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Carmen Conde, la voz que abrió las puertas de la Real Academia Española
Biografía de la poeta de Cartagena que rompió doscientos sesenta y seis años de silencio femenino en las letras españolas.
04 de agosto de 2026. Berta Nacimiento Arteaga
Qué: Biografía de la poeta Carmen Conde.
Carmen Conde Abellán (Cartagena, 1907 – Majadahonda, 1996) escribió más de un centenar de libros entre poesía, narrativa, teatro y literatura infantil. Perteneció por edad y por amistades a la Generación del 27, aunque su nombre quedó durante décadas en un segundo plano frente al de sus compañeros varones.
En 1978 fue elegida académica de número de la Real Academia Española, la primera mujer en toda la historia de la institución, fundada en 1713. Su trayectoria conecta la vanguardia poética de los años veinte, el desgarro de la Guerra Civil y una vejez dedicada a reivindicar el lugar de las escritoras en la literatura española.
Infancia y primeros años
Nació el 15 de agosto de 1907 en Cartagena. La quiebra del negocio familiar obligó a los suyos a trasladarse a la ciudad española de Melilla en 1914, donde la niña vivió hasta 1920; aquellos años norteafricanos quedarían recogidos después en su libro de memorias Empezando la vida. De vuelta en Cartagena, con apenas diecisiete años, publicó su primer texto en un periódico local, en abril de 1924.
El Ayuntamiento costeó su matrícula para el Bachillerato y más tarde cursó Magisterio en la Escuela Normal de Murcia, compaginando los estudios con un empleo de calcadora de planos en el Arsenal y con sus primeras colaboraciones en prensa. En 1927 conoció a Antonio Oliver Belmás, joven poeta vinculado a la Generación del 27, con quien se casaría en 1931. Juntos fundaron ese mismo año la primera Universidad Popular de Cartagena, un proyecto de extensión cultural que llevó conferencias, cine y biblioteca a un público que normalmente no tenía acceso a ellos, y por el que pasaron figuras como Miguel Hernández, Ramón Sijé o María de Maeztu.
Evolución como escritora
Su primer libro, Brocal, apareció en 1929 y mostró ya una voz propia dentro del poema en prosa. Los años treinta trajeron el reconocimiento de escritores consagrados y el nacimiento de una hija que murió al nacer, una pérdida que reaparecerá de forma recurrente en su obra posterior. La Guerra Civil transformó radicalmente su escritura: mientras Oliver se incorporaba al ejército republicano, Conde estudiaba Filosofía y Letras en Valencia y colaboraba con la radio y la prensa del bando republicano. De esos años nace una poesía más descarnada, marcada por el dolor ajeno, que cristaliza en Sostenido ensueño y en Mientras los hombres mueren.
Acabada la contienda, Oliver quedó recluido en Murcia y Conde tuvo que ocultarse en Madrid para escapar de la represión franquista; los años cuarenta, pese a esa vigilancia, resultaron enormemente productivos, y llegó a publicar bajo distintos seudónimos, entre ellos Florentina del Mar. Trabajó para la editorial Alhambra y colaboró con el CSIC, mientras seguía construyendo una obra cada vez más reconocida.
Influencias en su obra
Conde mantuvo amistad y correspondencia con algunas de las figuras centrales de la poesía en español de su tiempo: Juan Ramón Jiménez, a quien admiraba especialmente, Miguel Hernández, amigo íntimo del matrimonio desde los años de la Universidad Popular, y Gabriela Mistral, quien prologó su libro Júbilos en 1934.
También trató a Azorín, Gabriel Miró, Dámaso Alonso y Vicente Aleixandre, cuya obra, como la de tantos poetas del 27, dialogó con la suya en temas y en forma. Fundó además, tras la guerra, el Archivo Rubén Darío en la Universidad de Madrid junto a su marido, especialista en el poeta nicaragüense, lo que la mantuvo cerca del legado modernista. A todo ello se sumó una relación sentimental con la escritora Amanda Junquera, mantenida en secreto durante décadas y que dejó huella en algunos de sus poemas más personales, documentada por el biógrafo José Luis Ferris.
Principales obras de Carmen Conde
Brocal (1929)
Su primer libro, escrito en forma de poemas en prosa, muestra ya los rasgos que definirán su estilo: una mirada sensorial sobre el paisaje mediterráneo, el agua, el viento y la luz de Cartagena, y una prosa rítmica que se mueve entre la contemplación y la emoción contenida. Marca su entrada oficial en el panorama literario español, en un momento en que apenas contaba veintidós años, y anuncia una voz que no se conforma con los moldes habituales asignados entonces a la poesía escrita por mujeres. La crítica de la época destacó su frescura formal y la novedad de su lenguaje, y el libro le abrió las puertas de la prensa y las revistas literarias nacionales.
Júbilos (1934)
Poemario dedicado a la infancia, escrito durante su embarazo y publicado con prólogo de Gabriela Mistral e ilustraciones de la artista argentina Norah Borges. Reúne poemas de niños, rosas, animales y vientos, y mantiene un tono festivo y luminoso que lo distingue de gran parte de su producción posterior, marcada por la guerra. El respaldo de Mistral, ya entonces una de las voces más respetadas de la poesía en español, situó a Conde en el panorama literario hispanoamericano y confirmó su capacidad para tratar el mundo infantil sin caer en la sensiblería, con una mirada a la vez tierna y precisa sobre la experiencia de crecer.
