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Tintín: influencias de Hergé

Las analizamos, en el 84 cumpleaños del nacimiento de Tintín.

22 de enero de 2013. Pepe Álvarez de las Asturias

Qué: Influencias del cine, la política, la ciencia y el arte de Hergé y Tíntín Autor: Pepe Álvarez de las Asturias

Tintín nació el 10 de enero de 1929, en el recién creado suplemento infantil y juvenil Le Petit Vingtième, de la mano y el genio del belga Georges Remi, Hergé (alias que resulta de pronunciar sus iniciales a la inversa, R.G.), y desde entonces ha cosechado, década a década, un éxito inconmensurable. Veinticuatro tomos de 1929 a 1976 (el último, Tintín y el Arte-Alfa, no llegó a terminarse debido al fallecimiento del autor) de los que se han vendido, se calcula, más de 200 millones de ejemplares en más de 60 idiomas, y se han convertido en objeto de culto y coleccionismo en todo el mundo. No está mal para un joven boyscout que empezó a dibujar historietas en los márgenes de sus cuadernos escolares a la temprana edad de 7 años. Pero no estamos aquí para hablar de genios precoces, ni de cifras asombrosas, sino de curiosidades sorprendentes. Por ejemplo, las numerosas influencias del cine, la sociedad, la política, la ciencia, el arte o la amistad que hacen de sus historietas verdaderas crónicas de la historia. Una costumbre que, por cierto, le ha valido a Hergé continuas críticas por sus supuestas posiciones ideológicas (racista, colonialista, machista, nazi, colaboracionista… incluso misógino. ¿Pero es que acaso tenía tiempo el pobre Tintín de buscar novia?).

Ya desde su primera aventura, Tintín en el País de los Soviets, a través de su intrépido reportero Hergé realiza una dura crítica del régimen soviético (elecciones a punta de pistola, opresión, miseria…), siguiendo el espíritu belga de la época. "De esta magnífica ciudad que era Moscú he aquí lo que los Soviets han hecho, un suburbio infecto" denuncia Tintín mientras camina por una calle devastada.

Tintín y la URSS

Ello le colgó a Hergé la etiqueta de “derechista”, aunque criticó con idéntica dureza los regímenes fascistas en El Cetro de Ottokar, donde además de la estética nazi, la mentalidad bélica y la obsesión anexionista de Borduria frente al pacífico reino de Syldavia, hay una clarísima alusión en el personaje de Müsstler (Mussolini + Hitler). Y tampoco se libran las dictaduras latinoamericanas, encarnadas por las repúblicas de San Theodoros y Nuevo Rico en La oreja rota, una aventura inspirada directamente en el conflicto de la Guerra del Chaco, que entre 1932 y 1935 enfrentó a Bolivia y Paraguay por el control del Chaco Boreal. 

Tintín y el nazismo

El asunto del colonialismo paternalista, muy belga en aquellos años 30, se deja entrever en historias como Tintín en el Congo, por el que fue (y aún hoy es) tildado de racista, aunque en ediciones posteriores se suavizó la apología colonialista. Y también toma posiciones Hergé en otros temas polémicos, como la ocupación japonesa en China en El Loto Azul (influido por su amigo Tchang Tchong-Jen, que introdujo a Hergé en la cultura china), la situación de los judíos y los palestinos en Tintín en el país del Oro Negro, la guerra fría en El Asunto Tornasol (incluyendo un extraño “culto al bigotismo”, al más puro estilo Lenin) o la mafia del Chicago gansteril en Tintín en América, donde, por cierto, encontramos al único personaje basado en la realidad que aparece con su nombre sin modificar: Al Capone.

Pero no todo es política y polémica en las aventuras de Tintín y en las desventuras de Hergé. También hay marxismo. El de los Hermanos Marx, claro. Un humor absurdo que se plasma literalmente en algunas viñetas, como las cáscaras de plátano que Harpo lanza bajo los pies de sus rivales en Plumas de Caballo (1932) y que Tintín repite en Los cigarros del Faraón; o la guerra entre Fridonia y Silvania en Sopa de Ganso y su escena de la explosión en el depósito de municiones, que Tintín repite en El País del Oro Negro. El gran Chaplin también tiene su hueco en Tintín: las visiones delirantes de Charlot creyendo ver a su compañero convertido en un pollo, en La Quimera del Oro, inspiran la escena en la que el capitán Haddock, bajo el sol asfixiante del desierto, imagina a Tintín como una refrescante botella de Burdeos, en El Cangrejo de las Pinzas de Oro.

