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Julio Cortázar cumple más de cien años

Te contamos diez curiosidades sobre su vida y obra.

26 de agosto de 2017. Estandarte

Qué: Julio Cortázar cumple más de cien años, y nosotros te descubrimos diez curiosidades sobre el autor de Rayuela.

Hoy se cumplen cien años del nacimiento de Julio Cortázar. El mítico escritor argentino nació en Ixelles (Bélgica), producto del turismo y la diplomacia, tal día como hoy, pero en 1914. Culmina así el redondo Año Cortázar, en el que se han conmemorado los treinta años de su muerte —sucedida en París el 12 de febrero de 1984— y, poco antes, los cincuenta años desde la publicación de Rayuela, editada en 1963. Desde Estandarte te invitamos a conocer —o recordar— diez curiosidades sobre la vida y obra de Julio Cortázar, mucho más que el autor de Rayuela.

1. Julio Cortázar no ganó el Nobel. Un vistazo a Wikipedia basta para comprobar que el palmarés de Cortázar se limita al Médicis Étranger en 1974, por Libro de Manuel, y el Premio Konex de Honor de manera póstuma. Al igual que Jorge Luis Borges, James Joyce, Vladímir Nabokov, León Tolstói, Paul Valéry o Virginia Woolf, por citar algunos ilustres sin reconocimiento nórdico, el autor de Historias de cronopios y de famas (1962), Todos los fuegos el fuego (1966) o 62 Modelo para armar (1968) no obtuvo un galardón que, en los años de producción más prestigiosa de Cortázar —desde la publicación de Rayuela, en 1963—, sí recayó en el israelí Shmuel Yosef Agnon (1966), el australiano Patrick White (1973) o los suecos Eyvind Johnson y Harry Martinson (1974). Por cierto: a Julio Cortázar tampoco se le concedió el Premio Cervantes —entregado desde 1976— ni el Príncipe de Asturias —desde 1981—.

2. Bestiario no es el primer libro que publicó Julio Cortázar. O sí, sí se trata del primer libro que publicó Julio Cortázar como Julio Cortázar, pero Julio Cortázar —respiren— dio a la imprenta un volumen inicial casi quince años antes: Presencia, un libro de poemas editado en 1938 bajo el seudónimo de Julio Denis. La importancia de la poesía en la obra de Julio Cortázar, más conocido como narrador y sobre todo como cuentista, es capital: por Presencia, por Los reyes —la primera obra que firma con su nombre, en 1949, un breve poema dramático—, por su empeño al reivindicarse como poeta gracias a sus colaboraciones con diversas revistas del género, por sus poemas en prosa en Un tal Lucas o Último round o por sus libros Pameos y meopas (1971) o Salvo el crepúsculo (1984).

3. Rayuela iba a titularse Mandala. Mandala significa, según el diccionario de la RAE, en el hinduismo y en el budismo, dibujo complejo, generalmente circular, que representa las fuerzas que regulan el universo y que sirve como apoyo de la meditación. Esa búsqueda de la armonía y de la esencia que representa este símbolo coincide con la que afronta Horacio Oliveira, el protagonista de Rayuela.
¿Por qué cambió de opinión Julio Cortázar? Mandala le sonaba pretencioso, así que se decidió por Rayuela, el juego infantil que traza como objetivo alcanzar el cielo, justo lo mismo a lo que aspira Horario Oliveira, salto a salto, igual que los lectores. En 1964 escribió en una carta a su amigo Manuel Antín, director de cine argentino: de golpe comprendí que no hay derecho a exigirle a los lectores que conozcan el esoterismo búdico o tibetano; pero no estaba arrepentido por el cambio.

4. La Maga existió. ¿Su nombre real? Edith Aron, a la que Julio Cortázar confesó que iba a escribir un libro mágico. La primera esposa de Cortázar, Aurora Bernárdez, recomienda a su pareja que contacte con su amiga Edith cuando llegue a París. En 1951, Cortázar se muda a Francia y comienza a trabajar en las tiendas Printemps, donde ya se empleaba Edith Aron. A partir de entonces, Aron y Cortázar estrechan su relación, antes de la irrupción en París de Bernárdez, en navidades de 1952. Aron publicó el libro 55 Rayuelas (Belacqua, 2007).
No se trata del único personaje real con ecos en la novela: el pintor Etienne, gran amigo de Oliveira, se correspondería con el artista argentino Sergio de Castro, al que Cortázar y Aron conocieron en París años antes de la escritura de Rayuela. Y Cortázar no cerraría el círculo, o el triángulo, pareciéndose a Oliveira, el protagonista, sino que se reservó un lugar más discreto: Morelli, el novelista admirado, c’est lui.

5. Fue un apasionado del jazz. El musicólogo José Luis Maire consideraba que la pasión de Cortázar por esta música acabó moldeando su creación literaria, hasta el extremo de que su escritura, libre e improvisada, puede considerarse como un reflejo de los elementos compositivos del jazz. Más allá de cuestiones formales, Charlie Parker se asomó como Johnny al relato El perseguidor, Cortázar retrató en La vuelta al piano de Thelonious Monk un concierto al que asistió, y resulta imposible olvidar el Club de la Serpiente de Rayuela, donde se cita a Parker, Monk, Louis Armstrong o Bessie Smith.

