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La expresión 'dar gato por liebre'

El engaño desde la cocina de una venta. Y otras expresiones sobre gatos.

23 de marzo de 2019. Estandarte.com

Qué: Las expresiones 'dar gato por liebre', 'haber gato encerrado' y 'buscarle tres pies al gato'

La raíz de la expresión dar gato por liebre está en la gastronomía, pero su uso se ha generalizado para advertir sobre la posibilidad de ser engañado con algo de menor calidad de lo convenido, ya sea, como antaño, un guiso o, en la actualidad, con cualquier otro asunto: una prenda de ropa, un cuadro o un trabajo de investigación.

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Engañar en la calidad de algo por medio de otra cosa inferior que se le asemeja, así explica la Real Academia Española (RAE) este dicho (definido por la Academia como locución verbal coloquial) que, con una ligera diferencia, ya se utilizaba en el siglo XVI. Entonces, se decía Véndese el gato por liebre, con su pebre, es decir, con su salsa bien cargada de pimienta, ajo, perejil y vinagre. Entonces también encerraba engaño y con la referencia al aliño daba más pistas sobre el origen de la expresión, que no era otra que la cocina de las ventas: la triquiñuela del ventero de cobrar la carne de gato como si de otra mejor se tratara. Sebastián de Covarrubias ya lo consignaba en su Tesoro de la Lengua Castellana de 1611 en la entrada sobre gato: “Vender el gato por liebre: engañar en la mercadería; tomado de los venteros, de los cuales se sospecha que lo hacen a necesidad y echan un asno en adobo y lo venden por ternera. Debe ser gracia y para encarecer cuán tiranos y de poca conciencia son algunos”.

Debía de ser una práctica más común de lo deseable a juzgar por lo que Vicente Joaquín y Bastús refería en su La Sabiduría de las Naciones (1862-67): “Parecía que antiguamente había una fórmula, especie de conjuro, con la que los viajeros creían cerciorarse de si la pieza que el ventero les presentaba en la mesa era liebre o conejo, gato o cabrito. Al efecto, todos los comensales se ponían en pie, y el más calificado de ellos, dirigiendo la palabra a la cosa frita, decía: Si eres cabrito, /mantente frito; /si eres gato, salta del plato […]”.

En la Gastronomía del Quijote del Centro Virtual Cervantes, además de recoger una cita en el que el famoso hidalgo utiliza la expresión (“Aun ahí sería el diablo –dijo don Quijote–, si ya no estuviese Melisendra con su esposo por lo menos en la raya de Francia, porque el caballo en que iban a mí me pareció que antes volaba que corría; y, así, no hay para qué venderme a mí el gato por liebre, presentándome aquí a Melisendra desnarigada, estando la otra, si viene a mano, ahora holgándose en Francia con su esposo a pierna tendida. –Quijote, Rico, 854–“), se ofrece una receta en la que, efectivamente, se invita a cortar la carne de gato como si se tratara de conejo o cabrito y a acompañarla de un buen caldo consistente. 

No es este el único gato del refranero y tampoco el único en el que está relacionado con algo poco claro. Por ejemplo, cuando se habla de haber gato encerrado se piensa en una causa o razón oculta; y, según José María Iribarren en su El porqué de los dichos, buscarle tres pies al gato “dícese, propiamente, de los que tientan la paciencia de alguno, con riesgo de irritarle. Y se aplica, impropiamente, a los que con sofismas y embustes tratan de probar lo imposible”.

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