Basil Zaharoff, TintínOtra de las principales influencias de Hergé a la hora de buscar inspiración para documentar sus historias fueron la prensa y las revistas, especialmente National Geographic. Los paisajes y personajes incas de El Templo del Sol están sacados de las acuarelas que el dibujante H. M. Herget publicó en el número de febrero de 1938. También los buzos que aparecen en El Tesoro de Rackham el Rojo, o Abdallah, el hijo del emir en El País del Oro Negro, que en realidad era el pequeño rey de Iraq, Feisal II. Otras apariciones curiosas está extraídas de la propia vida de Hergé: colaboradores convertidos en momias (Edgar P. Jacobs en Los Cigarros del Faraón), traficantes de armas de la época (Basil Bazaroff, representante de la Vicking Arms C.Ltd., que en la vida real era Basil Zaharoff, dueño de Vickers Amstrong Ltd., quien contribuyó a provocar  varios conflictos en la I Guerra Mundial para potenciar su negocio); el propio Hergé y sus amigos Jacobs y Melkebeke (en la recepción del Rey Muskar II en El Cetro de Ottokar), los ruidosos rallyes que el autor sufría en su mismísimo hogar (en Stock de Coque), un fiel y afortunado lector de Talence, llamado Jean Tauré (que aparece como periodista en Las joyas de la Castafiore) y, unidos en una misma viñeta, los héroes de Hergé versión carnaval: Mickey, Donald, Asterix, Snoopy y Groucho Marx. Y, como curiosidad final, después de atravesar una profunda depresión debido a su divorcio, Hergé dibujó su obra más personal y la única en la que no había “malos”: Tintín en el Tíbet.

El dibujante belga poseía un impresionante archivo personal con cientos de fotos y recortes de prensa de donde sacaba buena parte de sus ideas a la hora de crear personajes, situaciones, paisajes o ingenios. Por ejemplo, el entrañable y despistado profesor Tornasol está basado en el inventor y aventurero suizo Auguste Piccard, célebre por su pionera ascensión a la estratosfera en una cápsula presurizada colgada de un globo, con la que llegó a alcanzar los 15.971 metros de altura en 1932; en 1937 inventó un batiscafo y en 1953 descendió a más de 3.000 metros de profundidad.

Fernández y Fernández, de TintínPara la creación de los agentes Hernández y Fernández (Dupond et Dupont en el original), que no son ni gemelos ni hermanos, Hergé se inspiró en una foto del diario francés Le Miroir, donde aparecen dos agentes de la policía, con bombín y bigote, deteniendo a un peligroso delincuente. Otros personajes secundarios, como el periodista André, los hombres leopardo, marineros o maquinistas; y también motores, piezas de museo o prototipos de submarinos, literas espaciales y trajes de astronauta están extraídos directamente de fotografías reales, dando cuenta del nivel de detalle y perfeccionismo del genial Hergé. Como la mismísima mansión del Capitán Haddock, Moulinsart, que no es sino una versión ‘abreviada’ del Castillo de Cheverny. Y hasta su marca de whisky escocés, Haig’s Gold Label, tan real como “¡mil millares de mil millones de rayos y truenos!, ¡ectoplasma, rocambole, especie de calabacín diplomado!”

Gran maestro e inspirador de Hergé fue también Julio Verne, al que siguió sus pasos como precursor de los viajes espaciales. Entre 1950 y 1953 se publicaron Objetivo: la Luna y Aterrizaje en la Luna en cuya documentación el perfeccionista dibujante trabajó hasta el agotamiento. El resultado fue sorprendentemente parecido a la realidad… ¡quince años antes del alunizaje del Apolo XI! Hasta tal punto que la revista Paris Match encargó a Hergé, después de que Neil Armstrong dejara su mítica huella en la superficie lunar, una historieta-reportaje narrando la siguiente misión espacial, la del Apolo XII. Y no sólo eso, en 1982 la Sociedad Belga de Astronomía bautizó con su nombre el planeta descubierto en 1953 por el astrónomo Silvain Arend. El planeta Hergé está situado entre Marte y Júpiter.

Tintín y el espacio

Como todos los genios, Hergé tiene su legión de necios conjurados; pero su legión de rendidos fans -muchos verdaderos tintinólogos- sobrepasa con creces la de los envidiosos, y probablemente la de cualquier dibujante de comics. Aunque Hergé fue mucho más. Fue un gran conocedor de la fauna humana, un creador de personajes únicos, vivos, ricos en matices, y un inteligente cronista de los aconteceres de su época. 84 años después de su nacimiento, su obra sigue siendo patrimonio de millones de personas; y dentro de 84 años aún continuará siéndolo.

(Publicado originalmente en www.conmardefondo.blogspot.com.es/2013/01/tintin-y-el-secreto-de-herge.html)

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