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Entrevista exclusiva a Mario Miret Lucio, reflexiones sobre literatura y creatividad
Un diálogo profundo con el autor sobre su visión literaria, procesos creativos y perspectivas en el mundo de las letras.
10 de enero de 2026. Sara Reinero
Qué: Entrevista a Mario Miret Lucio
En el panorama de la poesía y la prosa poética contemporánea, la figura de Mario Miret Lucio se define a través de su producción literaria. Aunque discreto en cuanto a su biografía personal, compagina su labor creativa con la de profesor.
Su trayectoria editorial, centrada en la exploración de lo íntimo y lo vivencial, se compone hasta la fecha de dos títulos, Lo que aprendí del mar (Olelibros, 2021), poemario que marcó su debut, presentando una voz lírica centrada en las experiencias del sentimiento y la pérdida; y Te parecerás al padre (Valparaíso Ediciones, 2023), obra en la que Miret Lucio se adentra en la prosa poética. El libro aborda temas como el duelo tras la muerte del padre, el crecimiento personal y el descubrimiento del amor.
A través de estas dos publicaciones, Mario Miret Lucio construye un universo literario que transita desde el verso puro hacia una narrativa poética que queremos explorar a través de esta entrevista.
¿Cómo han sido tus inicios en el sector?
Escribo desde que era un niño, no mucho después de aprender a leer. Todo lo que ha venido desde entonces es consecuencia de la pasión. No creo que exista un inicio, es algo que ya estaba dentro de mí. Pero no es hasta 2021 cuando publico mi primer libro, Lo que aprendí del mar, y dos años después Te parecerás al padre. Y ahora sigo. Simplemente sigo porque no concibo mi vida sin escribir.
¿Me podrías explicar qué significa para ti el libro Lo que aprendí del Mar?
Desde adolescente, vivo con la constante reflexión sobre la belleza que hay en la tristeza. Como si viviera obsesionado por el foco de luz, por muy minúsculo que sea, que se deja ver entre la oscuridad. Fue a partir de la muerte de mi padre, cuando yo tenía dieciséis años, que encuentro que, en la absoluta tristeza que me partía por dentro, también existía un halo de nostálgica felicidad. A partir de entonces, la pena (que nunca ha dejado de acompañarme) ha convivido con destellos de absoluta alegría. De ahí nace Lo que aprendí del mar, de recoger el dolor e ir convirtiéndolo poco a poco en luz natural.
La historia de Martín y la Chica de los tirabuzones es la de un desamor que ha dejado el sabor agridulce de haber vivido una historia feliz y digna de ser contada, porque a pesar de que lo bonito haya terminado, existe el fabuloso recuerdo, y también la suerte, de haber amado mucho, haberlo hecho bien, y haberse sentido querido.
¿Compaginas con alguna otra profesión tu trabajo como escritor?
Me dedico tanto a la escritura como a la docencia. Ser profesor me permite tener contacto directo con gente de edades tan variadas que creo que ahí reside la mayor riqueza de esta profesión. Y sobre todo, la posibilidad de poder enseñar y aprender (incluso a partes iguales).
De hecho, muchas de las anécdotas que me ocurren en el aula o relacionadas con el centro en el que trabajo, intento llevarlas al mundo literario, porque creo que en los colegios, institutos o cualquier entidad educativa conviven infinitas emociones y generaciones, el resultado de las cuales no es otro que la vida misma.
Cuéntame qué es para ti la escritura.
La escritura es una forma de entender lo que me ocurre, lo que no me deja dormir, lo que siento hacia las personas. La forma en que canalizo mis pensamientos. La manera más eficiente para no morir de apelotonamiento emocional.
Referentes literarios.
En las estanterías del comedor de la casa de mis padres había una pila de libros inabarcable. Entre ellos descubrí la risa con Tom Sharpe, el erotismo con la editorial La sonrisa vertical, el realismo sucio de la generación beat. Luego encontré mi forma de entender la literatura con Paul Auster y ahí me quedé a vivir. Quizás sus libros no estén entre mis favoritos, pero guardo con mucho cariño cada una de sus novelas que he leído porque representan exactamente el tipo de historias que siempre he querido contar.
¿Qué género te atrae más como lector?
Siempre acabo rendido ante la novela costumbrista. Son esos relatos los que me hacen más partícipe de las escenas en las que se desarrolla la acción. La capacidad de viajar a cualquier lugar con tan solo las trazadas de un escritor que recorre la idiosincrasia de una sociedad cualquiera. Desde Fortunata y Jacinta, de Galdós, hasta la trilogía de New York, del mismo Paul Auster, aunque esta última no lo sea en el más estricto sentido del concepto.
¿Cómo compaginar el equilibrio entre la vida personal y artística?
Cuando empecé a tener conciencia sobre el universo artístico que habitaba dentro de mí, intenté gestionar ese equilibrio que mencionas. Pero tenía quince años y no tenía el control de mis emociones, ni mucho menos de mi creatividad. He vivido rodeado de un ambiente en el que escribir debía ser una afición más, no el centro de nada. Me he llegado a odiar por tener la necesidad imperiosa de escribir, por sentir las cosas como si siempre fuera necesario crear arte de esos mismos sentimientos. He soñado con ser más mundano y menos emocional.
Han sido tiempos muy complicados hasta que he llegado a la conclusión de que prefiero no compaginar nada. Mi vida personal está tan ligada a la artística que no quiero separarlas. Mi vida personal es artística; y la artística, personal. Y desde que lo he aceptado, soy más feliz.
¿Y cuál es el objetivo de la vida sino el de ser cada día un poco más feliz que el anterior?
Cuéntame tu experiencia como escritor, tanto lo bueno como lo malo.
Ser escritor es vivir en constante contradicción. Lo bueno y lo malo van de la mano. Lo bueno es esa sensación de estar haciendo exactamente lo que debo, de convertir una emoción o una vivencia en algo que trasciende y que, con suerte, puede acompañar a alguien más. Escribir me ha dado identidad y propósito.
Pero también está el otro lado: la soledad, la autoexigencia, la duda constante de si lo que uno escribe tiene realmente sentido o valor. Hay días en los que escribir activa la memoria y vuelven vivencias que preferías mantener olvidadas.
Aun así, siempre vuelvo.
Porque cuando una persona siente que solo entiende el mundo a través de la escritura, deja de ser una elección. Es una forma de ser. Y es la mía.
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