Mientras los hombres mueren (1938-1953)
Escrito entre 1938 y 1939, en plena Guerra Civil, mientras su marido combatía en el bando republicano, no pudo publicarse en España por la censura franquista y tuvo que esperar hasta 1953 para ver la luz, en una edición impresa en Milán. Está considerado uno de los conjuntos de poesía de guerra más relevantes escritos por un autor español de su generación. Da testimonio, desde una perspectiva de mujer, del dolor ante la muerte colectiva, la pérdida de los hijos ajenos y el horror cotidiano del conflicto, con un tono desnudo que se aparta del tono intimista de sus primeros libros y anticipa el compromiso social de su obra madura.
Mujer
sin Edén (1947)
Reescritura del mito bíblico de la creación desde el punto de vista femenino, en la que la figura de Eva reclama su lugar frente al relato heredado y cuestiona la culpa que la tradición le atribuye. Publicado en plena posguerra, es una de sus obras más estudiadas por la crítica especializada en literatura y género, por la manera en que combina un lenguaje de raíz bíblica con una revisión personal del papel asignado a la mujer. El libro confirma el interés de Conde por releer los grandes relatos culturales desde una mirada propia, alejada de la que había recibido en su formación religiosa y literaria.
Obra poética (1967)
Recopilación que reúne buena parte de su producción hasta la fecha, desde los poemas en prosa de Brocal hasta los libros escritos durante y después de la guerra, y por la que recibió el Premio Nacional de Poesía ese mismo año. El galardón supuso el primer gran reconocimiento oficial de su carrera, después de casi cuarenta años de trabajo constante y de una posguerra marcada por la censura y las dificultades para publicar. Para buena parte de la crítica, este volumen sirvió también para revisar en conjunto una trayectoria hasta entonces conocida sobre todo por libros sueltos, y ayudó a situarla entre los grandes nombres de su generación.
Antología poética completa (1986).
Edición que reúne el conjunto de su poesía a lo largo de casi seis décadas, desde Brocal hasta los poemas escritos en la última etapa de su vida, cuando ya habían aparecido los primeros síntomas de la enfermedad que acabaría por apartarla de la escritura. Permite apreciar con claridad la evolución de su voz: del intimismo inicial de los años veinte al desgarro de la guerra, y de ahí a una madurez poética marcada por la reflexión sobre el tiempo, la memoria y la muerte. Sirvió como una suerte de culminación pública de una carrera ya consagrada por el Premio Nacional de Poesía y por su ingreso en la Real Academia Española.
Principales reconocimientos
En 1953 obtuvo el Premio Internacional de Poesía Simón Bolívar. En 1967 recibió el Premio Nacional de Poesía por Obra poética. En 1978 fue elegida académica de número de la Real Academia Española, ocupando el sillón K, dejado vacante por Miguel Mihura; ingresó formalmente el 28 de enero de 1979 con el discurso Poesía ante el tiempo y la inmortalidad, contestado por Guillermo Díaz-Plaja. Ese mismo año recibió también el Premio Benito Pérez Galdós de Periodismo. En 1980 le fue concedido el Premio Ateneo de Sevilla por Soy la madre, y en 1987, el Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil por Canciones de nana y desvelo. Fue nombrada Hija Predilecta de Cartagena y de la provincia de Murcia.
Últimos años y muerte
En 1982 comenzaron a manifestarse los primeros síntomas de la enfermedad de Alzheimer, aunque durante algún tiempo siguió concediendo entrevistas y participando en actos públicos. Antonio Oliver había muerto en 1968 y Amanda Junquera falleció en 1987, el mismo año en que Conde recibió el Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil.
Entre 1992 y 1996 vivió en una residencia de Majadahonda, donde murió el 8 de enero de 1996, a los ochenta y ocho años. Tres años antes había dejado en testamento la colección completa de su obra y la de su marido al Ayuntamiento de Cartagena, gesto que dio origen al actual Patronato Carmen Conde-Antonio Oliver.
Importancia de su obra y legado
Carmen Conde ocupa un lugar propio en la literatura española del siglo XX: perteneció a la generación de 1927 sin que se le reconociera durante mucho tiempo ese sitio, y abrió con su ingreso en la Real Academia Española una puerta que hasta entonces había permanecido cerrada para las mujeres.
Su obra combina el poema en prosa de raíz modernista con un compromiso social nacido de la experiencia de la guerra y de la censura, y su reivindicación constante de la voz femenina en la literatura la sitúa como referente para generaciones posteriores de escritoras.
Desde 1984, la editorial Torremozas (Premio Estandarte a la mejor labor editorial 2022) convoca en su honor el Premio Carmen Conde de Poesía, dedicado en exclusiva a autoras. Investigaciones recientes, como la biografía de José Luis Ferris, han recuperado además la dimensión más personal de su vida, ampliando la comprensión de una obra que combina lo íntimo y lo colectivo.
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