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'Alicia en el país de las maravillas', un viaje inagotable más allá del tiempo
A más de siglo y medio de su publicación, la obra maestra de Lewis Carroll sigue desafiando la lógica y cautivando a generaciones con su desbordante imaginación.
15 de junio de 2026. Estandarte.com
Qué: El principio de Alicia en el país de las maravillas. Autor: Lewis Carroll.

Ha llovido mucho desde aquel 4 de julio de 1862, cuando el matemático Charles Lutwidge Dodgson —conocido mundialmente por su seudónimo, Lewis Carroll— improvisó un cuento durante un paseo en barca por el río Támesis para entretener a las hermanas Liddell. Aquella historia, publicada en 1865, cristalizaría en Alicia en el país de las maravillas. El paso de los años no ha hecho sino confirmar una certeza absoluta: estamos ante un portento narrativo inmune a las modas.
Lejos de envejecer o acumular polvo en las estanterías, las aventuras de Alicia tras caer por la madriguera del Conejo Blanco mantienen una frescura insólita. La gran genialidad de Carroll residió en romper de forma radical con la asfixiante moralina victoriana que imperaba entonces en la literatura infantil y juvenil. En lugar de ofrecer lecciones sobre el buen comportamiento, regaló a los jóvenes (y no tan jóvenes) lectores un universo emancipado, regido por la literatura del nonsense (el absurdo), las paradojas lógicas y unos incisivos juegos de palabras.
El Sombrerero Loco, la irascible Reina de Corazones, el Gato de Cheshire o la filosófica Oruga azul trascendieron rápidamente la categoría de personajes de ficción para convertirse en arquetipos culturales. Por supuesto, gran parte del mérito de que estas criaturas sigan incrustadas en nuestro imaginario colectivo recae en el dibujante sir John Tenniel. Sus ilustraciones originales sentaron la base visual y canónica de la que seguirían bebiendo infinitas adaptaciones.
Hoy, la novela ya no es patrimonio exclusivo de los libros para niños. Se ha erigido como un pilar ineludible de la literatura universal, desmenuzado sin tregua por psicoanalistas, matemáticos, filósofos y lingüistas. Su aparente caos es un mecanismo de relojería perfecto donde cada relectura revela una nueva capa oculta.
Para celebrar, porque siempre es buen momento, Alicia en el país de las maravillas, de Lewis Carroll, compartimos con nuestros lectores su inicio. Hemos escogido la traducción de Manuel Garrido para Cátedra, publicada en 1992:
«Alicia empezaba a cansarse de estar allí sentada con su hermana a orillas del río sin tener nada que hacer. De vez en cuando se asomaba al libro que estaba leyendo su hermana, pero era un libro sin ilustraciones ni diálogos, “y ¿de qué sirve un libro —se preguntaba Alicia— que no tiene diálogos ni dibujos?
Estaba la niña dándole vueltas en la cabeza (y eran unas vueltas muy lentas porque el calor de aquel día de verano le producía una extraña somnolencia) a la idea de ir a por margaritas para tejer con ellas una guirnalda de flores, sopesando el esfuerzo que le costaría cogerlas, cuando de pronto un conejo blanco con grandes ojos rosados se cruzó ante ella.
En realidad no había nada de extraño en ello y Alicia no se sorprendió ni siquiera cuando le oyó decir:
—¡Ay, Dios mío, qué tarde se me está haciendo!
Y aunque más tarde, al recordarlo, le chocó que no le hubiera sorprendido, lo cierto es que en aquel momento le pareció de lo más natural. Y fue entonces cuando el conejo sacó un reloj de bolsillo de su chaleco para consultar la hora, antes de echar a correr de nuevo, y sólo entonces se dio cuenta la niña de que nunca había visto un conejo con chaleco ni, mucho menos, con reloj de bolsillo. Alicia se levantó de un brinco y, muerta de curiosidad, corrió por la pradera hacia el lugar donde se encontraba el conejo, y llegó justo a tiempo de verle desaparecer por una gran madriguera que se abría al pie de un seto.
Y no tardó Alicia en seguirle, sin pararse a pensar cómo se las arreglaría para salir de allí.»
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