico de las metrópolis como espacios de realización personal, confrontándolo con una realidad que a menudo decepciona las expectativas: "La culpa de todo esto la tenía, creía yo, Madrid, que era inabarcable, en la que ocurrían tantas cosas que uno nunca podía estar al tanto de todo y en la que, como ya he dicho, todo estaba tan mal que era imposible escribir".

Suena la alarma, de Leonor Cervantes Vargas, constituye un retrato generacional de los veinteañeros contemporáneos: el nomadismo urbano, las comidas apresuradas en el transporte público, la ausencia de tiempo para el descanso y la culpa permanente por no atender adecuadamente a los seres queridos. Su diagnóstico es implacable: "Estoy fatigada como para imaginarme otra identidad. Y más aún para llevarla a cabo. Los cimientos de la persona que soy no pueden tambalearse: mismas ideas, mismos gustos, mismo entorno. ¿A quién le quedan huecos y fuerza para mutarlos? Transformarse requiere de una infraestructura".

Manuel Padín Fernández aporta la perspectiva académica en Pensar con(tra) la aceleración, denunciando la colonización de la universidad por la lógica productivista: "Me precipito a trompadas, entre trabajos precarios, proyectos mal pagados (o no pagados) y becas explotadoras que prometen engordar mi CV hacia esa —aparentemente inevitable— subjetividad precaria. Me siento (des)gastado y zarandeado por los golpes invisibles del entusiasmo propio y el ajeno". Su reflexión interroga los fundamentos de la sobreproducción intelectual y sus costes humanos.

Emma del Carmen cierra el volumen con Los perros huelen navajas, una meditación dolorida y desesperanzada sobre los mecanismos de evasión de una generación consciente de su precarización: "Nos han ofrecido anestesia y la hemos bebido, porque este no es el futuro que nos prometieron cuando éramos niños". Su texto aborda las complejidades de la emigración económica y la pérdida de las raíces como precio del progreso: "Hemos perdido la noción de vivir para ser alguien y buscamos vivir lo más rápido posible y no perdernos nada. Perdemos la cabeza para que no duela tanto saber que hemos fracasado".

Diario(s) de una sociedad acelerada se distingue por su voluntario alejamiento del discurso académico para privilegiar cinco experiencias encarnadas. Los autores escriben desde el cuerpo angustiado, desde la presión en el pecho que genera cualquier interrupción del ritmo frenético. El resultado es un testimonio generacional que trasciende la mera denuncia con la pretensión de convertirse en documento antropológico de una época marcada por la contradicción entre el agotamiento físico y la sobreestimulación mental.

La obra confirma un riesgo inquietante: ¿hemos construido una sociedad donde la velocidad se ha convertido en valor supremo, donde detenerse equivale a fracasar, donde la contemplación es improductiva y la pausa genera culpabilidad? Estos cinco diarios constituyen un grito de alarma desde una generación que ha interiorizado la lógica del "más" pero comienza a cuestionar sus fundamentos y a explorar las grietas de un sistema que promete progreso perpetuo mientras, a falta de valores más profundos y mejores referencias intelectuales, devora la posibilidad misma de la felicidad.

 

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