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El sustituto
Todo lo que siento en estas horas demoledoras es reflejo de lo que ha sido mi vida.
El entorno en el que me veo envuelto me lo dice.
Siempre tuve la certeza de no estar haciendo lo debido, de no ser como el resto de las personas, de no regirme por las mismas normas. Pero nadie me lo dijo.
Tengo la impresión de que podía haber tenido alguna oportunidad, aunque sólo hubiera sido una. Ahora lo veo imposible. Ya no sé cómo hacerlo. Tampoco me dejan.
Quisiera no sentir el odio que siento por algunas personas y que sentí por otras. Quisiera quererles como quise a mi madre hasta aquel fatídico día. Aquel día en que todo se me tornó gris y mi vida se desplomó en un abismo sin fondo, del que ahora, con ayuda, parece que voy a salir.
Las personas que me conocen saben que, en el fondo, soy como ellos, aunque no quieran reconocerlo. Los mismos gustos, las mismas ilusiones, la misma vida... Aunque yo no haya sabido vivir la mía. Al final todos somos parte de esta sociedad inventada que nos hacen creer que es la mejor y que compartimos, nos guste o no. Y ahora me doy cuenta de que todos tenemos cabida en ella, de que nadie sobra... Ni siquiera yo.
Ahora tengo más ilusiones, más proyectos que emprender, más ganas de vivir que nunca. ¿Y por qué ha de ser de otra manera?. Eso no depende ya de mí. Depende de los demás. De todos.
Mientras escribo estas líneas, reivindicativas, exigentes en cierto modo, creo que todo lo que hice me ha servido de mucho. Me ha ayudado a aprender, a ver las cosas de un modo más humano. Seguramente más humano de como lo ven muchas de las personas que ahora presumen ser mejores que yo, de saber vivir mejor, de saber compartir mejor. Pues ahora quiero vivir mejor, quiero ser mejor, quiero compartir y hacer muchas cosas que jamás me han dejado, ni he tenido oportunidad de hacer.
Me cuesta trabajo expresar la tristeza que siento, al saber que muchos de los que decían ser mis amigos ahora se apartan de mí. Niegan conocerme. Igual que Pedro negó conocer a Cristo tres veces consecutivas. ¿Se avergüenzan de mí? ¿Por qué? Ellos tienen más cosas de las que avergonzarse que yo. Seguramente hay cosas que no sepamos que han hecho, totalmente deplorables y, sin embargo, ellos son mejores porque así lo creen. Sí, sólo por eso. Es fácil juzgar a los que nos rodean por un simple hecho. Pero jamás nos paramos a juzgar los nuestros. Yo, sin embargo, ya lo hice; y no encuentro culpa alguna en mis actos. Tuvo que ser así y así fue.
Recuerdo mi infancia vagamente, con lagunas que hacen que me esfuerce sobremanera. Mi mente trabaja a destajo intentando traerme aquellos recuerdos apagados que debieron ser felices. Pero no puedo asegurarlo porque no los veo. Sólo sé que amaba a mi madre, aunque ese amor no estuviera del todo correspondido. Supongo que son imaginaciones mías, fruto de esta memoria que se ha vuelto vaga y desleal. Supongo que mi madre me quería también, como cualquier madre a su hijo; aunque su amor estuviera por debajo del mío. Y en eso creo. No le pido más a mi memoria, me conformo con eso.
También quería a mi hermana, cuyo último recuerdo que tengo de ella es aquella pequeña cicatriz que se hizo en la rodilla y que yo, con tanto esmero, le lavaba y curaba todos los días. Y a mi padre. También quería a mi padre, aunque él nunca me quiso de verdad. Lo quería a pesar de todo, de eso también estoy seguro.
