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Miguel Delibes, el gran escritor

Su obra reflejó su calidad humana y su compromiso por la libertad.

01 de mayo de 2019. Estandarte.com

Qué: Biografía de Miguel Delibes (Valladolid, 1920-2010)

Todos los autores cuentan algo de sí mismos en sus escritos, de forma más o menos velada van diciéndonos quienes son al escoger unos temas sobre otros, al trazar los perfiles de los personajes, incluso al escoger la forma de colocarlos en un escenario concreto. En ocasiones, quién sabe por qué, se desnudan más. Esto hizo Miguel Delibes en Señora de rojo sobre fondo gris, un libro maravilloso sobre el amor y la pérdida. Cambió los nombres, el protagonista en vez de escritor era pintor y muchos otros detalles también eran ficticios, pero en la esencia estaba contando su amor por Ángeles de Castro y el dolor por su muerte. Quien haya conocido a esa señora de rojo a través de la prosa limpia y sincera del vallisoletano se ha acercado mucho al corazón del escritor. En su discurso de ingresó en la Real Academia Española, pronunciado el 25 de mayo de 1975 –pocos meses después de la muerte de su esposa–, aprovechó para recordarla con unas palabras tan bellas y conmovedoras como este libro: “Soy, pues, consciente de que con su desaparición ha muerto la mejor mitad de mí mismo”.  

Delibes tituló ese discurso El sentido del progreso desde mi obra y para empezar a exponer su tesis se apoyó en uno de sus personajes infantiles: Daniel, el Mochuelo, protagonista de Camino, su tercera novela, publicada en 1950. El mochuelo era reacio “a convertirse en cómplice de un progreso de dorada apariencia pero absolutamente irracional”. Ahondaría sobre el tema en otros títulos como Parábola del náufrago (1969), que él mismo explicó: “donde el poder del dinero y la organización –quintaesencia de este progreso– termina por convertir en borrego a un hombre sensible, mientras la Naturaleza mancillada, harta de servir de campo de experiencias a la química y la mecánica, se alza contra el hombre en abierta hostilidad”. Delibes no estaba en contra del progreso, sí de “la dirección torpe y egoísta” que se había impreso a ese progreso. Toda su vida insistió en la dignificación del medio rural.

Si seguimos escarbando en sus personajes ­–Lorenzo, por ejemplo, del Diario de un cazador (1955), Diario de un emigrante (1958) y Diario de un jubilado (1990) o Gervasio García de la Lastra de Madera de héroe (1987), al que, como a Delibes, le sorprendió una guerra y le tocó enrolarse en la Marina– iremos sabiendo más de este escritor de quien se ha reconocido su calidad humana, su coherencia y su humanismo. “Miguel Delibes sigue siendo un punto de referencia distinto, un reducto en el que cobijarse con la seguridad de que ni su estilo ni su persona van a defraudarnos nunca”, estas palabras de Carmen Riera de 2010 muestra el poso que ha dejado. Reflejó en sus escritos las costumbres de su época, se fijó en las relaciones entre las personas –en las que a veces pesaba la soledad–, dejó que la muerte rondara en muchas de sus obras y dio, como pocos lo han hecho, voz a la infancia con personajes dibujados con maestría y realismo, como el Quico de El príncipe destronado, escrito en 1964, pero publicado en el 73.

Delibes –un castellano que ejerció de ello, como escribiera Manuel Bartolomé– nació en Valladolid el 17 de octubre de 1920, en una familia numerosa (ocho hermanos contándole a él), como la que él crearía con Ángeles de Castro (siete hijos). Con especial habilidad para el dibujo, su primera colaboración en prensa fue en 1941 con caricaturas para El Norte de Castilla. Un año después firmó un artículo sobre la caza mayor, una de sus pasiones y a la que este cazador que escribía –como él mismo se describió– dedicó varios libros a lo largo de su vida. Desde ese artículo, y con un curso intensivo de periodismo en Madrid de por medio, comenzó una fructífera relación que le llevó a ser director de El Norte de Castilla –el mismo periódico que le sirvió durante una temporada para protegerse del frío cuando iba en moto y utilizaba su papel como forro–. En 1963, por desavenencias con Manuel Fraga Iribarne, entonces ministro de Información y Turismo, dimitió de su cargo de director, aunque siguió dirigiendo el periódico en la sombra tres años más y más tarde formaría parte del Consejo editorial como delegado de la redacción. Delibes reconoció al periodismo como su escuela de narrador: “[del periodismo] aprendí dos cosas fundamentales para mi posterior dedicación a la novela: la valoración humana de los acontecimientos cotidianos –los que la prensa refleja– y la operación de síntesis que exige el periodismo actual para recoger los hechos y el mayor número de circunstancias que los rodean con el menor número de palabras posibles”. Durante la dictadura le tocó sortear la censura –también en sus libros–. Años después, reflexionaría sobre ello en La censura en la prensa en los años cuarenta (y otros ensayos), publicado en 1985. Tanto el I Premio Luka Brajnovic de la Comunicación de la Universidad de Navarra en 1997 como el Premio Vocento a los Valores Humanos en 2006 reconocieron su compromiso con la libertad.

Delibes estudió Comercio y Derecho, y en 1945 ganó las oposiciones a la Cátedra de Derecho Mercantil de la Escuela de Comercio de Valladolid. Dos años después, al tiempo que compaginaba docencia y periodismo, terminó de escribir su primera novela: La sombra del ciprés es alargada, Premio Nadal 1947. Ocho años después ganó el Premio Nacional de Literatura con su quinta novela, Diario de un cazador. Su protagonista, Lorenzo –el alter ego literario que citábamos antes– lo será también de la siguiente novela, Diario de un emigrante, en la que volcó sus experiencias en Chile. Fruto de este viaje surgió el libro Un novelista descubre América (Chile en el ojo ajeno). De los distintos lugares que conoció a lo largo de su vida (Italia, Portugal, Alemania, Francia, Suecia, Países Bajos…) fue dejando huellas en sus libros de crónicas viajeras, como también dejó constancia de sus jornadas de caza y pesca.

Autor de 20 novelas, innumerables cuentos y otros tantos libros de ensayos, reflexiones y artículos sobre la caza, el fútbol, la creación literaria, el abandono de Castilla y León o la ecología, vio cómo sus escritos se fueron traduciendo a otras lenguas e incluso se adaptaban al cine, la televisión y el teatro (Cinco horas con Mario se estrenó con Lola Herrera con protagonista en 1979). Miguel Delibes recibió prestigiosos reconocimientos a lo largo de toda su trayectoria como –entre otros muchos– el Premio de la Crítica, concedido por la Asociación Española de Críticos Literarios por la novela Las ratas en 1962; el Príncipe de Asturias de las Letras en 1982 (compartido con Gonzalo Torrente Ballester); el Premio Nacional de las Letras Españolas en 1991; el Premio Cervantes en 1993, o el Premio Nacional de Narrativa en 1998, por El hereje. Delibes, que sabía que esta sería su última novela, la describió como la más compleja de sus obras y como “un canto a la tolerancia y a la libertad de las conciencias”. De nuevo, el escritor reflejado en su obra. Delibes murió el 12 de marzo de 2010; la fundación que lleva su nombre se encarga de cuidar y compartir su legado.

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