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Emilia Pardo Bazán, escribir al natural

La biografía de una mujer valiente que se adelantó a su época.

15 de septiembre de 2018. Estandarte.com

Qué: Vida y obras de Emilia Pardo Bazán 

Emilia Pardo BazánEmilia Pardo Bazán llevó a rajatabla los consejos de su padre, el muy noble conde José María Pardo Bazán y Mosquera, quien le repetía desde pequeña: “Si te dicen que no puedes hacer algo por ser mujer, es mentira. Porque no puede haber dos morales para dos sexos". Además de aconsejarle, el conde hizo lo mejor que un padre (o una madre) puede hacer por sus hijos: junto con su esposa, Amalia María de la Rúa, le ofrecieron a Emilia las mejores posibilidades en cuanto a educación se refiere y pusieron a su disposición una gran biblioteca.

Emilia Pardo Bazán se formó con tutores privados en La Coruña y, a temporadas, en un colegio francés en Madrid. Sabía de filosofía, conocía las obras clásicas de la literatura y el pensamiento, se interesaba por los idiomas… Los viajes los dejó para un poco después, una vez se casó, muy joven, con el aún estudiante de Derecho José Quiroga y Pérez Deza. De las impresiones de sus viajes surgieron sus primeras colaboraciones periodísticas, publicadas por El Imparcial.

1876 es un año importante en su vida: nace su primer hijo, Jaime, al que le dedica su primer libro de poemas. La novela debería esperar algo más, hasta 1879 cuando aparece Pascual López, autobiografía de un estudiante de medicina. Su razonable éxito le animó a seguir escribiendo y dos años después aparece Un viaje de novios. En ella se cuenta, en modo realista con elementos sacados de las novelas de tesis, el desastre de un matrimonio de conveniencia entre una jovencita y un hombre maduro. Estaban por llegar los libros decisivos para su vida tanto desde un punto de vista literario como personal.

En 1883 aparece La cuestión palpitante, una recopilación de artículos dedicados al estudio de Émile Zola y el naturalismo. Siempre desbordante, Pardo Bazán no se limita a comentar,  sino que puntualiza y critica incluso los postulados de la corriente en su vertiente francesa y la compara con el realismo y el naturalismo en España. El ensayo es bien acogido en Francia, incluso por el protagonista, Zola quien dirá: “es un libro muy bien hecho, de fogosa polémica: no parece libro de señora (…) Tiene capítulos de gran interés y, en general, es excelente guía, para cuantos viajen por las regiones del naturalismo”.

En España, La cuestión palpitante se toma como una defensa de la siempre  libertina y medio pornográfica novela francesa y, en vista de que la autora es una señora, el revuelo es aún mayor. Pardo Bazán, a lo suyo, acaba de terminar La Tribuna, una obra que hace una incursión en el proletariado: la protagonista es una trabajadora de una fábrica de tabacos que encabeza las reivindicaciones obreras y se convierte en líder de las cigarreras hasta que un señorito, un oficial del ejército, frustrará sus ambiciones. En las palabras que cierran el prólogo a esta obra, Pardo Bazán se dirige directamente al lector: “Ojalá te merezca este libro la misma acogida que Un viaje de novios. Tu aplauso me sostendrá en la difícil vía de la observación, donde no todo son flores para un alma compasiva”.

Más que flores, disgustos le iban a llover a Emilia Pardo Bazán después de aquellas dos obras. El más doloroso, en forma de disyuntiva: la que le creó su marido que le dio a elegir entre la escritura y su matrimonio.  Pardo Bazán eligió lo primero. Con la escritura elegía también la libertad, la independencia, la dificultad y la lucha y elegía también a Galdós, con quien mantenía una relación primero epistolar que luego devendría en sonado romance.  

Tras aparecer en 1885 La dama joven, una obra en la que habla de crisis matrimoniales, llega su libro cumbre y cumbre también del naturalismo español: Los pazos de Ulloa, seguido de La madre naturaleza. En el contexto cerrado y asfixiante de los pazos se narra la decadencia y degradación de la oligarquía terrateniente que ha perdido su papel sin enterarse y que intenta patéticamente mantener sus privilegios. A partir de entonces, su obra da un giro hacia cierto espiritualismo que se manifestará en obras como Una cristiana, La piedra angular, La sirena negra oCuentos sacro-profanos escritos ya en la primera década del siglo XX. Vitalmente, Pardo Bazán se vuelca en la vida pública, académica y periodística. En esta última tuvo especial importancia su revista Nuevo teatro crítico, dedicada al pensamiento social y político y totalmente escrita y financiada por ella. Como “premio” a una vida dedicada a las letras a contracorriente llegan propuestas para que entre a formar parte de la Real Academia Española: será rechazada tres veces, en 1889, en 1892 y en 1912 con argumentos o comentarios misóginos. «¿Para qué quiere doña Emilia ser académica? […] ¿Cómo quiere que sus verdaderos amigos le alaben esa manía? Más vale que fume. ¡Ser académica! ¿Para qué? ¡Es como si se empeñase en ser guardia civil o de la policía secreta!», escribía Clarín, en uno de los Paliques que firmaba en la revista Madrid Cómico. 

Inasequible al desaliento y a las críticas, nada hizo quebrar su frenética labor literaria ni su defensa de los derechos de las mujeres. Por suerte otras instituciones fueron menos resistentes que la Academia a la entrada de estas en sus instituciones. Pardo Bazán fue la primera presidenta de la sección de literatura del Ateneo de Madrid, mientras que la Universidad Central de Madrid la hizo catedrática de Literatura de Lenguas Neolatinas. Con gran éxito, por cierto: era una profesora solvente, directa y divertida lo que hacía que sus clases fueran de las más concurridas, llegando a tener matriculados más de 800 alumnos. 

Aún en vida, tuvo la satisfacción de ver cómo se acometía la publicación de sus extensas Obras completas, aunque, obviamente, las más completas llegarían después de su muerte –en mayo de 1921– pues nunca dejó la que había sido la verdadera pasión de su vida: escribir. Como curiosidad, en 2012 Analectas publicó la versión íntegra de la que se considera su primera novela, escrita con 13 años de edad, y con un título que podría servir para el de la vida de Pardo Bazán: Aficiones peligrosas.

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Emilia Pardo Bazán, retratada por Joaquín Vaamonde (1896); en el Museo de Belas Artes, A Coruña.

 

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