¿Y mi adolescencia? ¿En qué rincón de esta mente trastornada está almacenada mi adolescencia?. Aquella primera y única novia que tuve de la que sólo recuerdo su rostro, sus ojos verdes, su sonrisa. Eso sí lo recuerdo. Pero no puedo recordar si fui feliz con ella, ni muchas de las cosas que hicimos juntos. Maldigo esta maldita memoria mía por no permitirme rememorar aquellos tiempos. Quiero recordar y no puedo. Quiero que por mi cabeza pase toda mi vida y así tener a lo que aferrarme.
Y ahora, ¿en qué me he convertido? ¿Qué clase de monstruo han creado sin mi consentimiento? Porque eso es lo que piensan de mi. Aunque no todos, estoy seguro. Quiero pensar que, al menos, hay una persona que sigue viéndome como soy realmente, queriéndome e intentando protegerme desde allá arriba, donde quiera que esté. Quiero y deseo pensarlo. No quiero estar solo en estos momentos. Sólo me queda ella.
¡Qué corto se me ha hecho esto!
El tiempo vuela, no hay duda. Pero para mí, ese tiempo ha sido ficticio, engañoso.
Quisiera comenzar de nuevo, yo solo si es preciso, sin la ayuda de nadie. Pero comenzar. Muchos de los errores que cometí, no volvería a repetirlos. Aunque no me arrepiento de algunas de las cosas que hice. Probablemente volvería a hacerlas sin pensarlo.
¡Comenzar! ¡Qué palabra más sugerente! ¡Qué palabra más terrible, viéndola desde este punto de vista en el que me encuentro!
¿Por qué todo tiene que ser así? ¿Por qué tenemos que vivir esta mierda de vida que nos hemos inventado? ¿Por qué no puede ser todo más fácil?.
Ahora voy escribiendo esto. No lo hago con el afán de que alguien lo lea y sienta pena. Simplemente me hace sentir mejor, hace que vea mi situación de otra forma.
A veces tengo que tachar algo que no se entiende, debido al traqueteo del furgón. Es difícil escribir aquí dentro. Los demás me miran con cara de asombro, como a un bicho raro, preguntándose si no seré consciente de dónde voy.
Por supuesto que lo soy.
No tengo ninguna duda. Lo sé desde hace tiempo y me ha costado mucho aceptarlo. Muchas noches en vela, pensando... Pero siempre queda una última esperanza. La misma que ahora me invade.
Porque tengo muchas cosas que hacer ahí fuera.
Estoy muy agradecido al policía que va a mi lado por haberme dejado estas hojas y el lápiz con el que escribo. Ha sido un detalle bonito, que siempre recordaré.
¡Porque sé que voy a recordar!
Sé que aquí no acaba todo. Todo está por llegar. Todo está por empezar. La vida hemos de cambiarla entre todos, todos somos necesarios.
También era necesario mi padre. Lo que pasa es que yo lo maté, cuando incendió nuestra casa con mi madre y mi hermana dentro.
Y no es que esté arrepentido por ello, pero todo hubiera podido ser diferente. Hubiera muerto de todas formas, aunque yo no lo hubiera matado. Habría sido ejecutado en esa maldita silla, con una fuerte descarga eléctrica.
Y ahora, sin embargo, soy yo quién va a ocupar su sitio. Soy yo quien se dirige a esa muerte desagradable, a recibir esa descarga de no sé cuántos voltios. A morir como un asesino despiadado y cruel.
Yo voy a sustituirle. Y todo por su culpa.
Yo, su hijo, que actué lleno de dolor que se convirtió en un odio atroz hacia su persona. Odio que me hizo volver loco y coger aquel olvidado hacha, con el que le destrocé la cabeza...
No pude evitarlo. Tenía que hacerlo.
Siento en mi interior un desahogo, una tranquilidad eterna y una tristeza infinita, que me hace querer vivir más que nunca.
Ahora sólo espero que esa esperanza fiel, que no me ha abandonado durante estos dos años, no se canse de mí en este último momento, que tanta falta me hace.
Espero que me permitan comenzar de nuevo, con una postrera llamada telefónica que haga que esa maldita silla, imperturbable, quede solitaria e inactiva.
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