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'Nazarena' de Karina Sainz Borgo. El horror doméstico y la orfandad
Una inmersión en la consagración del gótico venezolano contemporáneo y la disección de la culpa filial como metáfora de la ruina nacional.
07 de junio de 2026. Miriam I. Pardo
Qué: Nazarena Autors: Karina Sainz Borgo Editorial: Alfaguara Año: 2026 Páginas: 200 Precio: 18,90 €
Tras el fenómeno internacional que supuso La hija de la española (2019) y la hondura alegórica de El tercer país (2021), la publicación de Nazarena (Alfaguara, 12 de febrero de 2026) marca la madurez definitiva de la poética del exilio y el desarraigo de Karina Sainz Borgo.
La relación de la autora con esta cuarta novela es ineludible y profundamente confesional. Sainz Borgo reconoce que su literatura es una respuesta incesante al trauma del colapso institucional, admitiendo abiertamente que "Nazarena va de cómo un país desaparece".
Con una marcada predilección por explorar personajes femeninos moralmente ambiguos o desviados —"malas madres o hijas, malos herederos"—, asume que la violencia es el prisma ineludible a través del cual interpreta el mundo, construyendo en esta obra una descarnada metáfora del autoritarismo patrio mediante la desintegración de una familia llevada al límite.
La estirpe carcomida y la arquitectura del delirio
La trama narrativa se confina en el espacio claustrofóbico y atemporal de La Araira, una casa familiar decadente donde ocho hermanas conviven bajo el dominio de una madre física y psicológicamente estragada. El relato se inaugura con una de las imágenes más perturbadoras del canon reciente: Nazarena, la séptima hermana, confiesa haber asesinado a su madre a dentelladas, un acto de canibalismo filial donde la progenitora se ofreció voluntariamente para ser sorbida hasta los huesos. Pese a este matricidio ritual, la madre continúa gobernando la residencia desde su mecedora en calidad de "muerta en vida", instaurando una dictadura inquebrantable de espanto y sumisión.
Mientras las demás hermanas fuman, maldicen e imparten letanías opresivas, Nazarena asume la expiación de toda la estirpe barriendo compulsivamente los patios durante la madrugada, en un intento estéril por ahuyentar las desgracias familiares en pleno Miércoles de Ceniza.
La novela exhibe además una brillante estructura polifónica al introducir a Brígida, una joven recluida en el internado de Nuestra Señora de las Angustias. Sobreviviente de un pavoroso incendio que redujo su piel a escamas, Brígida vive acosada por las visiones de ocho "muerticas" colgadas de un árbol. El reflejo especular entre ambas narradoras vertebra un ecosistema inquietante donde los silencios, los animales de mal agüero y el retorno físico de los muertos borran por completo la frontera entre la materialidad y el delirio psiquiátrico.
El interés y el simbolismo de 'Nazarena'
Nazarena resulta un título imprescindible para comprender la radical mutación del nuevo gótico latinoamericano. Su máximo interés radica en la subversión y desarticulación de los códigos del realismo mágico fundacional, despojándolo de cualquier costumbrismo complaciente o exportable para abrazar la ferocidad, el trauma estructural y la podredumbre moral.
La asfixiante residencia de La Araira se erige como una terrorífica actualización de la Comala de Juan Rulfo, operando bajo una necropolítica donde los espectros reclaman incesantemente su espacio en el plano de los vivos. Asimismo, la novela funciona como una sombría hipérbole del encierro matriarcal propuesto en La casa de Bernarda Alba; la propia autora ha manifestado de manera abierta haber encontrado en Federico García Lorca "la fuerza que necesito ahora" para vehicular esta tragedia de lutos, culpas y represiones.
Más allá del guiño a la tradición hispana, la obra se sostiene como un poderoso diagnóstico político: la madre muerta que se resiste a ceder el poder encarna fielmente al Estado dictatorial y represivo, mientras que el polvo barrido incesantemente por Nazarena simboliza la dolorosa inutilidad del esfuerzo cívico en una nación cuyas bases están genéticamente quebradas.
La crítica se ha volcado con 'Nazarena' de Karina Sainz Borgo
La irrupción de esta novela ha concitado una aclamación crítica unánime por parte de los suplementos culturales y de los escritores más destacados, quienes validan tanto la audacia estética como la hondura poética y técnica alcanzada por Karina Sainz Borgo.
Esta inusual confluencia de veredictos favorables consagra a Nazarena como un perturbador y doloroso viaje hacia la locura y la expiación intrafamiliar y como una de las propuestas literarias más audaces y necesarias de la temporada. Es un testimonio que confirma con rotundidad que la tragedia de la violencia, la diáspora y la orfandad puede transmutarse, a través de una escritura inclemente, en alta literatura.
Karina Sainz Borgo
Nacida en Caracas, Venezuela, en 1982 —un país que, en sus propias palabras, se encontraba "a punto de incendiarse"—, Karina Sainz Borgo ha consolidado una de las voces narrativas más descarnadas e influyentes de la literatura hispanoamericana contemporánea.
Radicada en España desde el año 2006, su trayectoria profesional se ha forjado en las trincheras del periodismo cultural, colaborando activamente en cabeceras de prestigio como Vozpópuli, Zenda y ABC, una labor que fue galardonada en 2023 con el Premio David Gistau de Periodismo.
Esta rigurosa disciplina periodística ha dotado a su prosa de una concisión y exactitud clínica que contrastan magistralmente con la exuberancia y el terror de sus temáticas ficcionales.
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