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Poul Anderson: el autor que inspiró la mejor película de James Cameron
Se burló de Conan, el bárbaro; y usó las computadoras para derrocar un régimen totalitario.
31 de marzo de 2026. Iván de la Torre
Qué: Biografía de Poul Anderson
Poul Anderson (1926-2001) publicó A matter of relativity, su primer relato, siendo prácticamente un adolescente, mientras estudiaba física en la Universidad de Minnesota: “Empecé a escribir en 1944 como un entretenimiento. Vendí unos pocos cuentos cuando estaba en la escuela, y más tarde me gradué en una época de recesión. No había empleos disponibles y no me quedaba dinero para continuar estudiando, de manera que pensé que podría mantenerme escribiendo mientras buscaba trabajo. Y, de alguna manera, ese ‘mientras’ se hizo más y más largo”.
Gordon Dickson dio más detalles sobre aquella etapa de la vida de su amigo: “A finales de los años 40 y hasta 1951, Poul y yo vivíamos en la misma casa de huéspedes. Nuestras habitaciones eran contiguas, separadas por un tabique. Yo escribía principalmente a última hora de la mañana y por la tarde. Poul, en cambio, lo hacía a última hora de la tarde y por la noche. En el preciso instante en que yo empezaba a aflojar el paso, oía su máquina de escribir poniéndose en marcha. Pero luego, más rápidamente de lo que lo había hecho la mía, la suya adquiría velocidad; y no tardaba en oírla teclear sin pausa. En 1953, Poul se casó con Karen, novelista y poetisa, y la pareja se marchó a vivir a San Francisco. A partir de entonces, la mayor parte de su obra ha sido escrita en aquellos parajes”.
Anderson reveló el método de trabajo que perfeccionó durante esos primeros años como escritor profesional: “Una vez que el concepto toma forma, empiezo a ver lo que se requiere y comienzo a trabajar en la base. Esto puede implicar investigaciones en bibliotecas, entrevistas con personas conocedoras de un campo determinado, visitas a sitios, etc. Para una novela, escribo una biografía de cada personaje importante. Para una historia corta, puede que no sea necesario. Cualquier esquema que pueda haber está casi todo en mi cabeza; a lo sumo, unas cuantas notas garabateadas pueden ayudar a guiar el desarrollo de la trama, que seguramente tomará giros inesperados. Estoy en la máquina de escribir de seis a ocho horas seguidas al día y, por lo general, trabajo hasta tarde repasando con lápiz el borrador del día, haciendo cambios que nadie puede leer, excepto yo. Después de varias revisiones, el primer borrador se guarda el mayor tiempo posible para que se enfríe. Luego vuelvo, lo leo de nuevo y hago una copia limpia, con más cambios a medida que se me ocurren”.
En la década del cincuenta, Anderson publicó sus primeras novelas, donde destacan especialmente cuatro títulos: Tres corazones y tres leones (1953), sobre un soldado herido durante la Segunda Guerra Mundial que se ve trasladado, repentinamente, a un mundo de magia y brujería; La onda cerebral (1954), que describe como la inteligencia de hombres y animales se ve potenciada cuando la Tierra atraviesa un extraño campo magnético; La espada rota (1954), sobre una guerra entre elfos y trolls; y La gran cruzada (1960), que narra el aterrizaje de una nave de exploración alienígena en la Inglaterra de 1345 y cómo se enfrentan a ella los soldados del ejército británico.
En paralelo a estos trabajos largos, Anderson continuó publicando relatos, incluyendo tres de sus mejores cuentos: Sam Hall (1953), sobre un rebelde creado por computadora para derrocar a un sistema totalitario; El bárbaro (1956), que se burla de las historias protagonizadas por héroes con mucho músculo y poco cerebro como Conan; y Llámame Joe (1957), que cinco décadas después serviría de base para la película Avatar, de James Cameron.
