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El cuervo, de Edgar Allan Poe

Te hablamos del poema que revolucionó la poesía.

29 de noviembre de 2019. Estandarte.com

Qué: El cuervo Autor: Edgar Allan Poe Año: 1845 

¿Poema narrativo, narración poética? Es igual, con El cuervo, Poe (Boston, 1809-Baltimore, 1849) saltó fronteras, ganó fama, abrió nuevos caminos a la poesía y –no en vano era una obra novedosa cuajada de fuerza y originalidad– dio pie a la controversia: tuvo excelentes críticas, otras no tan buenas; no gustó, por ejemplo, a William Butler Yeats (1865-1939) y sí a Charles Baudelaire (1821-1867) que tradujo del poema al francés.

Tanto el minucioso cuidado por parte de Poe en la búsqueda de la rima y el ritmo, como la elección del estribillo que pasa del “y nada más” de las primeras estrofas al desolador “nunca más” con el que el cuervo –ese pájaro oscuro, funesto– responde a las preguntas del melancólico joven, dan fe de un trabajo difícil, donde nada queda al azar en la búsqueda de esa característica musicalidad que arrastra al lector, con cadencia absorbente, hacia la soledad, la atmósfera sobrenatural, la tristeza e incluso el fatalismo que impregna la obra.

Cuenta Julio Cortázar (1914-1984) en el prólogo de los Cuentos de Poe publicados por Alianza Editorial (1970), que el poeta llevaba años forjando y revisando este poema hasta que en 1845 vio la luz. Con su aparición –inesperadamente para muchos, pero no para él– su nombre llegaría a la cima de la popularidad dentro y fuera de su patria. “Hábilmente preparado por Poe y sus amigos, la publicación de El cuervo conmovió los círculos literarios y todas las capas sociales, hasta un punto que actualmente resulta difícil de imaginar. La misteriosa magia del poema, su oscuro llamado, el nombre del autor, satánicamente aureolado con una ‘leyenda negra’, se confabularon para hacer de El cuervo la imagen misma del romanticismo en Norteamérica, y una de las instancias más memorables de la poesía de todos los tiempos”. Cuenta también que en los salones literarios el público acudía a para oírselo recitar –era un maestro en este arte– lo que fue una “experiencia memorable para muchos oyentes y de la cual quedan muchos testimonios.”

A lo largo de las dieciocho estrofas que componen el poema, Poe nos introduce en los sentimientos de un joven –contados en primera persona– que trata de paliar entre libros el dolor por la pérdida de su amada; en ese ambiente nocturno y tétrico, escucha ruidos, piensa que es un visitante retrasado, el eco, el viento… y nada más; pero es un pájaro, un cuervo, que entra y se posa sobre un busto de Palas situado sobre la puerta. Y empiezan las preguntas, la desesperanza, la melancolía, el sueño de abrazar a Leonor en el más allá…, que invariablemente terminan con ese desconsolador nunca más.

El poema crece trepidante, desasosegante, con inquietantes repeticiones rítmicas: dreary, weary, nearly, napping, rapping que resuenan en los versos iniciales abajo destacados, y que, con otras voces, discurren a lo largo de toda la historia. Esa musicalidad es un reto para los traductores. Tras el original, mostramos tres versiones en castellano que sirven para destacar la dificultad, la importancia y las posibilidades literarias que tiene la labor del traductor.

 

The raven

Once upon a midnight dreary, while I pondered weak and weary,
Over many a quaint and curious volume of forgotten lore-
While I nodded, nearly napping, suddenly there came a tapping,
As of some one gently rapping, rapping at my chamber door.
“Tis some visitor,” I muttered, “tapping at my chamber door–
Only this, and nothing more.”

 

El cuervo, 1

Una vez, en una taciturna medianoche, mientras meditaba débil y fatigado,
sobre un curioso y extraño volumen de sabiduría antigua,
mientras cabeceaba, soñoliento, de repente algo sonó,
como el rumor de alguien llamando suavemente a la puerta de mi habitación.
“Es alguien que viene a visitarme –murmuré– y llama a la puerta de mi habitación.
Sólo eso, nada más”

(Traducción de Arturo Sánchez)

 

El cuervo, 2

Una vez, al filo de una lúgubre media noche,
mientras débil y cansado, en tristes reflexiones embebido,
inclinado sobre un viejo y raro libro de olvidada ciencia,
cabeceando, casi dormido,
oyose de súbito un leve golpe,
como si suavemente tocaran,
tocaran a la puerta de mi cuarto.
“Es —dije musitando— un visitante
tocando quedo a la puerta de mi cuarto.
Eso es todo, y nada más.”

(Traducción de Julio Cortázar)

 

El cuervo, 3

Una triste medianoche, abatido, meditaba
sobre un libro muy curioso, de antigua ciencia olvidada.
Cuando el sueño me vencía, de pronto oí la cadencia
de unos golpes que alguien daba con mucho tiento en mi puerta.
Es –me dije– un visitante que llama desde el portal.
Sólo eso y nada más.

(Traducción de Ricardo García Nieto)

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El cuervo, de Edgar Allan Poe

El cuervo, de Edgar Allan Poe. (Kasturi Roy / Unsplash)

 

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