6. Otra de sus aficiones fue el boxeo. Como Ernest Hemingway, Norman Mailer o —por quedarnos cerca— Manuel Alcántara, Julio Cortázar formó parte del selecto club de escritores pendientes del cuadrilátero, al que incluso los dos primeros llegaron a saltar.
Dos de las cumbres de la literatura pugilística, por afinar en los subgéneros, se deben a Cortázar: una evoca el combate de 1923 entre el estadounidense Jack Dempsey y el argentino Luis Ángel Firpo, una tragedia nacional que Cortázar narró en La vuelta al mundo, y otra cuenta una pelea que Cortázar sí vivió en directo, entre Carlos Monzón y “Mantequilla” Nápoles, en París, y reflejada en el cuento La noche de Mantequilla.
Iba a ver boxeo al Luna Park, recordaba el escritor en una entrevista con Antonio Trilla, con un libro bajo el brazo, y era así. Era el joven esteta para el que el boxeo también era un espectáculo estético.

7. Se comprometió políticamente. En la década de los cuarenta, con apenas treinta años, participó en diversas manifestaciones contrarias al peronismo, presentando su renuncia como profesor en 1946, tras la victoria de Juan Domingo Perón en las elecciones residenciales. Una inquietud que estalló casi veinte años más tarde, en 1963, cuando Julio Cortázar viajó a Cuba para ejercer como jurado de un premio literario. Allí tuvo una revelación: la Revolución cubana me mostró de una manera cruel y que me dolió micho el gran vacío político que había en mí, mi inutilidad política... Los temas políticos se fueron metiendo en mi literatura, confesó en La fascinación de las palabras. Aurora Bernárdez le acompañaba y regresó con la sensación contraria, desencantada, en una percepción que desencadenó el fin de su matrimonio.
Sin embargo, Cortázar se mostró más tarde desilusionado con el rumbo de Cuba: si en 1967 mostraba su fascinación por el Che y Fidel Castro, en una carta al editor Paco Porrúa, cuatro años más tarde luchaba junto a Sartre o Vargas Llosa contra la persecución y arresto del escritor cubano Heberto Padilla por parte del gobierno cubano.
Cortázar donó los derechos de autor de varias de sus obras, así como el importe de premios como el Médicis Étranger, para ayudar a los presos políticos de varios países latinoamericanos, se desplazó a Chile para mostrar su apoyo al gobierno de Salvador Allende, apoyó la revolución sandinista en Nicaragua —viaje clandestino incluido— y renunció a la nacionalidad argentina, en favor de la francesa, ante la situación política de su país, en el que el régimen militar censuró el libro de relatos Alguien anda por ahí (1977).

8. La biblioteca de Julio Cortázar está en Madrid. Décadas de lecturas no se custodian en Buenos Aires ni en París: su viuda, Aurora Bernárdez, donó en 1993 a la Fundación Juan March todo el material que el autor de Rayuela conservaba en su casa parisina de la rue Martel, salvo un buen número de libros en español que fue donado a la Biblioteca Nacional de Nicaragua. En Madrid se guardan los libros que Cortázar atesoraba desde su juventud, y que viajaron con él desde Buenos Aires —aunque muchos se perdieron en un robo a su primera residencia francesa, en la Ciudad Universitaria—, pero también aquellos que encontraba en sus búsquedas por las librerías a orillas del Sena, o volúmenes regalados y firmados por Pablo Neruda u Octavio Paz.
Tal y como especifican desde la Fundación Juan March, un total de 2786 títulos en 26 lenguas diferentes, de los que 855 libros contienen la firma de Cortázar, 515 libros están dedicados por sus correspondientes autores y amigos, 48 ejemplares guardan marcadores y “traspapeles”, 397 contienen sus anotaciones, y 17 son singulares libros objeto

9. Amaba escribir cartas. En esta lista de curiosidades han aparecido, como fuente, numerosas misivas de Julio Cortázar a amigos de distintos países: mantuvo correspondencia de manera habitual con muchísimos de ellos, reflejada en más de mil cartas y cinco volúmenes reunidos por Aurora Bernárdez.

Bella y terrible es la correspondencia entre Cortázar y la poeta suicida argentina Alejandra Pizarnik, con la que él y su viuda mantuvieron una estrecha relación. En estas cartas, más que un amigo cordial o un maestro literario, Julio Cortázar adopta con Pizarnik una actitud paternal y protectora, quizá previendo la tragedia que vendría.
E igual de devastadora resulta la correspondencia a tres bandas entre Cortázar, Carol Dunlop —su segunda mujer— y Silvia Monrós-Stojakovic, su traductora al serbocroata, publicada por Alpha Decay y sobre la que planea el dolor por la enfermedad y muerte de Dunlop.

10. Julio Cortázar era alérgico al ajo. Una molestia que coincidía con su amor por las historias de vampiros...

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