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Los grandes poemas de Gerardo Diego

Gerardo Diego, el poeta de la tradición y la vanguardia

08 de septiembre de 2019. Estandarte.com

Qué: selección de seis poemas de Gerardo Diego 

“Si escoger una antología o ramillete es una tarea siempre apasionada, parcial y errónea, como hija de la prefiguración y del capricho del día y de la hora, el peligro del desacierto se acrece cuando hay que arrancar las flores del propio jardín.” Así comienza Gerardo Diego (Santander, 1896-Madrid, 1987) la presentación de la Primera Antología de sus versos (Austral, 1942). Ante esa misma tarea se encuentra el lector cuando –en un más difícil todavía– se ve obligado a elegir entre este o aquel cuando lo que le gustaría es regalar todo lo escrito por este original y versátil poeta del 27, que fue Premio Nacional de Literatura en 1925, Premio Miguel de Cervantes en 1979, conferenciante y catedrático de Lengua y Literatura.

Gran conocedor de los recursos del lenguaje y el verso, con una inusitada variedad de temas y estilos, Gerardo Diego vivió siempre cautivado por lo antiguo y lo nuevo, la tradición y el futuro. Su amistad con el poeta y ensayista Juan Larrea (Bilbao, 1895-Córdoba, Argentina, 1980), al que debe mucho el surrealismo en España, le impulsó hacia las nuevas corrientes vanguardistas que cultivó con tanto éxito como las tradicionales –los poemas elegidos son una muestra–.

Así pasa de versos con resonancias de Bécquer, Machado o Juan Ramón Jiménez, a poemas creacionistas donde usa la rima de manera caprichosa o prescinde de ella, con abandono de la puntuación y predominio de la imagen sobre el sentido o vuelve a sonetos del más puro clasicismo.

 

Las tres hermanas

(El romancero de la novia)

 

ESTABAIS las tres hermanas,
las tres de todos los cuentos,
las tres en el mirador
tejiendo encajes y sueños.

Y yo pasé por la calle
y miré… Mis pasos secos
resonaron olvidados
en el vesperal silencio.

La mayor miró curiosa,
y la mediana riendo
me miró y te dijo algo…
Tú bordabas en silencio

como si no te importase,
como si te diese miedo.
Y después te levantaste
y me dijiste un secreto

en una larga mirada,
larga, larga… Los reflejos
en las vidrieras borrosas
desdibujaban tu esbelto

perfil. Era tu figura
la flor de un nimbo de ensueño.
… Tres erais, tres, las hermanas
como en los libros de cuentos.

 

Columpio

(Imagen)

 

A caballo en el quinto del mundo
un jugador jugaba al sí y al no

Las lluvias de colores
Emigraban al país de flores

Bandadas de flores
Flores de sí
Flores de no

Cuchillos en el aire
que le rasgan las carnes
forman un puente


No

Cabalga el soñador
Pájaros arlequines

cantan el sí
cantan el no

 

El ciprés de Silos

(Versos humanos)

 

ENHIESTO surtidor de sombra y sueño
que acongojas el cielo con su lanza.
Chorro que a las estrellas casi alcanza
devanado a sí mismo en loco empeño.

Mástil de soledad, prodigio isleño;
flecha de fe, saeta de esperanza.
Hoy llegó a ti, riberas de Arlanza,
peregrina al azar, mi alma sin dueño.

Cuando te vi, señero, dulce, firme,
qué ansiedades sentí de diluirme
y ascender como tú, vuelto en cristales,

como tú, negra torre de arduos filos,
ejemplo de delirios verticales,
mudo ciprés en el fervor de Silos.

 

Versos

(Evasión)

 

Versos, versos, más versos,
versos
para los hombres buenos, sublimes de ideales
y para los perversos;
versos
para los filisteos, torpes e irremisibles
y los poetas de los lagos tersos.
Versos
en los anversos
y en los reversos
de los papeles sueltos y dispersos.
Versos
para los infieles, para los apóstatas
para los conversos,
para los hombres justos
y para los inversos;
versos, versos, más versos,
poetas, siempre versos.
Ahoguemos con versos
a los positivistas
dejándolos sumersos
bajo la enorme ola de los versos,
en ella hundidos, náufragos, inmersos.
Versos
en el santo trabajo cotidiano
y en los momentos tránsfugas, transversos.
Versos tradicionales
y versos nuevos, raros, diversos.
Versos,
versos,
más versos,
versos,
versos,
Y versos,
siempre versos.

 

Nocturno

A Manuel Machado

(Manual de espumas)

 

ESTÁN todas

También las que se encienden en las noches de moda

Nace del cielo tanto humo
que ha oxidado mis ojos

Son sensibles al tacto las estrellas
No sé escribir a máquina sin ellas

Ellas lo saben todo
Graduar el mar febril
y refrescar mi sangre con su nieve infantil

La noche ha abierto el piano
y yo las digo adiós con la mano

 

Canción

(Hasta siempre)

 

De la sombra de otoño se fabrican palabras,
de las palabras nubes, nubes,
de las nubes mejillas,
de tus mejillas nace el sol los días pares,
la luna fría los impares,
¿lo sabías tú acaso?

Con el sol y la luna
se tocan los platillos
y mis árboles bailan.
Al baile acuden tus dos ojos,
tus ojos navegables a favor de la brisa.
De la brisa se obtienen
los más recónditos favores,
y el mundo, pues que existe,
pasará a ser ceniza,
¿lo sabías tú acaso?

Ceniza que en tus dedos busca el nido,
humo que de tus labios se enamora,
fuego que en tu costado se avecina,
mira en el cielo nubes, tus mejillas, las nuestras,
mis palabras de otoño que fabrican
las hojas,
las hojas de tus pies,
¿lo sabías tú acaso?

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