Tras esos primeros trabajos, Anderson decidió crear una inmensa saga que bautizó Historia técnica, a la que dividió en dos secuencias temporales diferentes, cada una con su propio protagonista:
La primera tiene como héroe a Nicholas van Rijn, un mercader de la Liga Polisotécnica, un club interestelar de comerciantes que domina una galaxia de planetas dispersos, y está compuesta por títulos como Guerra de alados (1958); Trader to the stars (1964); The trouble twister (1966); El mundo de Satán (1969); Mirkheim (1977) y The Earth book of stormgate (1978).
La segunda tiene como protagonista a Dominic Flandry, un sofisticado agente terrestre, y está integrada por libros como We claim these stars (1959); Earthman, go home! (1960); En órbita (1961); Un circo infernal (1970) y The game of Empire (1985).
Anderson también desarrolló, entre 1955 y 1995, una extensa saga sobre La patrulla del tiempo, un organismo que se encarga de vigilar que el pasado no sea modificado, a la que pertenecen algunos de sus mejores relatos como Valiente para ser rey y El único juego entre los hombres.
Además de fantasía y ciencia ficción, el escritor publicó una serie de relatos humorísticos con su amigo Dickson sobre los Hoka, extraterrestres que no entienden el lenguaje metafórico y se toman todo literalmente, lo que da pie a una gran cantidad de bromas.
Anderson también desarrolló, junto a su esposa Karen, una tetralogía llamada Kings of Ys que se sitúa en el periodo previo a la caída del Imperio Romano, integrada por Roma Mater (1986); Gallicenae (1987); Dahut (1988); y The dog and the Wolf (1988).
Aunque todas las novelas de Anderson fueron inmensamente populares, lo mejor de su ficción son sus relatos cortos, que le permitieron ganar los premios más importantes del género: El viaje más largo (Premio Hugo 1961); No habrá tregua para los reyes (Premio Hugo 1964), Carne compartida (Premio Hugo 1969), La reina del aire y la oscuridad (Premio Hugo 1972); La canción del chivo (Premio Nébula 1973); La luna del cazador (Premio Nébula 1979); y El juego de saturno (Premio Nébula 1982).
Los últimos trabajos del escritor fueron una serie de novelas que describen, en un tono cada vez más melancólico, el futuro de la humanidad: Cosecha de estrellas (1993); Las estrellas son de fuego (1994); Harvest the fire (1995); The fleet of stars (1997); y Genesis (2000).
Anderson falleció el 31 de julio de 2001, víctima de un cáncer de próstata; poco antes, había concedido una entrevista donde habló de su trabajo y el objetivo que buscaba alcanzar con sus historias: “A lo largo de mi carrera de medio siglo logré que algunas personas se cuestionaran cosas que daban por supuestas o comprendieran algunas otras de las que no eran conscientes. Principalmente pienso en mí mismo como en alguien que plantea preguntas, más que encuentra respuestas. Siempre hubo en mis historias un elemento de conflictos inevitables, pero no entre el bien y el mal, sino simplemente entre dos maneras o actitudes irreconciliables. Creo, para resumir, que éste es un universo verdaderamente maravilloso y misterioso, espero haber podido ayudar a algunas personas a tener el mismo tipo de apreciación, el mismo gozo de estar vivos”.
Comentarios en estandarte- 4
1 | Hernán
28-10-2024 - 01:40:16 h
Este tipo de escritores, que te desafían a hacerte nuevas preguntas sobre lo conocido, son los que más me atraen.
Y en muchos casos, como en este, me siento tentado de leer los primeros escritos en la carrera del autor y los últimos, para tratar de captar su evolución.
¡Gracias, Iván por otro genial artículo!
2 | Luz María Mikanos
06-11-2024 - 20:34:14 h
Anderson no solo fue un escritor sino un trabajador de las letras. Geniales las narraciones De la Torre! Gracias Estandarte!
3 | Ivan
09-11-2024 - 22:59:19 h
Muchas gracias por tu comentario, Hernán, viniendo de un gran narrador como vos, el elogio vale doble!
4 | Ivan
09-11-2024 - 22:59:55 h
Muchas gracias por tus palabras, Luz, sos mi lectora más fiel (y también la más bella).